Desalojan a comunidad que ocupó propiedad abandonada en Asunción

Se había montado allí un centro social y cultural auto gestionado llamado “El Guano”. La casa es de las tantas de la ciudad que están en ese limbo jurídico de las quiebras de bancos.

Patrullera de la Comisaría 2da. durante el desalojo, nocturno, de la casa tomada.

El predio está  ubicado en  Pte. Franco 773 c/ Ayolas. El 14 de febrero pasado,  un grupo de jóvenes, trabajadores, artistas, estudiantes y activistas sociales, decidió ocupar para “recuperar y restaurar un edificio en situación de abandono”, nos dice Nelson Zarza, activista de los ocupantes. Era una propiedad  de los trabajadores “estafados por el Banco Unión”, nos cuenta.

Querían transformar el predio en un centro sociocultural “que sirviera a  toda la comunidad”. Sostiene Zarza que, desde entonces, diferentes colectivos, grupos y elencos han venido desarrollando una serie de actividades en torno a la autogestión del trabajo y nuevas relaciones sociales. Desde mingas de  restauración del inmueble, hasta jornadas de intervenciones artísticas. También conciertos solidarios, comedores, conversatorios, charlas, asambleas, reuniones y encuentros. 

El desalojo de los ocupantes fue ejecutado por personal  de la comisaría 2da. Sajonia. Hasta donde pudimos averiguar, el desalojo se debió a la gestión de un buffet de abogados que representa a la sindicatura de quiebra de Banco Unión.

De esta gente se sospecha, nos cuenta Nelson Zarza, “que se dedica al blanqueo de títulos de propiedades mal habidas para la posterior especulación inmobiliaria, en complicidad  de funcionarios de la Municipalidad de Asunción e importantes empresas inmobiliarias”.

Los ocupantes, en su manifiesto, habían señalado que no consideraban la ocupación como “un fin en sí mismo, sino un medio, un medio desde el cual crear y recrear espacios públicos”.

De acuerdo con Nelson Zarza, Asunción y sus alrededores sufren el acoso del “moobing inmobiliario, resultado de la histórica desigualdad en la distribución de nuestros territorios». Este fenómeno de acumulación y especulación “fija ahora su objetivo sobre nuestras ciudades, fomentando el saqueo y degradación de patrimonios históricos importantes para la memoria colectiva,  forzando la reducción de  precios de las propiedades para su posterior venta a inmobiliarias locales y consorcios de capital extranjero”.

 “Conocemos del fracaso de las instituciones y sus mecanismos para garantizar tierra, trabajo, vivienda, salud y educación digna  a la población. Por eso decidimos ocupar como colectivo,  no solo para vivir y buscar una salida personal, sino también para crear un centro social autogestionado”, sostiene el comunicado de la asamblea de los ocupantes.

 

 

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