Desde el macabro manto de la clandestinidad

Una historia de sacrificios por la liberación de nuestro pueblo.

Najeeb Amado y Luis Casabianca, dirigentes del Partido Comunista Paraguayo. Fotografía del año 2010.

Por Carlos Verón.

A propósito de la postergada legalización del partido comunista que fue lograda hace poco, bien vale hacer algunas aclaraciones históricas que le dan al acontecimiento una dimensión mayor.

En el año 1946, después de una fuerte presión popular liderada por el Secretario General del Partido a la sazón, Augusto Cañete, se logra un gobierno de coalición compuesto por febreristas y colorados, en cuyo marco el  Partido Comunista logra  una actuación pública. Ante esta amnistía, se anunció  que podían volver al país los dirigentes del partido. En agosto de ese año son recibidos Creydt, Barthe, Cañete, Morel, Guerra, Candia y otros en el puerto de Asunción, lugar en que se improvisa un acto político y en que el primero pronuncia un prolongado discurso.

Desde ahí la masa de desplazó caminando al Panteón de los Héroes, donde se realizó el más gran mitin político en la historia de nuestra capital, hasta ahora no superado. En ese acto en que hablaron, además de  Creydt, Barthe y Cañete, se reunió, según A. Bonzi y testimonios, aproximadamente una masa “de treinta mil obreros, estudiantes, mujeres y gente de distintas procedencias sociales, que acudieron a recibir y a escuchar a los dirigentes del partido”.

En octubre del mismo año, el partido organiza otro acto de la misma dimensión, también en el Panteón de los Héroes. (Véase fotos en Bonzi y Andrew Nikson)

El partido, de haber tenido en esa fecha no más de 300 afiliados en el breve período de libertad, logró afiliar a más de diez mil y se insertó fuertemente en el sector obrero del país, llegando a conducir la CTP, central obrera de entonces.

Lo que cabe aclarar es que ese fue el único período en que se permitió al partido a actuar públicamente, como el que se viene dando desde la caída de la dictadura de Stroessner. Pero no existen datos de que haya habido una habilitación legal. Si esto es así, se puede afirmar sin ambages que es la primera vez que  el partido tiene una personería electoral. Y constituye un blasón único en la historia de nuestro país haber transcurrido toda una larga e incansable lucha por la liberación del pueblo paraguayo, bajo el oscuro manto de la clandestinidad y brindando los más heroicos sacrificios, sin paralelo probablemente en el mundo entero.

El nacimiento del PCP se produce en el contexto de la consolidación del fascismo en Europa, y todos los gobiernos paraguayos, sin excepción, estuvieron en mayor o menor medida, influenciados por esa emergente corriente fuertemente anticomunista. De manera que todos los gobiernos que abarcan la historia del Partido Comunista en más de 80 años de lucha persiguieron  brutalmente a los dirigentes y cuadros del partido. Incluso aquellos a los que se acompañó y por la acción revolucionaria del Partido Comunista en una primera instancia, adoptaron políticas  compatibles con los reclamos populares, como el del Coronel Franco,  que posteriormente, bajo presión de la embajada norteamericana dictó el nefasto decreto 152, para perseguir de forma inmisericorde a los comunistas. O el Mcal. Estigarribia  y su fascista constitución de 1940. E incluso el considerado institucionalista gobierno colorado de Federico Chávez, bajo cuyo gobierno se asesinó al camarada Mariano Roque Alonso, con quien se solidarizó Flores al rechazar una condecoración de ese presidente.

Finalizada la segunda guerra mundial, el fascismo formal europeo es derrotado por los aliados y se inicia la guerra fría, que fermenta un nuevo fascismo bajo la férula del imperialismo norteamericano, con el rótulo de “doctrina de seguridad nacional”. Y en ese contexto, el gobierno que  más se ensañó con el PCP fue el de la tiranía de Alfredo Stroessner.

Bajo ese infierno, militar en el PCP era simple y llanamente jugarse la vida. Y así fue. Todos los presos políticos, si bien pudieron padecer tormentos, tarde o temprano salían, pero los comunistas debían morir en los calabozos, para llegar a tener los presos más antiguos del continente, como los Maidana, Alcorta, Rojas, etc. Y en el año 1975, fue sacrificada de forma macabra la dirigencia del partido.

El partido tiene una galería heroica en el que destellan nombres como  Felix H. Aguero, Mariano Roque Alonso, Felix H. Aguero, Antonio Alonso,  Wilfrido Alvarez, Agapito Valiente,  Antonio Maidana, Miguel Angel Soler, Derlis Villagra, Rubén González Acosta y muchos otros hombres y mujeres como Juana Peralta, Carmen Soler, Idalina Gaona, Soledad Barrett, Celsa Ramírez y muchas otras, que no titubearon en exponer  sus vidas en aras de una sociedad socialista, en un estado cuya macabra historia, después de la guerra de la triple alianza, estuvo signada, más allá de los matices ideológicos del mundo, por una ideología criminalmente reaccionaria que permeó y sigue permeando profundamente nuestra cultura.

Y si el Paraguay alcanzó alguna vez en su historia algunos avances políticos y sociales, como en los gobiernos de Franco y el de Coalición, esos avances se lograron por presiones populares,  siempre lideradas por dirigentes y cuadros del Partido Comunista bajo la sombra de la clandestinidad y, consecuentemente, la persecución.

Esa debe ser la excelsa razón por la cual el pueblo paraguayo le dio y le seguirá dando, en la medida que la historia se aclare, la legitimidad política genuina, hacia la organización política que  más dio por su liberación y que hoy por fin alcanza su reconocimiento legal.

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