Dos mujeres, plástico y flores: trabajo decente

Reciclado en el Bañado Sur

Secundina se siente artista

«Dejate ya de ese vyrorei», le decía su marido a Secundina Leiva cada vez que ella se dirigía al taller de manualidades, donde con plástico reciclado de botellas (carey) construía sorprendentes arreglos florales. Ña Elisa Ramos, su compañera única en la labor, se encargaba de infundirle ánimos, «vení katu vamos a hacer nuestra flor», le alentaba.

En el barrio Virgen de Luján, uno de los más empobrecidos del Bañado Sur, cinco mujeres comenzaron a reunirse una vez por semana en la capillita del barrio, señal de que el insistente pedido de capacitación de Elisa fue escuchado. Fue así que desde Vy’arenda, institución de Fe y Alegría enfocada en la educación, coordinada por Abel Irala, recibieron formación y apoyo económico para impulsar el inédito negocio.

«La gente no es constante, quiere ver resultados muy rápido», dice Elisa y recuerda cómo esta travesía inició en agosto de 2007 con cinco mujeres y hoy, a cuatro meses de empezar, solo persistieron dos: Secundina y Elisa.

Este dúo que transporta una multitudinaria dignidad, acordó en llamarse Grupo Kuña Rory. «Es que somos un grupo que trabaja siempre con alegría» aclara.

Cortando, pegando, pintado, Secundina rebatió el pronóstico de su marido que en estos tiempos infaustos para la economía familiar se ajusta al ánimo imperante.

Las dos mujeres, acompañadas de sus profesoras, se propusieron terminar en una semana treinta arreglos florales. Esto fue en la segunda semana de diciembre. El reloj comenzó a correr y, en siete días, intensa e incesantemente, llegaron a la meta. El lunes siguiente, con el arsenal completo, se apostaron frente al Palacio de Justicia. Más tarde recorrieron las oficinas de Fe y Alegría ofreciendo su arte y así, entre vecinas que sumaron su aporte, el trabajo otorgó ganancias. En resumen: cuatro meses de paciencia-aprendizaje, una semana de producción, dos días de venta duplicaron la entereza y otorgaron seiscientos mil guaraníes de ganancia dividida en tres. Una para Secundina, otra para Elisa y el resto para la caja chica.

Elisa se mata de risa cuando se le pregunta si ella misma va tras el carey que recicla. Confiesa pícara que su hijo, el pahague de 20 años, tiene carrito y caballo, sus herramientas de trabajo, con las que sale a reciclar por la zona de Sajonia y 4ta. «Lo que pasa es que él trae y descarga su mercadería y yo le robo», dice, pero rápidamente aclara que en cuanto obtuvo ganancias le estiró el brazo con un 10.000 en mano y le dijo: «tomá, mi hijo, por todo lo que te robé» y él rió porque lo del robo era, en realidad, una cosa de los dos, sabida y acordada tácitamente.

En fin, pese al único inconveniente que este trabajo les ocasiona: todo el carruaje que se acumula, la inversión de estas dos mujeres no resultó vyrorei. Y cuenta Elisa que «ahora Secundina se siente muy realizada y su marido no le dice más nada».

El método de trabajo

Actualmente las dos mujeres trabajan en casa de Elisa, ya que allí tienen mayor libertad y espacio para moverse a su gusto y paladar. Si bien en principio tenían dos maestras que le enseñaron el oficio, cuenta que ahora todos los diseños son «nuestra propia creación, nos ingeniamos con los modelos y colores». El trabajo implica cortar el plástico, darle la forma deseada, pintarlo, esperar a que la pintura seque y armar el todo. Cada arreglo lo venden a 20.000 guaraníes. Siempre dentro de la lógica de reciclar, buscando abaratar costos de producción, para el año que entra se proponen un nuevo reto: confeccionar carteras de retazos de telas y jeans que en su quehacer paralelo de recicladoras en el vertedero van juntando.

El teléfono de Elisa es 0981 423 873, en caso de que alguien esté interesado en conocer el trabajo que hacen, su proceso o adquirir estas flores que dejan sorprendidas a las personas diciendo «¡de carey, mirá!». Ña Elisa es muy popular en su comunidad, así que quien quiera traspasar los umbrales que develan otro mundo dentro de Asunción, que cruce el caracolito y vaya hasta el barrio Virgen de Luján, cerca de la escuela comunal. Ahí estará ella como la frase escrita en esa tarjeta artesanal que acompaña a sus flores: «¿hasta dónde podrán volar el ingenio, la ilusión y los anhelos?»

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