Del Estado partidario al Estado empresario

Paraguay está en una transición donde el Estado patrimonio de los partidos va cediendo espacio al Estado patrimonio de los sectores empresariales. Cartes es la fiel expresión de esta nueva hegemonía.

Stroessner  fue muy eficiente en fortalecer un partido (la ANR) que terminó apropiándose del aparato estatal. No es que fue el único en realizar esta tarea. Antes de él ya se ocuparon de esta tarea liberales y febreristas. Pero Stroessner fue mucho más hábil al gobernar durante 35 años, lapso en el que produjo una simbiosis Partido-Estado. Había empresarios, claro está,  durante el estronismo: Juan Carlos Wasmosy, Nicolás Bo, la familia Zuccolillo, la familia Domínguez Dibb, la familia Napout, A J. Vierci, la Familia Pallarés, son solo algunos empresarios y familias de empresario que acumularon fortuna durante la dictadura.  Tenían su poder económico. Eran aceptados por la clase política estronista. Pero se subordinaban al régimen, sin discusión alguna. Si había un choque de intereses entre un empresario y un alto dirigente de la ANR, el régimen favorecía a este último, salvo raras excepciones. Los empresarios hacían sus negocios –importación, re-exportación, tráfico de drogas, servicios para el Estado- pero  con el visto bueno del régimen.  Sin este okey, nada.

El desaparecido dictador fue un maestro del mal en construir este Estado prebendario y clientelar que hasta hoy padecemos. Construyó un régimen donde la fidelidad al líder y al partido era recompensado con cargos públicos y con la tácita habilitación a cometer  hechos de corrupción dentro del Estado. Había técnicos y profesionales en la administración de Stroessner, sí, pero se dedicaban obediente y exclusivamente a sus tareas.

1989, o el golpe militar contra Stroessner, no perturbó al Estado prebendario y clientelar colorado que entonces estaba sólido. Fue apenas una marca más dentro de su proceso. Lo novedoso de aquel golpe es que, hábilmente, los colorados cedieron para compartir cargos públicos con otros partidos, principalmente con el PLRA, en principio. Luego fueron entrando otros partidos al Estado. Pero, hasta hoy, los colorados nunca habían perdido hegemonía. En otras palabras: el Estado construido por Stroessner se amplió en cargos para acoger a los demás partidos, y siguió siendo prebendario y clientelar.

El creciente poder empresarial

Paralelo a este proceso estatal, los empresarios vivieron el suyo desde 1989. Ya sin el control del régimen dictatorial, y favorecidos por los fuertes vientos del mercado mundial capitalista, los importadores, los banqueros y, fundamentalmente, los agroexportadores, con los sojeros y ganaderos a la cabeza, fueron acumulando riqueza económica. Algunos siguieron con sus viejos negocios de contrabando, ganadería y re-exportación, con la complicidad y la ayuda del Estado “democrático”; otros cambiaron de negocio y entraron en un proceso de legalización con la soja, los bienes inmobiliarios, los medios de comunicación, los supermercados, los cigarrillos. En este proceso también crecieron con potencia las empresas trasnacionales, sobre todo las del agronegocio  y las financieras.  

En la medida en que la facción partidaria –colorada y liberal- del Estado fue debilitándose, paulatinamente, la facción empresarial del Estado fue fortaleciéndose. En estos 23 años post dictadura, pasaron lentamente de subordinados en el estronismo a poderes de facto en la era democrática.  Y fueron metiendo a sus miembros, de a poco, en el Estado, en los espacios técnicos.  Habían intentado, prematuramente, controlar el Estado con Juan Carlos Wasmosy, entre 1993 y1995, pero no tuvieron la fuerza suficiente para vencer a las facciones partidarias.

La apariencia muestra que el pasado 20 de abril, en los comicios generales, los sectores empresariales habrían puesto sus botas de cazadores sobre el tigre muerto, con la elección de Cartes en la presidencia. Da la impresión que hoy los sectores empresariales son los poderes de facto y los administradores directos del viejo Estado estronista, dejando de lado a los que administraron para ellos ese Estado: a los políticos de los partidos. Y parece lógico este relevo: si hoy controlan la economía, tienen el poder de los medios de comunicación y están aliados con los poderes trasnacionales, ¿Porque no tendrían que comerse toda la torta?

Convivencia con nueva hegemonía

Cómo la vida –y menos la política- no es en blanco y negro, ambas facciones de poder seguirán conviviendo, pero con la hegemonía completa de los empresarios sobre los partidos. Todo indica que los partidos seguirán siendo funcionales al Poder Oligárquico y Colonial, pero subordinados en todo sentido a los empresarios. De esta forma, los empresarios ya no se preocuparan si con sus medidas neoliberales afectan los intereses prebendarios y clientelares de los partidos, como antes sí se preocupaban.  

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