Adiós a Gabriel García Márquez

El escritor colombiano ocupa un lugar de privilegio en el firmamento estético universal.

Gabriel García Márquez junto con Fidel Castro. Foto: Gentileza.

Gabriel García Márquez junto con Fidel Castro. Foto: Facebook.

Cuando calla la voz de un escritor entrañable ―la voz de un hombre entero―, se produce un vacío similar a la desaparición cósmica de una estrella. Sin embargo, esa voz ha de perdurar en la conciencia humana por muchos años luz y ha de germinar en la vida profunda de los hombres humanos en la búsqueda de la verdad, la belleza y la felicidad solidarias.

Calló la voz de García Márquez, pero seguirá resplandeciendo su escritura de orfebre y mago del lenguaje, una obra literaria impar que convocó al mito y la magia de nuestros pueblos, a la desbordante imaginación popular de nuestra América mestiza.

Cómo no recordar también la nobleza y valor de su juicio literario, en los antípodas de cualquier narcisismo irresponsable: cuando leyó la novela Yo el Supremo, de Roa Bastos ―una invención literaria descomunal como Cien años de soledad―, le hizo llegar al escritor paraguayo, su amigo, un generoso y expresivo reconocimiento: Tú el Supremo.

No es casual que ambos hayan sido fervientes defensores de la Revolución Cubana. Gabo conoció de cerca a Fidel, a quien retrató en un texto memorable; Roa escribió una lúcida defensa de esa revolución real y maravillosa, y cuando por fin pudo abrazar a Fidel, solo atinó a confiarle: “por la revolución cubana doy mi vida”.

García Márquez y Roa Bastos, escritores comprometidos con los valores humanos radicales, son ahora, en el firmamento estético universal, faros de la creación y de la dignidad de la escritura artística.

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