Derecha paupérrima

Opinión. «Una sola firma exportó 340 millones de dólares en lo que va del año, y hay sospechas fundadas de que buena parte lo hizo en forma ilegal».

Por: Custodio Del Puerto

La conducta de los sectores más retrógrados de Paraguay, al igual que en otras naciones vecinas, se manifiesta en particular en el gremio de los grandes productores de granos y carne, identificados por su irreverente individualismo, desenfrenada angurria y mediocridad cultural, que se muestran intolerantes ante las mínimas expresiones de los cambios sociales y políticos que se vienen generando en el país, a pesar de las dificultades y vacilaciones conocidas.

En sí, constituyen el ala más paupérrima de la más miserable derecha regional, esa que sólo retrocede en sus innobles propósitos frente a una política de gobierno que esté respaldada por la ciudadanía más consciente de sus derechos a vivir con bienestar, y que lo exprese con su movilización en todos los ámbitos públicos, en especial la calle, como ocurrió días atrás contra la corrupción en el intento de estafa del parlamento a favor de la partidocracia.

Una sola firma exportó 340 millones de dólares en lo que va del año, y hay sospechas fundadas de que buena parte lo hizo en forma ilegal, 28 grandes empresas adeudan al Fisco 64.523 millones de guaraníes (14.3 millones de dólares), unos 6.000 millones por mes, y la subvaloración en las prácticas import-export para eludir impuestos es gimnasia vieja entre encumbrados empresarios, políticos, legisladores y juristas, que olvidan que la única seguridad jurídica es que todos cumplamos las leyes bien elaboradas.

Una constante de esa rosca corrupta es su airada protesta mediática contra las instituciones del Gobierno que intentan hacer cumplir normas administrativas vigentes, y en su ofensiva de estos días el blanco predilecto es el Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (SENAVE), al que lo culpan por aplicar leyes adoptadas hace años pero habitualmente violadas en su aplicación por los propios firmantes, quienes tienen el tupé de pedir la cabeza del Presidente de esa Secretaría, el Doctor Miguel Lovera.

En el cono sur, el ejemplo más contundente de una derrota política de ese minúsculo aunque financieramente poderoso grupo empresarial, se vivió en la Argentina hace poco más de un año, cuando el ensoberbecido gremio de la carne y los granos, cuya mayoría patronal vive en el Barrio Norte de Buenos Aires y hace que peones mal remunerados engorden los novillos y carguen las barcazas con millones de toneladas de soja y otros cereales, debieron enfrentarse a la habilidad y firmeza política de la Presidenta Cristina Kichner.

Desde entonces, la soberbia ruralista se ha llamado a silencio y lo ha hecho con buen tino, como única forma de frenar el estrepitoso descrédito que se verificaba en la consideración de la población, víctima en buena medida de los altos precios impuestos a los productos vendidos en el mercado nacional y a la inocultable fuga de divisas que ocasiona su comportamiento, prefiriendo los paraísos fiscales a la inversión interna. Un guión que muy bien conoce el pueblo paraguayo.

Ninguna diferencia, salvo el analfabetismo entre los terratenientes que es menor en el país vecino, hay entre el gremio cavernario de allende frontera y el paraguayo, que en estos días de nuevo se agita organizando un tractorazo con discursos patrioteros y brabucones, de matonaje abierto y cínica sensibilidad que, con la barriga desbordando alimentos, tienen la desfachatez de invocar a los pobres y a la exclusión del bienestar de un millón de compatriotas, drama estructural del que culpan a Lugo, aunque tiene más de un siglo en el territorio nacional.

Un cálculo rápido de la inmensa suma de dinero que cuestan esos tractores y las otras máquinas pesadas que están preparando para exhibir en las rutas nacionales, da la respuesta a la colosal diferencia de clases que existe en el país, negada por los medios de in-comunicación al servicio de la anti-historia. Enajenados y adiestrados peones, son quienes ponen la cara en la injustificada protesta, mientras los siervos de las firmas transnacionales, usurpadoras de nuestros recursos naturales, ocupan las tribunas desafiando al gobierno electo democráticamente por el pueblo.

Todo el sector más cavernario de la clase social más retrógrado que sufre el país, se sirve de un coro de sicarios, mercenarios que ocupan micrófonos, pantallas de televisión y espacios en los diarios, órganos todos afines en los mismos intereses que han sometido por décadas a la inmensa mayoría del pueblo, con mentiras y promesas, vocifera en permanencia contra las organizaciones sociales y el Gobierno de Lugo, y las pocas instituciones leales al proceso de cambios.

Esos voceros alquilados, que en general hablan como productores sin serlo, y porque son idiotas útiles ocupan la presidencia de determinadas roscas, puestos que, en ciertos casos bien conocidos, les sirven, incluso, como escudo a sus fechorías de contrabandistas e importadores habituados a pisotear las leyes y normas que tanto cuesta hacer cumplir en el país debido a los vicios que acarrea desde años el grueso de operadores comerciales e intermediarios.

La verdad es que quienes pagan a esos servidores hasta les prometen poltronas en el parlamento futuro, a conciencia de que, a todo precio, hay que mantener el legislativo sometido al gran capital privado, nacional y transgresor, como ocurre con la desvergüenza actual, protagonizada por la amoralidad de su aplastante mayoría de diputados y senadores.

Afortunadamente, el pueblo paraguayo está despertando después de décadas de sumisión, consecuencia de la feroz represión de la libertad de pensamiento y expresión crítica de las ideas más avanzadas entre la ciudadanía, que ha constituido uno de los períodos más tenebrosos de la historia del país.

La movilización popular contra el intento de estafa del parlamento y la  partidocracia, es una muestra contundente de la nueva conciencia social que se está consolidando entre el pueblo, con alentadora participación de la juventud y también de la franja etaria superior, mayoría colorada y liberal, que se había acostumbrado a mirar pero no hablar, la cual ha comenzado a vencer viejos miedos y defender sus derechos.

La redistribución de la riqueza nacional es la reivindicación más impostergable que el pueblo y sus organizaciones están convirtiendo en su bandera de lucha, en cuya plataforma en construcción deberán ser incluidos los organismos públicos que tengan méritos ganados, así como entidades privadas que lo merezcan en base a su compromiso con la línea democrática y progresista que la mayoría reclama.

Los humanos somos pocos en el país, entre los seis millones y algo de hijos, beneficiados por la generosa tierra y la abundante agua, por lo cual es muy fácil identificarnos todos los habitantes de la docena y media de departamentos para coincidir en la necesidad de convocar grandes asambleas de vecinos y comenzar a aplaudir a quienes lo merecen y señalar y reclamar juicio político para aquellos que viven al margen de la justicia social, para que sean conducidos a los tribunales pertinentes.

 

 

 

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