Derrotar a Cartes en las urnas y al neoliberalismo en las calles

Por Santiago Ortiz

Las decisiones y giros de las últimas semanas en el plano político han aclarado el panorama para el 2018. La disputa será entre el ganador de la interna colorada y la chapa de la nueva Alianza PLRA-Frente Guasu.

Evidentemente la decisión de conformar una nueva alianza entre la concertación progresista y el Partido Liberal ha traído un sinnúmero de cuestionamientos, críticas y confusiones por un lado y aplausos, esperanzas y resignación por otro. La medida adoptada por el FG debe entenderse como una acción táctica en busca de recuperar posiciones tras dos duras derrotas políticas, el golpe parlamentario y el fracaso de la enmienda, que, sumadas los habituales problemas internos de las fuerzas progresistas y de izquierda, hubieran podido significar el fin del bloque conformado en el 2010.

Sin embargo, el FG se mantiene vigente y, con errores y aciertos, ha sido la fuerza política que mayor oposición ha hecho al modelo cartista y ha instalado con éxito algunos de los debates centrales sobre el modelo de desarrollo nacional que figuran en su agenda. A pesar de estos puntos a favor, uno de los mayores problemas del bloque ha sido su excesivo apego y confianza en la disputa institucional, dejando de lado la construcción de una base social más solida, que pudiera acompañar sus medidas legislativas y dotar de mayor capacidad de movilización a la fuerza política. Es así que, exceptuando las movilizaciones campesinas del 2016 y 2017, prácticamente no se han dado acciones que puedan generar mayor presión de masas a la disputa legislativa que fuera correctamente planteada por el Frente.

Con este panorama llega la principal fuerza de izquierda al 2018, sin su principal figura habilitada para competir como presidente, con un ataque despiadado de los grandes medios de comunicación que han puesto al FG como su enemigo público numero uno y, como dijéramos, sin una práctica de movilización social.

Del otro lado viene el cartismo confiado en su aparato electoral, arrasador como en todos estos años, donde en un solo periodo logró todo lo que el coloradismo no había podido hacer en años: abrir las puertas a las privatizaciones, militarizar el país, endeudarnos por generaciones, congelar los salarios, achicar el estado, instalando triunfante el discurso de guerra fría donde los que cuestionan son haraganes, terroristas y agitadores. Se suma a esto el dramático giro a la derecha en la región, el golpe en Brasil, la derrota en Argentina, la crisis en Venezuela, los problemas en Ecuador.

Todo esto traducido en mayores penurias para los sectores más vulnerables de la población, trabajadores, campesinos y sectores populares en general, ven hoy como los derechos alcanzados durante los gobiernos progresistas se evaporan al calor del neo liberalismo. Para Paraguay, una nueva victoria del modelo Cartista-Stronissta, ya sea encabezado por Peña o Mario Abdo, significaría la consolidación del sistema de exclusión y una derrota cultural prácticamente irremontable para el progresismo, podría llevarnos a la Argentina de los 90, donde mientras las organizaciones populares agonizaban, avanzaba el hambre que terminaría en un estallido social recién en 2001. Permitir esto desde una izquierda que ha buscado dejar de lado las posturas testimoniales para hacer política real, sería mezquino y torpe.

Ahora bien, ¿garantiza un triunfo de la chapa PLRA- Frente Guasu que esto no suceda? Definitivamente no. Claramente Efrain Alegre, el más probable ganador de las internas liberales, representa también al sector neo liberal y conservador del país, sus planes no difieren en mucho de los de HC y el Partido Colorado, sin embargo, se ha visto forzado a una alianza con una fuerza, el FG, y un candidato, Leo Rubin, que han dejado en claro que tienen un programa y que están dispuestos a llevarlo adelante. Es decir, un probable gobierno de la Alianza será, nuevamente, un gobierno en disputa donde las tensiones estarán a la orden.

Para ese entonces será fundamental la presión popular a fin de resolver dichas tensiones en favor de los sectores mayoritarios del país, será ese el desafío fundamental para las fuerzas progresistas que con ellos podrán demostrar que la jugada actual es un acierto táctico que le permitió dar las disputas necesarias desde posiciones mucho más favorables que las que ocupa actualmente. Para que esto último suceda es necesario derrotar al cartismo en las urnas en el 2018, acabar definitivamente con su proyecto de entrega y saqueo, para enfrentar luego todo intento de profundización neo liberal de un probable gobierno del PLRA-FG, desde las calles y con fuerza organizada.

Podrán buscarse mil frases de Marx, Lenin o Guevara para justificar una postura en contra o a favor de la alianza, sin embargo, la situación concreta y objetiva de los sectores populares no se resolverá repitiendo frases revolucionarias, sino con medidas audaces que permitan a nuestro pueblo tener pan, trabajo y libertad para organizarse.

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