Diez años de cristal que se hacen añicos

Un 4 de agosto de 2001 sin avisos de por medio, Los Redonditos de Ricota daban su último concierto en Córdoba.

Por María López y Guillermo Maldonado

¿Y Cómo no sentirme así?

Desde nuestro primer tema hasta la primera vez que fuimos a ver al líder de Los redondos, allá a Tandil el año pasado. La inmensa diversidad de sensaciones y emociones fueron muy fuerte, no solo por haber sido parte de las miles de personas que peregrinamos para ver a ese Dios que idolatramos, sino ser también parte de toda una cultura, la cultura Ricotera.

Cada vez que nos preguntan ¿Y qué tal les fue? Podemos fácilmente hablar horas de lo que fue el concierto, el viaje, el compartir con personas de la misma edad, más grandes, más chicos. Y eso que solo vimos al Indio (que no es poca cosa), pero siempre nos imaginamos a nosotros con nuestros amigos y amigas en un concierto de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, donde estén el capitán Beilinson en la Guitarra, Semilla en el bajo, Walter en la batería, Sergio Dawi en el saxo y por supuesto, el Indio en la voz, mirando a través de sus lentes oscuros las bengalas, los trapos y el pogo más grande del mundo, cuando termine la misa al son de Jijiji.

Skay, el Indio, Semilla, Sergio, y Walter la formación titular que tocó en el Chateau Carreras de Córdoba un sábado 4 de agosto de 2001

¿Qué es lo que ha pasado en los diez años de ausencia de los redondos?

Musicalmente hablando, especialmente en el ámbito del rock, existe un vacío, que ingenuamente se trata de llenar con recitales de otras bandas, sin embargo el vacío sigue allí y la nostalgia vuelve a golpear. Conciertos de grandes del rock argentino o del rock mundial pueden pisar nuestra tierra guaraní, pero no es suficiente.

Y aunque ya no estén los Redondos, cada vez que el Indio convoca a una de sus misas, más de una persona cuenta sus monedas, empeña sus electrodomésticos, saca préstamos y otras barbaridades y el o la que lee esto va a exclamar ¡pero, que exagerados! Y sin embargo, sentimos estar en las puertas del nuevo cielo al escuchar los acordes de  Vencedores Vencidos, o los petardos de Fuegos de Octubre, sentir hasta los huesos Un Ángel para tu soledad o llorar con aquella hermosa poesía de Juguetes perdidos.

El año pasado, Los Chamos del Momento ofrecieron un tributo al gran Patricio Rey, el lugar estuvo copado de ricoteros y ricoteras impenitentes. Días después, a Tandil fuimos de Paraguay 28 personas (que conformábamos un solo grupo, también fueron otros) y fuimos parte de un colosal encuentro de gente, casi 120 mil patéticos y patéticas viajantes.

Porque Patricio Rey, con sus letras y los riffs de guitarra  te parten la cabeza , y no solo aportan un buen ritmo rockanrolero, sino que aporta crítica y belleza a tu filosofía de vida, aporta a que la persona que logra descifrar sus letras, sienta y viva el mundo de forma distinta, un mundo redondo y de ricota, dirían algunos.

Las bandas, fieles almas que siguieron a los redondos sin importar las distancias, y se mantienen hasta hoy en vigilia permanente esperando el regreso del Único héroe en este lío

Para quienes los descubrimos tardíamente es un re-descubrimiento y una incógnita constante, como un desafío, estudiar (no solamente escuchar) sus letras y nutrirnos de su legado.

Y si seguían con la banda, definitivamente el contexto  iba a ser otra cosa, aunque queda la duda ¿cómo serían en un mundo tan  cambiante? No importa las respuestas que hallemos, disfrutemos de lo que nos dejaron estando juntos y de los proyectos personales de cada uno de ellos.

Patricio Rey sabía, y para cada etapa de los pibes y las pibas hay un tema presente de los redondos, y resulta imposible elegir un solo tema como ícono. Como diría una de las brujas de alma sencilla “es muy difícil, es por etapas”.

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