Docente advierte sobre educación autoritaria y urbanizante

El pasado miércoles 23 de octubre, en el marco de los talleres sobre derecho a la tierra que realiza el programa de Democratización y Construcción de la Paz (DCP) en la Universidad Columbia, el docente Luis Caputo presentó su ensayo “Juventud y derecho a la tierra”, que será publicado en breve en una antología que reúne distintos trabajos sobre el derecho a la tierra.

Vista de un momento del taller sobre juventud y derecho a la tierra.

Caputo resaltó en primer lugar que la “juventud”, más que una entidad concreta y homogénea, es una construcción sociohistórica variable que se mide de formas tan amplias que, por ejemplo, algunos países marcan esta etapa de la vida en periodos que pueden ir desde los 12 o 15 a los 29,34 o 39 años de edad. Citando a Pierre Bourdieu, el autor refirió que “la juventud es una mera palabra”.

Sin embargo, a pesar de la imprecisión de la categoría de lo “joven”, el educador se arriesgó a definir la juventud rural como “aquellas personas jóvenes que por razones familiares o laborales se encuentran directamente articuladas al mundo productivo agrícola, a las actividades tradicionales de recolección de las comunidades de los pueblos originarios, a las actividades agroindustriales o a los servicios, incluso residiendo en pequeños poblados rurales, implicando una fuerte socialización con la naturaleza, lo rural o cultura campesina con diversos niveles de arraigo”.

La historicidad

El trabajo aborda desde la óptica del sociólogo francés el proceso histórico de la desigualdad en Paraguay: desde la colonia, pasando por la venta de las tierras públicas en la posguerra del 70, el fomento de la agroexportación durante el gobierno stronista hasta la consagración definitiva de los agronegocios en los noventa, cuyo efecto se grafica muy bien en los 0.92 en el índice de Gini que tiene Paraguay.

En este sentido el proceso de despojo de tierras es abordado en su historicidad advirtiendo que la “amnesia de la génesis”, según lo define Bourdieu, permite la perpetuación y la naturalización de las desigualdades al desconocer los procesos que las generaron. Así, el investigador se remite a esa violencia simbólica que está en la base de la reproducción de las relaciones sociales con que actúa el sistema educativo. Conocer la historia nos da la posibilidad de liberarnos de ella, puntualizó.

Cuando se pierde de vista el origen de estas relaciones se aceptan sin reflexión ciertas creencias sobre la “naturalidad” del sistema desconociendo que este es una formación histórica. “El capital es historia acumulada”, precisa Bourdieu.

“La juventud puede ser una gran oportunidad pero también una bomba demográfica si el Estado no responde a sus demandas”, subrayó el disertante. En cuanto a las demandas de la juventud rural específicamente, señaló como de más alta prioridad la reforma agraria porque si no se ejerce el derecho a la tierra no se goza del derecho al trabajo y sin las condiciones materiales necesarias tampoco se ejercen los demás derechos ciudadanos, pues aquel es habilitante de estos. Los jóvenes quieren su propia tierra para trabajarla en libertad e innovar de acuerdo a los nuevos aprendizajes que desarrollan en las escuelas agrícolas y también ganarse su propio dinero de manera autónoma, expresó.

Educación autoritaria

Caputo prestó especial atención al reclamo educativo de los jóvenes rurales, que quieren escolarizarse pero la pedagogía urbanizante no tiene en cuenta sus expectativas de permanecer y producir en el campo. “El sistema educativo es autoritario y paternalista”, observó el experto. En contraposición a esto resaltó que los jóvenes rurales “quieren un nuevo tipo de educación que valore la identidad campesina”.

Otra demanda creciente es la de la seguridad personal contra la represión, ya que, por ejemplo, en ciertas zonas del país los jóvenes de extracción popular que se organizan son vistos como peligrosos o como miembros del EPP.

En cuanto a los derechos específicos “juveniles” citó el de la equidad de género, la autonomía y otros que a menudo son ignorados como los espacios de recreación.

A manera de resumen Caputo enfatizó la necesidad de desentrañar la historicidad de los procesos, pues de lo contrario las injusticias terminan siendo aceptadas como naturales y se adopta la mirada de quien ejerce el dominio. “De esta manera se impone la sumisión y se termina aceptando la situación de injusticia”, remató.

Entre los varios participantes que intervinieron, un estudiante relató su propia experiencia de haber sido socializado en una educación urbanizante, pues a pesar de ser del campo sentía que “la tierra no es para mí” y se fijó como meta profesionalizarse en la ciudad.

“Ahora entiendo por qué muchos dejan sus tierras y quieren salir de ellas”, reflexionó.

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