El «Ángel de la muerte» fue verdugo de la paraguaya Esther Ballestrino

Grupo de tareas de la ESMA durante la dictadura argentina recibió cadena perpetua.

Ballestrino fue una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo. Varios paraguayos pasaron por la ESMA.

Esther Ballestrino.

Esther Ballestrino.

Varios de los responsables del secuestro, tortura y muerte de la uruguaya-paraguaya Esther Ballestrino de Careaga durante la dictadura argentina,  recibieron ayer condena a cadena perpetua, otros cuatro, penas de 18 y 25 años de cárcel y dos fueron absueltos, pero no liberados, por ser requeridos en otras causas.

Después de casi dos años de proceso por la muerte de 86 personas en el centro de represión y tortura de la Escuela de Suboficiales de Mecánica de la Armada (ESMA), 18 represores recibieron ayer sentencia de parte de un tribunal en Argentina.  Doce irán tras la rejas durante el resto de sus días.

Entre los que recibieron la mayor pena, se encuentra el ex capitán de fragata Alfredo Astiz, más conocido como “El Ángel de la Muerte”, por el lindo rostro bajo el cual escondía su condición de feroz represor.  Su trabajo consistió en infiltrarse en los grupos de familiares de desaparecidos y de derechos humanos.

Secuestro, desaparición e identificación

Eso facilitó que entre el 8 y 10 de diciembre de 1977, marinos secuestraran de la bonaerense Iglesia de Santa Cruz a nueve referentes de derechos humanos, entre ellas tres de las fundadoras de Madres Plaza de Mayo, Azucena Villaflor Devicenti, Esther Ballestrino de Careaga y María Ponce de Bianco. También las monjas francesas  Alice Domon y Léonie Duquet.

Todas estas personas fueron víctimas de tortura en los días posteriores al secuestro y luego  asesinadas al ser arrojadas vivas al mar desde aviones, lo que se llaman “vuelos de la muerte”. Hacia el 20 de diciembre del mismo año, sus cuerpos fueron encontrados en las playas de la Provincia de Buenos Aires a la altura de los balnearios Santa Teresita, Las Toninas y Mar del Tuyú. De ahí fueron enterrados en tumbas NN en el cementerio de la ciudad de General Lavalle.

Desde 1984 un equipo de antropología forense empezó varias búsquedas, en julio de 2005 hallaron los restos de Esther Ballestrino y las demás personas secuestradas con ella. En ese mismo mes y año, fue enterrada en la iglesia de Santa Cruz, junto con las dos monjas y María Ponce de Bianco.

Más paraguayos en la ESMA

El investigador de la Dirección Verdad y Justicia de Paraguay, Federico Tatter, dijo que al menos 145 paraguayos y paraguayas fueron asesinados en la Argentina, en el contexto del Operativo Cóndor. Varios de estos compatriotas pasaron por la ESMA, aseguró.

Agregó que mientras en Argentina estamos viendo sentencias ejemplares, en nuestro país los represores están muriendo impunes. Y también están muriendo sus víctimas y sus familiares. “Hay una causa del Operativo Cóndor que está varada en el Poder Judicial desde hace 12 años. Sin embargo, en Argentina ya se condenó a represores por los mismos delitos”, señaló.

Quién fue Esther Ballestrino

Nació en Uruguay un 20 de enero de 1918, en Montevideo hizo sus primeras letras, para luego mudarse con su familia a Paraguay, donde se recibió de Maestra Normal y después de doctora en Bioquímica y Farmacia por la UNA. Mientras estudiaba, desarrolló una carrera de militancia social en filas del Partido Febrerista. Fue perseguida política durante la presidencia de Higinio Morínigo, por lo que se radicó en Argentina, con su esposo Raymundo Careaga con quien concibió tres hijas: Ester, Mabel y Ana María.

Con el arribo de la dictadura militar en 1976 y la desaparición de uno de sus yernos y después de su hija Ana María (que después fue liberada), empezó a organizarse con otros familiares de desaparecidos, con quienes fundó Madres Plaza de Mayo. Llevó a sus hijas al exilio en Uruguay, pero volvió a Argentina para seguir buscando a personas desaparecidas. También luchó intensamente en favor de los paraguayos y paraguayas refugiados en Argentina por la dictadura stronista.

Su esposo murió en el año 2000 sin conocer el destino de Esther, sus hijas, nietas y nietos, en una carta como motivo del hallazgo de sus restos, quisieron recordarla con las siguientes palabras de su esposo: “En su corazón generoso nunca guardó un secreto para mí, salvo el de dónde ha podido sacar tanta ternura y de qué manantial brotó tanta limpieza para su alma…”.

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