Economistas explican por qué el “crecimiento económico” no es real para el país

Verónica Serafini y Julio Ramírez, economistas investigadores, describen en esta nota cómo el modelo económico paraguayo no genera puestos de trabajo ni tributos para el Estado. La plata que entra al país por la exportación de carne y soja va a parar solo a las empresas y a los grandes productores del agro, explica Ramírez.

Verónica Serafini. Foto de su perfil de Facebook.

El informe mensual de octubre difundido por el Banco Central del Paraguay revelaba, días atrás, un “crecimiento económico” de 14,7%, solo 1 punto menos que aquel “crecimiento” que se diera, en el 2010, durante el gobierno de Fernando Lugo. Este y aquel fueron festejados por la mayoría de los grandes medios de comunicación y los economistas locales, aunque con una relativa crítica de que ese crecimiento debía derramarse socialmente. Sería, en el caso de este año, la distribución social de los 7.575 millones de dólares por la exportación hasta setiembre pasado.

“El modelo de crecimiento económico paraguayo no tiene impacto por dos razones básicamente. El primero porque está sustentado en la producción de bienes intensivos en capital y tierra, con escaso sustento en el trabajo; por lo tanto no genera los puestos de trabajo que requiere la demanda laboral”, explica la economista y docente universitaria Verónica Serafini, Y agrega recordando: “ …el acceso a un trabajo es la principal forma de combatir la pobreza…”.

En el mismo sentido, pero con otras palabras, señala el economista Julio Ramírez que gran parte de los miles de millones de dólares por exportación corresponden a la carne y a la soja y a otros granos como el girasol, el trigo y el maíz.  “Estos rubros generan poco trabajo directo en el sector rural donde se concentra la pobreza y la extrema pobreza. En cuanto al empleo indirecto, genera trabajo en la cadena de insumos, maquinarias y el mercado de crédito que también poseen una limitada capacidad de generar nuevos puestos laborales, pero además, son trabajos especializados donde las personas de escasos recursos y sus familias no pueden acceder”, describe Ramírez, investigador del Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (CADEP).

Respecto del misterio de a dónde va  a parar los miles de millones de dólares americanos por la exportación agroganadera, ambos economistas también coinciden en la respuesta. “La entrada de dólares por sí misma no soluciona los problemas sociales, los solucionaría en parte si fueran fruto de exportaciones de alto valor agregado, lo cual implica mayores empleos y más recursos para el fisco. Pero no es así”, afirma Serafini.

Para Ramírez,  “…esa plata en su mayor parte van a parar a las empresas exportadoras de soja y carne, y a los grandes productores de soja y carne y a la cadena productiva de estas actividades: transportistas, vendedores de insumos, empresas de maquinarias”, pero no se amplía socialmente, añade.

Julio Ramírez. Fuente: gentileza

El otro gran problema que ambos economistas ven es que las exportaciones (los exportadores) pagan ínfimos impuestos. “Como el impuesto que pagan estas actividades es ínfimo (2% de los impuestos totales recaudados), los ingresos del gobierno no son suficientes para generar políticas sociales para revertir los problemas existentes en esas áreas, las rurales”, dice Ramírez.

“…La baja presión tributaria que tiene Paraguay, a la que se suma una estructura tributaria injusta, basada en impuestos indirectos, hace que quienes se beneficien con este crecimiento económico tampoco aporten en proporción a su enriquecimiento; aporte que el Estado necesita para implementar políticas públicas que contribuyan a la reducción de la pobreza y a un mayor bienestar de la mayoría”, insiste Serafini.

Por estas razones, “el crecimiento económico” es un espejismo que solo beneficia a una pequeñísima porción de la población: los directamente vinculados al modelo agroexportador que extrae materia prima y las exporta en estado natural al mercado exterior.  

¿Cuál sería la solución económica, las medidas a tomar? 

Parecen evidentes, y Serafini como Ramírez coinciden en citarlas: mucho más impuestos directos a las exportaciones agrícolas –carne y soja fundamentalmente-, y a otros sectores; industrialización de los productos en estado natural para generar puestos de trabajo y dinero en la economía nacional; ampliación y mayor  eficiencia de los programas de transferencias económicas condicionadas a la población en extrema pobreza desde el Estado; fuerte inversión en educación, y cambios estructurales para el mayor acceso a la tierra, para una fuerte política de incentivo a la producción agrícola familiar, buscando un sustantivo aumento del consumo interno de alimentos.

 

 

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