EE.UU.: el declive de un Imperio

Diez años atrás, el desafiante gesto de la Kirchner a los EE.UU. no hubiera sido posible.

Si Cristina Kirchner abordara una máquina del tiempo y viajara diez años atrás, jamás hubiera hecho pasar tamaña vergüenza a los muchachos del Comando Sur de las fuerzas armadas norteamericanas, incautándoles sus nada inocentes materiales de instrucción militar.

Tio Sam en estado agonizante. Fuente Elrevolucionario.org

Sin embargo, el jueves pasado sí pudo, a través de su canciller Héctor Timerman, tocarle la oreja al Tío Sam protestando formalmente por el atrevimiento norteamericano. Pudo porque el clima de la geopolítica mundial ha cambiado mucho en contra del Imperio en los últimos diez años.

Tanto ha mermado la hegemonía yanqui –y el miedo de los países pequeños– que hasta los grandes medios de comunicación de Paraguay han dejado de publicar en tapa las famosas certificaciones anuales yanquis; las que dan cuenta de las listas de países violadores y no violadores de los derechos humanos y de combatientes y no combatientes del tráfico de drogas.  Era como si aquellas listas fueran confeccionadas por seres impolutos, desinteresados, justos como Jesús. Y aún hoy quedan huellas del miedo y el endiosamiento al Imperio, aunque van borrándose más y más.

Pasa que los incautos de antes vieron y escucharon demasiadas cosas feas de los gringos en el último decenio.

Miles de informaciones penetraron desde los medios alternativos a los medios hegemónicos dando cuenta de que EE.UU. promovió golpes de Estado para alzar a crueles dictadores militares en la región. Y luego los sostuvo adiestrándoles incluso para que reprimieran  con eficiencia. A través de la CIA, mando asesinar a presidentes latinoamericanos, como fue el caso del dominicano Rafael Trujillo, e intentó mandar asesinar a otros, como fue el caso de Fidel Castro. Invadió Panamá para cazar a su presidente, Manuel Noriega, quien fuera un colaborador de la CIA.

El mundo comprobó que las armas atómicas de Sadam Hussein fueron un mediocre libreto de Washington para ocultar su real intención de apropiarse del petróleo iraquí. La lista es muy larga… Pero concluyamos con los últimos hechos: los informes políticos de las embajadas norteamericanas sobre los gobiernos de los demás países filtradas por Wikileaks y difundidas por los más influyentes diarios europeos, dieron prueba a la gente de lo que ya se decía y sabía; y lo de estos días: los gobiernos autocráticos sostenidos largo tiempo por Washington en los países árabes de Medio y Próximo Oriente, están cayendo. Y la gente sabe que EE.UU los sostuvo.

EE.UU. acumuló sostenidamente poder global en todo el siglo pasado. Mientras los europeos se despedazaban en  la Primera Guerra Europea, los norteamericanos se mantuvieron neutrales y se ocuparon de dispararon su economía vendiendo alimentos y armas a los guerreros. En la Segunda Guerra Europea entraron para ganar. Al término de esta contienda se convirtieron en una de las potencias mundiales. Con la caída de la URSS y los demás estados del socialismo real (1989),  EE. UU entró en un periodo de poder sin límites hasta el 2001.

Este año marca el hito simbólico del inicio del declive del Imperio, con el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York, suceso que dejó una imagen de vulnerabilidad de EE.UU. Tal como proyectaron los centros de estudios geopolíticos, este declive es sostenido. Es parte del proceso de poder global, en el que se van conformando varios polos de poder, y no un centro único de poder. Claro que los EE.UU., en un futuro mediano, no dejará de tener influencia mundial, sino será uno de los que  tendrá influencia.

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