Dios, Poesía y Revolución en la vida de un hombre de mirada triste

Ernesto Cardenal

Ernesto Cardenal | Foto: Fides Gauto

Acá estamos, somos unas 30 personas. Es la tardecita del 14 de agosto. El Auditorio del Museo de las Memorias, es un collage de periodistas, poetas, y familiares de víctimas de la dictadura. Una amiga me dice emocionada «este viejito es parte de la historia de la poesía, la teología de la liberación y la revolución en Latinoamérica». El señor al que mi amiga hace referencia tiene cabellos blancos, barba blanca, ropa blanca, usa anteojos y una boina negra. Tiene 83 años, fue poeta, sacerdote y guerrillero. En realidad sigue siendo las tres cosas, aunque para muchos, más que nada es un poeta. Poeta extraño, casi un mito de la literatura. El viejito es uno de esos seres que materializan la intensidad de su vida en sus poemas. Es la primera vez que se viene a Paraguay, luego de Rubén Darío es uno de los más conocidos de la literatura nicaragüense. Un susurro llega a mis oídos «en 2005 fue nominado a recibir el Nóbel de literatura». Bueno, acá estamos, el poeta, sacerdote y guerrillero ahora está recorriendo el museo de las memorias, luego conversará con nosotros…

Ernesto Cardenal sigue caminando, sus pasos son lentos y a la vez decididos. Se detiene en algunos rincones que alguna vez fueron espacios de tortura y muerte. Piensa, siente, observa cada espacio, escucha atentamente los comentarios de sus guías. Camina lenta, lentamente, como recordando pesadillas y al mismo tiempo soñando. Ahora se acerca al centro del salón. La gente se levanta de sus asientos y lo aplaude. Con una voz ronca y a la vez diáfana, como recordando a compañeros muertos en celdas como las que acaba de ver, Cardenal, ahora habla.

«Solo quiero decirles que me parece impresionante lo que vi, esto es mucho peor que en Honduras y Nicaragua, incomparablemente peor y no sé si en otros países habrá algo semejante, creo que esto debe ser más conocido, porque se desconoce lo que aquí se ve en este museo. En primer lugar comprendo por qué Somoza vino para Paraguay, a donde encontró la justicia de la muerte. Comprendo por qué escogió este lugar, donde fue acogido, porque hasta en eeuu no lo admitieron. Estaba tan desprestigiado que los gringos solo le dieron dos, tres días, en Florida, y de ahí tuvo que salir. No pensaron regresarlo a Nicaragua porque había empezado la revolución. Y entonces aquí fue acogido por este hombre (Stroessner).

El autor de «Hora 0» habla con conocimiento de causa. Participó de la Revolución Sandinista, con el triunfo de ésta, fue ministro de cultura. Los presentes cuentan al poeta nicaragüense la historia del Museo de las Memorias y la participación de la inteligencia norteamericana en esas salas de tortura. Cardenal sabe de poesía, dictaduras y revoluciones. Ahora nos cuenta que en Nicaragua hubo también muchos centros de tortura en la época de los Somoza, y que también llegaban entrenadores gringos para enseñar los mejores métodos para la tortura, como en tantos países de Latinoamérica.

Antes, muchos años atrás, cuando no tenía canas, mucho antes, cuando Ernesto era un muchacho inquieto y lleno de sueños, salió de la comodidad de su hogar para dedicarse a la poesía, «de qué pensás vivir» le decía su padre. Sin embargo el joven se fue, cantando a la belleza de esas muchachas tan lindas. Como él mismo cuenta al auditorio, «este amor a la belleza de las muchachas me llevó al amor de Dios, la fuente de toda belleza, y la fuente de las muchachas, y luego ese amor a Dios me llevo al amor a la revolución.» Ese amor a Dios le hizo entrar en un monasterio trapense en Estados Unidos, «renuncié a mi país, a mi trópico, a mis lagos, a aquello que yo amaba tanto». Allí en el monasterio de Kentucky conoció al sacerdote Thomas Merton. El viejo Merton le dio la formación religiosa, ya no católica sino del cristianismo nuevo «él me hizo ver que esas órdenes religiosas eran ya arcaicas, que había que buscar otro tipo de cristianismo». Dice Cardenal emocionado por los recuerdos. Merton marca un antes y un después en su vida, le enseñó a observar con otros ojos a los pueblos originarios de América, a la poesía, a la teología y a la revolución.

«Eso después me hizo ser revolucionario. Porque después de haber salido del monasterio trapense, ya siendo sacerdote visité Cuba en el año 70. Mi primera visita a Cuba fue mi segunda conversión, la conversión a la revolución. Y esto puedo decir que resume mi pequeña historia, y me ha traído al Paraguay nuevo».

A esta altura de la conversación, su acento ya se nos vuelve familiar, el viejito genera un afecto instantáneo. Quizá muchos años atrás el viejo monje Merton sufrió de añoranza cuando le dijo al joven Ernesto (que no estaba hecho para la vida vertical del monasterio) que era su hora de partir, «Es muy bueno que salgas», le dijo Merton, «esta vida no es para ti, ni para mi, que soy también poeta». Merton llevaba más de 20 años de monje. Cardenal volvió a Nicaragua, su país, a su lago, a su clima. En Solentiname, en ese archipiélago, escogió un pequeño terreno para trabajar con un grupo y tener al fin una vida contemplativa.

Solentiname y el FSLN

«Se atravesó en mi vida Solentiname, Dios lo puso en mi camino, y entonces yo no pretendía otra cosa más que tener un pequeño grupo que se juntara conmigo para vivir una vida con Dios. Pero resultó que Merton me había dicho que el contemplativo no puede estar indiferente a los problemas sociales y políticos de su país, mucho menos en América Latina donde había tantas dictaduras militares. Eso fue también muy importante, porque yo al principio pensaba que uno tenía que renunciar a todo lo que uno era. Y él me dijo “no debes renunciar a nada, debes ser el que tú eres porque eso es lo que Dios quiere de ti, que tú seas el que eres”. Bueno, entonces fue ahí que yo entré al Frente Sandinista. Poco a poco fui asimilando la revolución guerrillera, que era con las armas. Yo creía que no podía uno defender esa violencia armada, pero me di cuenta que en nuestro caso, era una dictadura que no permitía ninguna otra opción, había que hacer lo que estaba haciendo aquel pequeño grupo de guerrilleros, que después fue apoyado por toda Nicaragua, hasta por los sacerdotes y los obispos. Pero nada más que tres meses antes del triunfo de la revolución, los obispos dijeron que la teología católica también defendía la guerra justa, y que San Agustín y Santo Tomás de Aquino, pero entonces todo el pueblo de Nicaragua ya estaba con la revolución, sin necesidad de saber San Agustín y Santo Tomás de Aquino».

El Evangelio según Cardenal

Seguimos conversando, a esta altura casi todos los presentes ya le hemos preguntado algo. El poeta toma un poco de agua y vuelve a Solentiname a esa comunidad que en la actualidad es casi un mito.
«Ahí, en esa comunidad donde yo estuve más de 12 años, desarrollamos con los campesinos pintura, y después también la artesanía, y después la poesía. Hubo un taller de poesía, y esa poesía ha sido divulgada en varios países, en varias lenguas. Y después el Evangelio de Solentiname que para mí es lo más importante que hicimos. Comentábamos el Evangelio a la luz de la revolución, a la luz del marxismo también, porque ya nos estábamos haciendo marxistas y nos hicimos marxistas. Esa era la lectura espiritual para nosotros. Por último los muchachos, y también algunas muchachas, ya entraron en la lucha armada, en la guerrilla. Y en esa lucha también algunos de ellos murieron, eso fue Solentiname. Fue una experiencia modesta, pero alguna importancia tuvo la teología de la liberación que tuvieron estos campesinos, y sus prácticas de esa teología, luchando, y algunos muriendo».

Pregunta corta, respuesta larga, y un final inesperado en Nicaragua.

Uno de los asistentes preguntó: –¿Cuál es tu visión a casi 30 años de la proyección que tuvo la revolución sandinista, el presente y futuro que pueda tener?

«La revolución fue muy bella como lo pueden atestiguar las personas que están aquí, y que estuvieron en el tiempo de la revolución. La revolución duró 10 años y pico. Perdimos las elecciones por injerencia de Estados Unidos, 8 años de guerra, un bloqueo económico, todo eso hizo que el pueblo se cansara un poco, no de la revolución pero sí de la situación en que estaban. El mismo Fidel les había dicho a los comandantes de la Dirección Nacional del Frente, de que era muy riesgoso, que podían perder las elecciones, porque hacer unas elecciones en tiempo de guerra… Bueno, el hecho es que la perdimos».

«Pero no se perdió la revolución por ese motivo, sino que se perdió la moral de muchos de los comandantes, no de todos, pero de varios de ellos. Y antes de entregar el poder al nuevo gobierno, robaron millones de dólares, empresas de todas clases. Estábamos ya en un régimen que iba a ser socialismo, muchas empresas eran parte de la economía nacionalizada, y eso iba a pasar a la propiedad privada. Y eso dejó de ser ya revolución».

«Esa corrupción es la que ahora está gobernando Nicaragua: Daniel Ortega, su mujer, y sus hijos. Allí hay una dictadura también, no militar ni policíaca, porque el ejército y la policía que tenemos es un éxito de la revolución, no ha cambiado. Aunque los Ortega, están haciendo esfuerzo por apoderarse de eso, porque es lo único que no tienen, todo lo demás lo dominan».

«Con este gobierno tenemos una democracia corrupta, y eso pues es lo contrario de una revolución; sus discursos son pura demagogia. Daniel ataca a los Estados Unidos ferozmente, pero ha firmado el convenio de Libre Comercio con los Estados Unidos y servir así a los Estados Unidos, pero no en las palabras. Los gringos saben que eso es retórica y lo importante para ellos son los hechos, en los cuales él está de acuerdo con el Banco Mundial, con el fmi y con todas esas cosas».

«Las peores alianzas: el ex presidente Alemán es aliado íntimo de Daniel Ortega. Además se ha aliado con el gran enemigo que tuvimos nosotros, el cardenal Ovando, los que estuvieron en Nicaragua saben quién era el cardenal Ovando para la revolución, y ahora es íntimo de Daniel. También con los somocistas ha hecho alianza, con la contra, que eran torturadores y asesinos. Ortega ha aliado muchas clases de grupos para llegar al poder. Con todas esas alianzas horribles los que están gobernando en Nicaragua son Daniel Ortega, su mujer y sus hijos, repartiéndose todo lo que pueden. No deben de juntarse con los otros nombres de la nueva América Latina que está emergiendo: la revolución cubana, la revolución bolivariana, ahora la nueva Bolivia, y el nuevo Paraguay también. Es un error confundirlo, el verdadero sandinismo está en la oposición del llamado sandinismo que gobierna. Perdieron la moral y se perdió la revolución».

Son muchas las preguntas, y muchas las respuestas de Cardenal en el Museo de las Memorias. La reunión termina con aplausos y abrazos al poeta. Afuera ya es de noche, pasado mañana viajará al Departamento de San Pedro con Lugo y Chávez para hablar con los campesinos, sabemos que él hablará de dios, la poesía y la revolución. En el momento de la despedida no sabemos lo que ocurrirá tiempo después.

Ahora es 28 de agosto.

Mientras cierro este artículo me encuentro con la siguiente noticia de (AFP) proveniente de Managua, «Ernesto Cardenal, condenado por delito de injurias y calumnias», luego leo que el escritor atribuye la condena a un acto de venganza política del presidente nicaragüense, Daniel Ortega, por sus críticas formuladas en Paraguay. Intelectuales y poetas nicaragüenses apoyan a Cardenal, entre ellos Gioconda Belli denunciando que la actitud del gobierno contra el autor de «Oración a por Marilyn Monroe». «No es más que una muestra de la cobardía con que actúan los que ostentan el poder en contra de quienes se muestran críticos y adversos». Al final del artículo Belli anuncia que denunciarán el caso en foros internacionales y advierte que el poeta, «no está solo y un ataque contra Ernesto es un ataque contra todos nosotros los escritores del país».

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