Denuncian por acoso y coacción sexual a Villagra Marsal

Una mujer que asegura haber sufrido acoso sexual de parte del ministro secretario de Políticas Lingüísticas, Carlos Villagra Marsal, arrimó su testimonio a nuestra redacción. En el texto relata cómo, bajo engaños laborales, fue inducida a marcharse sola con Villagra Marsal hasta su quinta de Paraguarí.

El ministro Carlos Villagra Marsal acompañado, entre otras personas, por el presidente del TSJE, Alberto Ramírez Zambonini, y por la directora general del Cabildo, Margarita Morselli, el día del festejo de su cumpleaños. Fuente: http://www.cabildoccr.gov.py.

 

La denunciante pidió que su nombre sea mantenido en reserva, aunque otros medios ya han publicado su identidad. La mujer, de 26 años, garantiza la veracidad de su relato.

De hecho, en el cumpleaños número 80 del autor de “Mancuello y la perdiz”, festejado en El Cabildo el pasado martes 30 de octubre, se realizó un escrache público contra el funcionario por este y otros casos de acoso e incluso coacción sexual consumada denunciados por otras mujeres.

Al ser consultado por nuestro medio, Villagra Marsal respondió que no hará declaraciones al respecto a no ser que sea llamado por la justicia. Al ser insistido a dar su versión, se limitó a decir que no tiene nada que agregar y reiteró que solo hablará ante las instancias judiciales.

Al parecer así será, puesto que el fiscal de Paraguarí, Alfredo Ramos, anunció que este lunes imputará al escritor por acoso y coacción sexual, según publicó el diario Última Hora.

El pasado viernes la denunciante se ratificó ante la Fiscalía en su declaración e incluso cuenta con pruebas como grabaciones de llamadas posteriores que prueban el hecho.

El agente fiscal adelantó que presentará la solicitud de desafuero político contra Marsal en virtud de que el funcionario tiene un cargo con rango de ministro dependiente del Poder Ejecutivo, aunque por su edad el acusado ya es inimputable.

En estos días el ministro-secretario tiene previsto dirigirse a Miami, donde participará en representación de nuestro país en la Feria del Libro de esta ciudad norteamericana, que este año dedica un capítulo especial a Paraguay.

A continuación transcribimos in extenso la declaración de la denunciante:

“Cuanto sigue es un recuento breve y conciso de los hechos

 Se me puede acusar por pecar de inocente pero la inocencia no es crimen. Contra mí sí fue cometido un crimen, abuso de mi confianza y el poder de un superior a su subordinado. Me habían ofrecido el puesto de secretaria privada del ministro, cargo extraoficial y de confianza pero con nombramiento oficial y sueldo del Estado.

El puesto me lo ofrecieron teniendo en cuenta mi vinculación con el ministro en mis épocas de estudiante universitaria. La descripción del trabajo incluía horarios de oficina como funcionaria pública y horas extra para llevar la correspondencia privada del ministro, transcripción de cartas y discursos, documentos personales e incluso ayudarlo a catalogar sus colecciones privadas y su amplia biblioteca ubicada en su casa de Última Altura, a 8 kilómetros de la ciudad de Paraguarí de camino a Piribebuy.

Se me avisó que iríamos de vez en cuando a trabajar allí con el ministro, su chófer y otro funcionario. Sería mi primer fin de semana y con excusas falsas me convencieron para ir sola porque de momento no haría falta la presencia del otro funcionario.

Su chófer nos condujo hasta la ciudad de Paraguarí y allí se despidió de nosotros. Llegamos a la quinta el sábado por la noche, entonces aprovecho que no había nadie alrededor para ponerme una mano sobre mi pierna, me agarró el mentón e intento besarme pero lo esquivé. Aprovechó cada momento para propiciar contactos físicos, lanzar indirectas y hacer comentarios incómodos. Comencé a sentirme ansiosa, esperé que no volviera a intentarlo pero no paro de acosarme hasta que consiguió robarme un beso. Le dije que tuviera cuidado con lo que hacía.

La cena transcurrió con tranquilidad, en compañía del guarda y su mujer, la cocinera. Quienes tienen una vivienda propia en los límites de la propiedad de 10 hectáreas. A penas quedamos solos continúo el acoso: hablaba sin parar y me hizo preguntas personales que preferí no responder, de índole sexual. También me hizo propuestas de tinte romántico y ofrecimientos de ayuda económica.

Le pregunté si no le parecía que su actitud influiría de forma negativa en nuestra relación laboral y sin vergüenza admitió que podría disimular en horarios de oficina, me dijo que esperaba lealtad de mi parte y discreción porque el trabajo era lo importante pero en ningún momento trabajamos. Metió su mano debajo de mi falda y de mi blusa para manosearme, evidentemente, tomado.

En ese momento me dijo, textualmente: No te voy a violar pero espero que vayas a mi pieza en media hora.

Me di una ducha para lavarme el asco que sentía, estaba entrando en pánico y considerando las posibilidades. Por lo aislado de la casa, no sabía si pedir ayuda al guarda y su pareja, imaginé que no saldrían en contra de su jefe luego de más de 20 años de servicio, no podría salir sin más porque hay un único camino muy estrecho para ir hasta el pueblo y la señal del celular era pobre y las llamadas se cortaban a cada rato.

Como no fui a su pieza él vino a buscarme, eran las 23:30. Le dije que ya iba a dormir pero abrió la puerta y me llevó a su pieza, hizo conmigo lo que quería y, posteriormente, me dejó ir. Esa noche no pude dormir. Al día siguiente, le dije que no quería que me volviera a tocar me reiteró que esperaba lealtad de mi parte y discreción y me llevó a la ciudad para tomar el bus hasta Asunción porque no podría soportar mi presencia sin tocarme.

Sufrí una gran decepción porque el señor ministro gozaba de mi plena confianza y admiración por sus amplios conocimientos en distintos ámbitos de la cultura. Me parece triste que se aproveche de la necesidad ajena para acorralar a sus secretarias en la soledad de su propiedad rural. Había planeado hasta el último detalle, sé muy bien que no es la primera vez que lo hace y espero que a partir de mi testimonio las demás mujeres acosadas se animen a hablar. Yo no siento vergüenza de hablar, es el señor ministro quien debería sentir vergüenza por su desfachatez.

Estoy harta que siempre se vea a las mujeres como objetos sexuales, me molesta que las leyes pongan infinidad de trabas para llevar a éstos acosadores y violadores a juicio y que siempre se deduzca que cederemos ante su poder económico o halagos zalameros. Estoy harta de vivir en una cultura que rápidamente perdona a ciertos hombres con todo tipo de excusas y culpa a las mujeres por ser inocentes y confiadas. Estoy segura que él mismo se cree sus mentiras”.

 

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