Desde la llegada de Colón hasta el Estado paraguayo: más de 500 años de colonialismo

El pasado sábado 12 de octubre se realizó en el local del Frente Guasu un panel debate en recordación a los 521 años de la invasión europea, extendiendo el análisis a las formas actuales de colonialismo ejercidas por el Estado paraguayo.

Dopylyke, Miguel López, Miguel Ángel Fernández, Carlos Luis Casabianca, Óscar Ayala y Guillermo Sequera, durante la intervención del nativo ybytóso.

Ante los últimos rayos de la tarde que se desvanecían entre la humedad, el presidente del Partido Comunista Paraguayo (PCP), Carlos Luis Casabianca, ofreció las palabras preliminares indicando que “el colonialismo al que fueron sometidos los indígenas se ha extendido a los paraguayos” con las políticas privatistas del gobierno de Horacio Cartes. Aludió además a las rebeliones indígenas en pro de la recuperación de la autonomía, los territorios ancestrales y el sistema de reciprocidad.

Cabe recordar que el sábado también se conmemoró el aniversario de la proclamación de la independencia, al que algunos historiadores consideran como el verdadero Bicentenario.

Posteriormente, el periodista Miguel López se refirió a la llegada de Cristóbal Colón en el año 1492 en el contexto de la expansión comercial. Mencionó además las rebeliones ante la agresión del invasor y criticó los relatos sobre la “alianza hispano-guaraní”, que presentan los hechos como una suerte de “amalgama pacífica” soslayando el papel del conflicto en esa relación.

De esta manera el comunicador citó las rebeliones de mayor envergadura como las lideradas por Túpac Amaru en los siglos XVI y XVII así como a los distintos levantamientos realizados contra la encomienda, el mitazgo, la yanacona y las formas “mitigadas” de colonialismo practicadas en las reducciones católicas, empeñadas fuertemente también en “reducir” la lengua.

Nacionalización y despojo de los bienes indígenas

Por su parte, el abogado Óscar Ayala puntualizó algunos de los hechos centrales de la “era independiente” que consumaron el despojo de los territorios indígenas, como las medidas implementadas por el gobierno de Carlos Antonio López. En primer lugar, el periodo de 1848-1856 con la nacionalización de los bienes indígenas, que calificó de una “maniobra jurídica perversa” mediante la cual se les otorgó a los indígenas la “nacionalidad” paraguaya, pero se les expropió el territorio. Rematando la exclusión de estos, posteriormente se establece que solo los propietarios tienen derecho a participar en las decisiones de la “res publica”.

En segundo lugar, señaló los primeros años de la posguerra, en los que el ejército invasor permaneció durante una década, más de lo que duró el mismo conflicto. Otro hecho que profundizó la exclusión se registró con el remate de las tierras públicas llevado a cabo por Bernardino Caballero. En este punto Ayala subrayó que la amenaza privatista asociada a Horacio Cartes ya fue consumada hace tiempo con la privatización del bien esencial que hace al poder y la riqueza en nuestro país: la tierra.  Así, pues, el cartismo no es más que una pretendida “modernización” del colonialismo, cuyas recetas han demostrado su persistente fracaso generando crisis cada vez más profundas.

Seguidamente criticó el trato de “minoría” que reciben los pueblos indígenas, en un criterio que otorga o deniega derechos en proporción a la densidad demográfica de los “grupos étnicos”. “Las tierras que han sido de dominio ancestral siguen estando en manos privadas. La Constitución dice que somos una sociedad pluricultural, pero en la práctica tenemos una sociedad monocultural y monopolítica, que económicamente está centrada en lo que dice un solo sector”, remarcó.

Nuevos entendimientos

A su turno, el antropólogo Guillermo “Mito” Sequera destacó la dimensión cultural de la resistencia contra el capitalismo gansteril. “Por qué y para qué inventaron sus culturas”, se interrogó. Remitiéndose a lo que Augusto Roa Bastos había señalado con respecto al teko, al que calificó como la definición ontológica de la cultura, Sequera instó a “saltear los escollos con la invención colectiva de una nueva sociedad”.

Mito enfatizó que la inventiva posibilitaría otros entendimientos posibles y la apertura de otras compuertas para solucionar los temas apremiantes de nuestra sociedad, como el cambio climático, la seguridad alimentaria y la expoliación a cielo abierto de la soja y la ganadería capitalistas. “Con el diálogo real y fructífero con los pueblos indígenas, con esas grandes sabidurías y técnicas,  se podrán establecer pactos y avances contra la colonización, contra la alienación de las culturas, para que estas ya no estén condenadas a morir, sino a vivir”, remató.

De su lado, el poeta y crítico Miguel Ángel Fernández se refirió a las primeras investigaciones que compilaron y tradujeron la rica oratura de los indígenas. De esta manera citó el trabajo pionero de Curt Unckel, bautizado por los apapokúva como Nimuendaju, en la transcripción y traducción al alemán de los “Cantos sobre la creación y el fin del mundo”. Obviamente no podía dejar de mencionarse el fundamental corpus reunido por León Cadogan en el “Ayvu Rapyta”.  “Pero más allá del conocimiento libresco, no asumimos casi nada. Los paraguayos somos tan despectivos como los colonizadores que forjaron esta sociedad injusta”, afirmó Fernández.

Con respecto a la literatura actual que busca hacer labor de rescate, observó que abundan las simples imitaciones de las formas autóctonas de la poesía guaraní, pero ante esto contrapuso que se deben crear nuevas formas a la luz de la interculturalidad y el bilingüismo, que a su vez contribuyan a plantear sistemas políticos basados en la igualdad real.

La maldición de Nemur

La presencia del líder ybytóso Bruno Barra aportó al encuentro ese actor imprescindible en discusiones de esta naturaleza a fin de dialogar con los indígenas en un encuentro fraternal y horizontal en lugar de hablar en nombre ellos, como a menudo se hace. Barra destacó la importancia de que la ciudadanía tome conciencia de quiénes son y qué quieren los indígenas. El líder explicó lo que la tradición de su pueblo conoce como la maldición de Nemur, que precisamente es lo que se está viviendo ahora: la masiva desaparición de los árboles y los fenómenos climáticos extremos que trae aparejados la destrucción de la naturaleza.

Dopylyke –tal es su nombre nativo– se preguntó cómo es posible que se llame peyorativamente “nómadas” a quienes sabían cuidar los bosques y que, con base en el calendario de la primavera, se movían unos 10 km para permitir que los animales y las plantas se reproduzcan. Estos desplazamientos –añadió– eran celebraciones dedicadas a la regeneración de la naturaleza, que siempre renovaba sus frutos, por lo que los indígenas no necesitaban pedir limosnas como ahora. “Para que la comunidad no sea maldita vivíamos civilizados”, finalizó el ishyro, y luego procedió a enseñar al auditorio un canto que elevan cuando necesitan el cese de la tormenta.

El encuentro concluyó con la intervención de varios participantes, entre ellos el excanciller Jorge Lara Castro, quien apuntó que la colonización empieza por la fuerza y luego se impone por el consenso a través, por ejemplo, de la imposición del Estado como valor universal. “Estamos en la última fase de la colonización. Hace meses se votó por la colonización y el actual gobierno quedó como marca registrada de democracia a nivel nacional, regional e internacional”, expresó el exministro de Relaciones Exteriores a manera de crítica dirigida a los sectores de izquierda que concurrieron a las pasadas elecciones.

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