Dos tendencias antagónicas se desarrollan en el Paraguay actual

El conflicto social y político es protagonizado por dos fuerzas: el bloque hegemónico de los partidos de derecha, empresarios, terratenientes, y el bloque subalterno de campesinos, indígenas, trabajadore y trabajadoras urbanas, migrantes, partidos de izquierda.

Fuente: economiacritica.net

Los dos acontecimientos políticos más importantes del llamado periodo de transición democrática en el Paraguay, por un lado la elección presidencial de Fernando Lugo en el 2008 (y la derrota del Partido Colorado) y por el otro, la destitución del mismo en junio del 2012 vía golpe parlamentario, son principalmente resultado del conflicto existente entre dos sectores antagónicos que existen en la sociedad paraguaya: el sector o bloque dominante (partidos de derecha, empresarios, terratenientes, etc.), que busca conservar la actual estructura política y económica del país, y el sector no hegemónico o subalterno (campesinos/as, indígenas, trabajadores/as urbanos, migrantes, partidos de izquierda, etc.) que busca o podría buscar la transformación socioeconómica y política del Paraguay. El primero de estos bloques, la clase dominante, está bien organizada desde hace décadas e influye fuertemente en la política y la economía del país; el segundo es un grupo muy heterogéneo y amplio en términos de población, aún insuficientemente articulado, pero en proceso de creciente organización y expansión en torno a ideas o proyectos de transformación social.

Estos dos bloques sociales encarnan las dos tendencias principales en desarrollo actualmente en el Paraguay: el primero, la tendencia a la restauración y consolidación de la dominación conservadora, luego de la inquietud que les generó el gobierno de Lugo y el crecimiento de un proyecto alternativo. Esta tendencia tuvo su expresión principal en la destitución del presidente Lugo, y la asunción al Poder Ejecutivo del ultraconservador Federico Franco, quién a partir de esto ha venido tomando varias decisiones para fortalecer el poder económico y político de la clase dominante (Ejemplo: transgénicos, bonos soberanos, despidos masivos, negociación con Río Tinto, etc.). La segunda tendencia existente es la de la constitución y consolidación progresiva de un bloque contrahegemónico a partir de los sectores populares y marginados, que pueda ser un contrapeso político e ideológico al bloque dominante, y que posteriormente pueda avanzar en la transformación estructural tanto del Estado como del modelo económico. La posibilidad de fortalecer este bloque contrehegemónico se presenta estimulada por el crecimiento de la conciencia política y ciudadana que se está dando en el país, tanto desde el 2008 y con más fuerza aún desde el golpe conservador del 2012, que como uno de sus efectos inesperados tuvo la división de hecho de la sociedad paraguaya entre “golpistas” y “antigolpistas”, o dicho de otro modo, entre conservadores/neoliberales y demócratas/progresistas.

Ambas tendencias están en desarrollo en nuestro país, en lucha y conflicto, y en el futuro próximo se irá viendo cual de las dos prevalece sobre la otra. De prevalecer la restauración conservadora y el fortalecimineto del modelo agroexportador y del Estado oligárquico, en el futuro la dominación que ejerza este bloque será más autoritaria, violenta y excluyente hacia el resto de la sociedad, al menos por dos motivos: primero, la profundización del modelo agroexportador generará cada vez más pobres, desempleados u subempleados, y una desigualdad económica creciente; segundo, ante una mayor politización y organización de la población paraguaya, habrá mayor movilización y acciones de exigencias por parte de los mismos, lo cual conducirá a respuestas cada vez más duras y ejemplificadoras por parte del bloque conservador: mayor criminalización, represión y persecución serán la garantía de la efectiva reconstitución del poder total de la clase dominante.

Las señales en este sentido son elocuentes: el caso de la masacre de Curuguaty se ha convertido en un proceso “legal” de persecución al campesinado, con una investigación fiscal vergonzosa y sesgada a favor de los golpistas. A partir de esto han imputado y encarcelado discrecionalmente a campesinos y campesinas, sin siquiera tener pruebas contra ellos. La durísima huelga de hambre de cuatro de los detenidos ha llevado a las autoridades judiciales a darles la prisión domiciliaria solo para “descomprimir” la delicada situación y el escándalo internacional que la muerte de alguno de los huelguistas podría ocasionar. En este mismo caso, la policía ha reprimido fuertemente frente a la Fiscalía General a los manifestantes que se solidarizaban con los cuatro huelguistas, en horas de la madrugada, para enviar un mensaje a quienes resisten pero pasar desapercibidos frente al resto de la sociedad no involucrada directamente. Esta escalada represiva tuvo su punto culminante (hasta el momento de escribir este artículo) con el asesinato del dirigente campesino Vidal Vega el 1º de diciembre pasado, quién era Presidente de la Comisión Sin Tierra de Marina Cué, y colaboraba activamente con la Plataforma de Estudios e Investigaciones de Conflictos Campesinos impulsada por Domingo Laíno, que lleva adelante la investigación paralela a la de la Fiscalía sobre la masacre de Curuguaty. Con esto el sector conservador envía un mensaje directo: quién no se amolde a su proyecto será “alineado” de cualquier manera. Además se silencia a un testigo clave de la masacre, y se facilita la impunidad para quienes provocaron esa matanza. En resumen, de fortalecerse la restauración conservadora las disidencias de fondo serán duramente reprimidas por el poder.

La tendencia contrapuesta, de la emergencia del sector contrahegemónico tiene a su favor el agotamiento tanto del modelo económico agroexportador (agotamiento de su capacidad de responder a los problemas de pobreza, desigualdad y falta de empleos) como el discurso neoliberal actualmente en crisis, por lo cual los argumentos a favor de un nuevo modelo de sociedad y la posibilidad de levantar un programa de transformación real del Paraguay tienen el escenario propicio para desarrollarse, en un contexto en que la derecha política y económica local no ha sabido modernizarse y reinventar un discurso menos repetitivo que atraiga a la población. Pero los sectores contrahegemónicos tampoco están exentos de dificultades y limitaciones, y actualmente sus organizaciones políticas han levantado tres proyectos políticos diferentes: el Frente Guasú que candidata a la Presidencia a Aníbal Carrillo Iramain, Avanza País que postula a Mario Ferreiro, y Kuña Pyrendá que propone a Lilian Soto. Esto evidencia las diferencias que también existen dentro de los actores que conforman este sector, diferencias que a veces son solo por espacios de poder, pero en otras ocasiones resultan de posiciones políticas, ideológicas y estrategias metodológicas muy diferentes.

Pero para los sectores progresistas y de izquierda debe quedar claro que el proceso electoral de aquí al 2013 es importante, pero no es todo. A esto se debe sumar la construcción del Proyecto Histórico de una nueva sociedad, además de la constitución del actor social y político que pelee, además de en la confrontación electoral, en la batalla ideológica, la educativa, por las reivindicaciones populares, etc. Y en esta dirección la construcción unitaria debe aglutinar tanto a movimientos sociales como a partidos políticos, identificados en un proyecto común, que plantee claramente un modelo político profundamente democrático y participativo, económicamente incluyente y ambientalmente sustentable.

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