«Dios mío, ¿qué hemos hecho?»

El copiloto del Enola Gay se lamentaba hace 66 años. Hiroshima y el mundo vieron al monstruo de la bomba atómica.

Por:J.J. Velazco.

El hongo atómico.

El 6 de agosto de 1945, cuando la Segunda Guerra Mundial había terminado en Europa, en el Pacífico se seguía luchando contra el Imperio del Japón. La Guerra del Pacífico seguía siendo encarnizada y aunque Estados Unidos ganaba terreno, el coste en vidas muy alto porque se luchaba contra un enemigo que no se rendía y luchaba hasta la muerte por tierra, mar y aire. Después de 6 meses de intensos bombardeos americanos contra 67 ciudades japonesas, el presidente Harry Truman dio la orden de usar una nueva arma que se había gestado en secreto en Los Álamos, Nuevo México, la bomba atómica de Hiroshima.

¿Por qué Hiroshima?

Hiroshima fue un objetivo que los militares estadounidenses seleccionaron porque era una ciudad de más de 3 millas de diámetros con objetivos distribuidos en la ciudad, por lo que la explosión causaría bastante daño y éste sería visible, provocando un gran efecto psicológico en la población civil japonesa que vería cómo quedaría arrasada una ciudad en la que vivían 255.000 personas.

El 6 de agosto de 1945, a las 8:15 de la mañana, el B-29 Enola Gay, comandado por el Coronel Paul Tibbets, lanzó sobre la ciudad de Hiroshima la bomba Little Boy que, tras 55 segundos de caída, explotó a 600 metros sobre la ciudad (que era la altura a la que había sido programada) si bien erró su blanco en 244 metros (el puente Aioi), detonando justo encima de la Clínica quirúrgica Shima.

Sus 13 kilotones elevaron la temperatura de la zona a más de un millón de grados, provocando que se incendiase el aire circundante y se generase una bola de fuego de 256 metros de diámetro que, en menos de un segundo, se expandió a 274 metros.

El copiloto del bombardero, el Capitán Robert Lewis, comentó: «Dios mío, ¿qué hemos hecho?».

Las consecuencias.

Las consecuencias.

Dieciséis horas después del lanzamiento, el Presidente Truman realizó una declaración en la que confirmó el uso de la bomba atómica y ultimo al Imperio japones: «Si no aceptan nuestras condiciones pueden esperar una lluvia de destrucción desde el aire como la que nunca se ha visto en esta tierra». La mayor destrucción nunca antes vista ya se había visto, sin embargo.

La explosión hizo estallar los cristales de las ventanas de edificios situados a 16 km del impacto y pudo sentirse la explosión hasta 59 km de distancia. A los 30 minutos del lanzamiento comenzó a caer una lluvia radioactiva con polvo, hollín y partículas radioactivas que extendieron la contaminación más allá del lugar del bombardeo. El radio de destrucción fue de 1,6 km, provocando incendios en 11,4 kilómetros cuadrados, destruyendo el 69% de los edificios de la ciudad y dañando el 7% de los mismos.

La población civil nunca fue avisada del bombardeo (a pesar que en bombardeos tradicionales, Estados Unidos había lanzado pasquines avisando a la población civil), así que un 30% de la población civil, entre 70.000 y 80.000 personas, murieron en el acto, mientras que 70.000 personas resultaron heridas. El caos fue total porque el 90% del personal sanitario (que se encontraba en el centro de la ciudad) había muerto o resultado heridas. Si bien las muertes no terminarían ahí porque, a causa de la radiación, 5 años más tarde, habrían muerto 200.000 personas (la mayoría por cáncer o leucemia, enfermedades que aún sigue siendo una de las mayores causas de mortandad en la zona).

Fuente: Altio40.

http://www.youtube.com/watch?v=GHDrnK_szbk

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