El arte «verdadero» en la Misiones jesuíticas

La imágenes de las Misiones jesuíticas son arte, pese a los cánones eurocéntricos. Por Blas Brítez.

Fuente: edición número 311 de la Revista Acción de febrero 2011

“Todo arte es completamente inútil”, sentenció a fines del siglo XIX ese genio epigramático que fue Oscar Wilde, en el célebre prólogo a El retrato de Dorian Grey. Seguía Wilde un postulado del romanticismo inglés, que a su vez había sido tomado del romanticismo alemán, que en última instancia había sido enunciado por un filósofo que no conoció las islas británicas y, de hecho, nunca salió más allá de su ciudad natal (Könisberg, Alemania): Immanuel Kant.

Arte jesuítico, Paraguay, eurocentrismo

Imágenes del templo de San Rafael. Fuente: www.misiones-jesuiticas.wikispaces.com

En la primera parte de su libro Crítica del juicio (1790) Kant se dedica a desarrollar una introducción a la estética. Allí dice que el objeto –en el caso del arte– provoca en sí mismo, sin influencia externa, el juicio estético. El arte es autónomo de cualquier otro concepto o juicio, no necesita más intermediario que la emoción del sujeto entre éste y el objeto. Y además, aquí viene algo fundamental, el objeto (y el juicio) es deliberadamente desinteresado en su existencia. Lo que, finalmente, nos lleva a la frase de Wilde: el arte verdadero, aquel que no muestra interés en nada más que satisfacer su propia y libre necesidad de emanar belleza (y, por ende, provocar placer), es completamente inútil en cuanto otra cosa que no sea arte. De lo contrario, no es arte. Por ello, una silla no puede ser arte, porque su función principal es que alguien se siente sobre ella, no provocar placer.

Esta idea, en el campo de la historia del arte occidental, dominó hasta bien entrado el siglo XX. Y fue esta idea la que no ha permitido que la producción simbólica de pueblos enteros –también occidentales, como el guaraní– sea considerada arte sino, en el mejor de los casos, artesanía. Su cestería, por ejemplo, y contrariamente a lo que pedía Wilde, sirve para algo. Es esa falla la que viene, en cuanto a las imágenes de las Misiones Jesuíticas, a enderezar conceptual y científicamente el libro del historiador del arte esloveno-argentino Darko Sustersic, titulado

Imágenes Guaraní-Jesuíticas (CAV/Museo del Barro-Servilibro, 2010).

Sustersic conoció las imágenes de las iglesias y los museos jesuíticos paraguayos en 1980. Quedó sorprendido por su belleza y su nivel de conservación. Como historiador del arte, le interesaba saber qué había sucedido para que esas figuras llegaran hasta aquí, hasta nuestro tiempo, luego de avatares indecibles. Pero no solo eso. Quería indagar en la misma trama interna de ese fenómeno: quiénes habían hecho las figuras, dónde, cuándo, por qué, cuáles habían sido las motivaciones, las influencias. Y por sobre todo demostrar que, contrariamente a cierta estética kantiana etnocéntrica, lo que en las Misiones los indígenas hicieron sí era arte, con todas las letras.

Sustersic aporta detalladamente las particularidades de los diferentes estilos misioneros del siglo XVIII. Pone en evidencia la mentira de que los indígenas solo eran capaces de ser “grandes imitadores”: sobre todo hasta la llegada del barroco –por medio de un personaje que desde ya se me antoja novelesco, José Brasanelli–, hay en el arte misionero una visible independencia estilística, y aún luego se lograría una síntesis en la producción, que incluiría dicha orientación primigenia y la influencia del barroco. Hasta llegar, según Sustersic, al arte total: la arquitectura, la escultura y la pintura, todas juntas en los templos.

El libro incluye la reproducción de casi 300 ilustraciones, muchas de las cuales datan de la década de 1980, en fotografías hechas por el mismo Sustersic. En algunos casos, las fotografías valiosas: documentan el estado en que se encontraban las imágenes antes de las “restauraciones” a que fueron sometidas, dañando sobre todo su pigmentación. La restauradora encargada –cuyo nombre desconozco– pintó de blanco las figuras, como una especie de nuevo afán etnocéntrico, cuando no racista: no soportaba el color oscuro original de la piel de los santos. El proceso de las restauraciones, realizado a principios de esta década que pasó, se paró por acción del mismo Sustersic, con la ayuda de monseñor Mario Melanio Medina, Obispo de Misiones. Imágenes Guaraní-Jesuíticas cumple con su desafío marcado: apuntala, con fuerte apoyo científico, la consideración de arte de las manifestaciones de la cultura guaraní, en parte invadida en su ser original por lenguajes y cosmovisiones extraños, en parte resignificada y renacida con expresiones que no reproducen la dicotomía entre Amo y Esclavo o, es más, a veces trastocan pérfidamente los roles. Kant, esté donde esté, puede mirar sin pudor alguno las imágenes misioneras, obviar si quiere su funcionalidad litúrgica, y sentir placer.

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