Día de la Madre, Día de la Patria o… ¿Día de la Madre Patria?

Revisionismo histórico. La historiadora Ana Barreto nos habla sobre los festejos. “Es altamente probable que el exdictador Alfredo Stroessner haya vinculado una fecha de entusiasmo popular a su calendario cívico. En el gobierno de la transición, sin embargo, se juntan ambos festejos en un día. Y este año ambos festejos de nuevo son separados.

Ana Barreto trabaja la historia social y de género. Pero desde su peculiar estilo revoluciona quizás el pasado subiéndolo al presente. Y nos invita a pensar, analizar, reflexionar. Ha participado de cursos y seminarios internacionales de historia en Bolivia, Brasil, Uruguay y Argentina.

“No sabemos cuándo exactamente la fiesta del Día de la Madre quedó fijada el 15; lo que sí nos ha sido claro es que la fecha no es casual. El Día de la madre en el Paraguay presenta una construcción interesante, simbólica y discursivamente hablando…”.

La historiadora Ana Barreto invita a reflexionar desde otras perspectivas el festejo del Día de la Madre y los valores que representa, vinculados con el festejo al Día de la Patria. ¿Y por qué se dio eso? Barreto nos cuenta que revisando viejos diarios se encontró con el dato de que el Día de la Madre empezó siendo un gesto espontáneo de parte de los estudiantes de la Escuela de Comercio, que en una mañana de mayo de 1924 sugirieron festejarla repartiendo claveles: rojos si las madres aún vivían y blancos si estas ya habían muerto.

Madre y patria

Como siempre Ana Barreto nos sorprende nuevamente en eso que la caracteriza, revolucionando la historia; ahora nos cuenta algo poco estudiado: el análisis discursivo en torno a los personajes o fechas recordadas en nuestro calendario cívico.

¿Qué tanto existe en común entre la madre y la patria?. ¿Cómo se dió esa vinculación de madre-Patria?, se pregunta Barreto y encuentra algunas respuestas más que interesantes.

“Es altamente probable que el exdictador Alfredo Stroessner haya vinculado una fecha de entusiasmo popular a su calendario cívico. En el gobierno de la transición, sin embargo, se juntan ambos festejos en un día. Y este año ambos festejos de nuevo son separados. Quizás el concepto de patria sea más abstracto que el sentido real del Día de la Madre”, dice.

“Cuando Asunción se preparó tímidamente a celebrar el Centenario de su Independencia en 1911, la situación política, económica y social no era la mejor de todas. Acostumbrado a una posguerra violenta y revolucionaria, el gobierno de Albino Jara no fue la excepción: en los principios de año fue aplastado un intento revolucionario en Villa del Rosario, donde uno de sus líderes, Adolfo Riquelme, fue ajusticiado. El país tambaleaba económicamente, con un frágil y comprometido fisco, y con estados de sitios que solo eran levantados para que la gente asista a las plazas a escuchar a la banda de música. Enfrentamientos fratricidas, arrestos, confiscaciones y exilios voluntarios y forzados eran lo cotidiano”, expresa.

“El 13 de mayo en el oficialista diario El Monitor apareció el recordado poema ‘Canto secular’, de Eloy Fariña Núñez. También esos días fueron repartidas en las escuelas unas postales de los próceres que un tiempo antes ya se ocupara de pintarlos Alborno. Hasta ese momento, en que los ánimos para embanderar la ciudad no existían, se festejaban dos fechas importantes: el 14 y 15, Día de la Patria; y el 13, Día del Niño. El Día de la Madre era, pues, inexistente”.

“Fue en 1924 cuando, tomando como ejemplo una propuesta norteamericana (festejarlo un domingo de mayo), un estudiante de la Escuela de Comercio sugirió festejarlo repartiendo claveles: rojos si las madres aún vivían, y blancos si estas ya habían muerto”, alega.

– ¿El protagonismo de mayo es de la madre y de la patria?

– “No sabemos cuándo exactamente la fiesta del Día de la Madre quedó fijada el 15; lo que sí nos ha sido claro es que la fecha no es casual. El Día de las Madres en el Paraguay presenta una construcción interesante, simbólica y discursivamente hablando. En los 20 y hasta los años 40 en que fue ‘movido’ el Día del Niño al 16 de agosto, la madre, la patria y el niño presentaban una interesante trinidad: los tres festejos se hacían apenas con un día de diferencia. La ‘madre’ festejada no deja de ser interesante, es la que personifica a la república y por lo tanto ‘educa’ al futuro ciudadano”.

Quizás para fijar a una madre modelo, es decir, la madre ideal, es probable que el ejemplo haya sido la propia Juana María de Lara, ya que también son los años 20 cuando la figura de ella tiene una suerte de “promoción” escolar. Y es que la “prócer” encarna a la perfección los valores de la sociedad liberal conservadora de esa época: devota de la iglesia, dispuesta a sacrificarse por la patria y matrona de élite respetada. Con todo, tiene aún un detalle interesante: era viuda y no había tenido hijos.

“Creemos que cuando el relato sobre su participación en la gesta reconoce su ‘abnegación y patriotismo’ a la causa y, sobre todo, cierto o no, que ella haya sido quien escogió los colores de la que sería la bandera, estamos ante un caso de idealización femenina”, cuenta.

“Sin entrar a juzgar la cierta participación de la doña Juana, encontramos en cambio que su ‘acto’ fue usado en una época en que en el país se necesitaba tener ejemplos históricos en los que aferrar su presente: los años en que aparecieron doña Juana y el Día de la Madre por otra parte fueron de incertidumbre y preparación hacia la inminente Guerra del Chaco”, expone la historiadora.

“Los valores que encarna el Día de la Madre en el Paraguay tienen la connotación que posee en varios países en el mundo: la celebración de los valores vinculados a la maternidad; en este caso particular, además está fuertemente vinculada como la patria, cosa que no sucede con el padre, y si bien nos sentimos atraídas a hacer un examen exhaustivo del rol del hombre/padre históricamente, no deja de llamarnos la atención lo fuerte del rol materno esperado en las mujeres: o tiene hijos, o adopta a la nación como tal”, dice Ana Barreto, dando conocer un poco de nuestra historia, acontecimientos que muchas veces no son contados en los tradicionales libros.

 

 

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