Dietze y la APS, un solo corazón

Grandes capitalistas tienen como objetivo sepultar el proyecto de ley de Soberanía y Seguridad Alimentaria. Opinión.

En el conflicto planteado entre partidarios de la soberanía alimentaria y quienes procuran, por todos los medios, ampliar los cultivos transgénicos en nuestro país, se hace imprescindible hablar claro y con honradez, observando un mínimo de respeto por los labriegos y, en particular por la ciudadanía en general.

Sin embargo, esos requisitos básicos son sistemáticamente violados en Paraguay por los máximos referentes de los grupos que operan obedeciendo a las transnacionales propietarias de las patentes de simientes y agrotóxicos que imponen en sus paquetes tecnológicos.

Esos representantes de los grandes capitalistas se están movilizando al interior de los gremios de la producción y a través de los medios comerciales de comunicación, que les son afines, con el objetivo de sepultar el proyecto de ley de Soberanía y Seguridad Alimentaria, que el Poder Ejecutivo presentaría el mes próximo ante el Congreso para su aprobación.

“Está completamente ideologizado”, dijo días atrás a un diario asunceno el Ingeniero Ronald Dietze, en una declaración sorprendente en un hombre que siempre se ha movido con cordura y discreción y que, además, tiene una formación académica con la que debería ser menos desleal, pues su contradicción conceptual es grosera, temeraria y discriminadora, insensible e incluso despreciativa de los campesinos medianos y pequeños.

El proyecto de ley de Soberanía y Seguridad Alimentaria apunta a “respetar y conservar la agrobiodiversidad, así como los conocimientos y modos de vida tradicionales, para rescatar los productos, tecnologías y saberes de las familias y comunidades”.

En el persistente intento de alienar la opinión de la población, Dietze cumple el papel del intelectual del sector, en el que se apoyan correligionarios del tipo de Regis Mereles, de la Asociación de Productores de Soja, hablando de que “a priori se entiende que el proyecto tiene una orientación sesgada…, y (leo que) ahí está la mano del Presidente del SENAVE Miguel Lovera o alguna ONG que siempre orienta sus acciones sin tener conocimientos básicos de lo que produce el sector campesino que, de hecho, es muy escaso”.

Dietze se ofrece a refutar “uno por uno” (sic) cada punto del anteproyecto de ley, “que se va a rechazar, (porque) no va a funcionar, es netamente político, (y) la cuestión no es sólo la producción de alimentos, sino (que) hay que dejar producir a la gente que sabe producir”, así nomás, de un plumazo desconoce la cultura ancestral de campesinos e indígenas, y descalifica un texto que aún se está elaborando entre la Secretaría Técnica de Planificación, el Ministerio de Agricultura y Ganadería y organizaciones campesinas e indígenas. .

Tamaña grosería ya no sorprende en Dietze, desde que funge como el más sesudo representante de los grandes grupos del agronegocio, con la misión de desacreditar la postura del grueso de las organizaciones sociales partidarias de estimular y proteger la biodiversidad y la preservación de las semillas nativas, como consta en el texto del anteproyecto.

Ese borrador, que tanto molesta al mundillo transgénico, especifica que se buscará “respetar y conservar la agrobiodiversidad, así como los conocimientos y modos de vida tradicionales, para rescatar los productos, tecnologías y saberes de las familias y comunidades”.

Frente a la invasión descontrolada de los productos transgénicos en nuestro país, Dietze debería comenzar por refutarse así-mismo, pues habla peyorativamente de “ideologización”, fingiendo ignorar la perversa base ideológica capitalista del modelo de producción reinante, y tampoco se molesta en explicar las causas por las cuales, según él, “el número de agricultores baja en cualquier parte del mundo”.

Orondo, gratuitamente, sin ningún rigor científico, Dietze se permite agregar que “es un grupo mínimo el que está pensando en eso, y no se puede pensar una ley por un grupo mínimo”.

Dietze culmina sus exabruptos con una sentencia oligárquica: Para esa minoría “hay que generar otro tipo de fuentes de empleo”, es decir, continuar simple e insensiblemente la expulsión de los campos a las familias de labriegos pobres, dejando sus parcelas en manos de la depredación y la contaminación ambiental de las empresas transnacionales de la agroexportación, esas que ni siquiera pagan impuestos.

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