Del EPP y otros demonios

¿Operaciones de bandera falsa (False flag operations) en Paraguay?. (Análisis). 

«La situación en la que nos encontramos actualmente luego del asesinato de cinco personas en Tacuatí, parece un nuevo caso de escuela en la implementación de la técnica» (…) «Este tipo de operaciones de desestabilización sirven para crear una situación de alarma y terror en la población que sirve de justificación para instalar un estado policíaco y para neutralizar, vía criminalización, a un adversario político o la acción de movimientos sociales cuya ascensión comienza a tornarse inquietante». 

El EPP se atribuyó en un supuesto comunicado el asesinato de 5 guardias privados en Tacuatí. 

Una de dos. O las fuerzas de élite de la Policía Nacional y el ejército paraguayo son un completo fiasco, absolutamente incompetentes y rematadamente estúpidos, a tal punto que desde hace casi 10 años persiguen sin éxito a un puñado de  personas organizadas en una supuesta guerrilla que pretendería constituirse en un foco revolucionario que lleve a las masas proletarias y campesinas a la insurrección popular;  o por el contrario, con esta historia del EPP, nos están queriendo vender gato por liebre.

Ciertamente, las fuerzas policiales y militares de nuestro país no gozan de la reputación de profesionalismo, institucionalidad, honestidad y eficacia en la lucha contra el crimen y la inseguridad, por el contrario cuentan con un funesto pasado (y presente) en el que sus más altos cuadros están envueltos recurrentemente en graves actos de corrupción, apropiación indebida de bienes del estado, protección y complicidad con criminales y delincuentes, responsabilidad en crímenes de lesa humanidad y una estructural partidización. Una mirada al informe de la Comisión Verdad y Justicia del Paraguay y una lectura atenta de la prensa bastan para confirmar la veracidad de esta afirmación.

A pesar de este triste historial de corrupción e ineficiencia, resulta un tanto difícil creer el relato oficial, que nos presenta al EPP como una especie de “Garabombo el invisible”[1], que siempre consigue escapar al cerco policial y militar, a pesar de las múltiples declaraciones de estado de excepción y la militarización de una  zona de conflicto bastante localizada y circunscripta.

Sin embargo, las acciones del EPP siempre tuvieron una gran eficacia, pero no en el sentido de arrastrar a las masas de desarrapados a la lucha revolucionaria, sino en la posibilidad que otorgaron al poder oligárquico de dar una vuelta de tuerca más en el sistema represivo y en la profundización del autoritarismo imperante en el Paraguay. De esta forma las acciones adjudicadas al EPP sirvieron sobre todo para desplegar una eficaz campaña para aterrorizar a la población, para criminalizar todo proyecto político alternativo y para mantener a raya a los grupos políticos que surjan con tales ideas y que rompan con la marginalidad en la que se encontraban.

La estrategia no es nueva. El historiador suizo Daniele Ganser, profesor de la Universidad de Basilea, en su libro “Los ejércitos secretos de la OTAN: la operación Gladio”[2], habla de unos manuales secretos de contra-insurgencia del ejército norteamericano, conocidos como los “Field Manual 30-31B”, estos fueron elaborados en plena guerra fría y estaban destinados a las fuerzas especiales que operaban en los países miembros de la OTAN (aunque no solamente) y tenían por fin principal establecer estrategias ante una eventual invasión soviética a Europa del oeste.

Sin embargo, rápidamente, al no concretarse la invasión desde Moscú, se pasó a la acción directa para frenar el avance de las fuerzas políticas de izquierda en el continente europeo. Recordemos que al finalizar la segunda guerra mundial, en muchos países de Europa occidental los partidos comunistas gozaban de una gran popularidad por su lucha contra la invasión nazi y eran una fuerza parlamentaria importante en varios estados. Impedir que dicha popularidad se transforme en posibilidad de llegar a los gobiernos era un objetivo estratégico para los norteamericanos y sus aliados de la OTAN y para ello desplegaron la operación Gladio a cuyos miembros se dirigía el manual en cuestión.

Una de las acciones promovidas por estos ejércitos secretos son las “false flag operations” u operaciones de “bandera falsa”. Estas consisten en que los servicios de inteligencia de un determinado país, cometan asesinatos, masacres u actos terroristas que son atribuidos luego a sus adversarios políticos, para desacreditarlos y deslegitimarlos. Existen varios casos muy bien documentados sobre este tipo de acciones, pero quizás el más emblemático a nivel internacional sea el de las Brigadas Rojas italianas de los años 70, que fueron hábilmente infiltrados por los servicios secretos anglosajones (CIA y MI6) con agentes de extrema derecha que cometieron varios atentados y asesinatos que adjudicaban luego a las Brigadas Rojas. Esto fue incluso objeto de una investigación del parlamento italiano y está contenido en el informe Andreotti (apellido del primer ministro italiano de la época que ordenó la investigación)[3]

El objetivo de este tipo de operaciones es evidente, aquí un extracto traducido del Field Manual 30 – 31b:

«Puede haber momentos en que los gobiernos receptores se muestren pasivos o indecisos ante la subversión comunista y, según la interpretación de los servicios secretos estadounidenses, no reaccionen con suficiente eficacia (…) Los servicios secretos del ejército US tienen que contar con medios para realizar operaciones especiales que convenzan a los gobiernos receptores y a la opinión pública de la realidad del peligro insurreccional. Para alcanzar dicho objetivo, los servicios estadounidenses deben tratar de infiltrarse entre los insurgentes mediante agentes enviados en misión especial, que deben formar grupos de acción especial entre los elementos más radicales de los insurgentes (…) De no ser posible infiltrar con éxito a esos agentes en los mandos rebeldes, puede resultar de utilidad usar como instrumento a organizaciones de extrema izquierda para sus propios fines con vistas a alcanzar los objetivos expuestos anteriormente. (…) Estas operaciones especiales tienen que mantenerse en el más estricto secreto. Sólo las personas que actúan contra la insurrección revolucionaria conocerán la implicación del ejército estadounidense en los asuntos internos de un país aliado.»[4]

Si bien el vocabulario es de la guerra fría, las instrucciones generales mantienen bastante actualidad. Concretamente, este tipo de operaciones de desestabilización sirven para crear una situación de alarma y terror en la población que sirve de justificación para instalar un estado policiaco y para neutralizar, vía criminalización, a un adversario político o la acción de movimientos sociales cuya ascensión comienza a tornarse inquietante.

Mirados a distancia podríamos identificar varios actos y asesinatos de la llamada transición política del Paraguay desde la óptica de este tipo de acciones. Es importante precisar que en algunos casos no están destinados exclusivamente a la izquierda, sino también pueden ser utilizados para un ajuste de cuentas dentro de la propia derecha y de los grupos dominantes.

En tiempos más inmediatos, la masacre de Curuguaty parece responder perfectamente al perfil de una operación “false flag”, en este caso la acción sirvió para tumbar a un gobierno, que si bien no era excesivamente molesto a los intereses de los grupos dominantes, abría las puertas a que la gente respire un aire diferente y daba alas a las expectativas de profundizar cambios sociales que se orienten hacia una mayor justicia social.

Con lo que no contaban los ideólogos de la operación Curuguaty es con la acción ciudadana, que rápidamente consiguió desenmascarar la jugada y a través de una eficaz campaña de comunicación e investigación pudo mostrar las hilachas del montaje, con lo cual la supuesta responsabilidad de campesinos radicalizados y eventualmente del EPP fue rápidamente puesta en entredicho y se vislumbra más bien la posible participación de grupos paramilitares y de elementos de los grupos facticos interesados en la caída del gobierno de Fernando Lugo. El montaje judicial que sigue en marcha, llevado de forma tan groseramente arbitraria, no parece sino confirmar tales hipótesis.

Para que este tipo de acciones sean eficaces, tienen que ser amplificadas por los medios de comunicación para lograr el efecto de terror y pánico generalizado que predisponga a la población a aceptar recortes en sus derechos y de garantías constitucionales básicas y por otro lado, para generar sentimientos de rechazo, hostilidad y repudio a quienes se indica como los responsables de tal situación: los campesinos organizados, los jóvenes estudiantes, los sindicatos en lucha o los grupos políticos progresistas y de izquierda.

La situación en la que nos encontramos actualmente luego del asesinato de cinco personas en Tacuatí, parece un nuevo caso de escuela en la implementación de la técnica que nos ocupa. Todos los elementos mencionados están presentes. El desenlace es invariablemente el mismo. Más estado policíaco, más retroceso en derechos y libertades fundamentales, campañas mediáticas de amedrentamiento que reduzcan al mínimo toda resistencia ciudadana a tales retrocesos y la criminalización de los adversarios políticos y los movimientos sociales más combativos.

Desde ahora el Presidente de la República cuenta con poderes especiales para militarizar el país, las Fuerzas Armadas resucitan la tesis del enemigo interno, toda organización o fuerza política que se oponga a tales actos será asimilado sistemáticamente al campo del “enemigo interno” y será combatido como tal.

En pocas horas hemos asistido a un verdadero vendaval de acusaciones que apuntan a los nuevos enemigos: los maestros en huelga son haraganes y cuasi delincuentes, el Frente Guasu y sus senadores son el brazo político del EPP, la Iglesia Católica fue la propiciadora de la guerrilla, la Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay y los grupos que se reúnen en su local son hostigados con presencia policial frente a su local y un persistente (y descabellado) llamado a derogar la vigencia de los Derechos Humanos en el país.

Una operación de bandera falsa dio lugar al golpe de estado parlamentario que tumbó un gobierno díscolo y busca poner contra las cuerdas a un creciente número de ciudadanos/as que ya vota propuestas políticas diferentes a las oligárquicas y a una juventud despolitizada pero potencialmente presta a movilizarse si encuentra los argumentos que la convenza de que su futuro se juega hoy.

Los estrategas de los grupos dominantes son muy conscientes que no podrán gobernar basados en cotas de popularidad elevadas, esta se erosionará rápidamente puesto que la población está harta y espera resultados inmediatos y visibles a corto plazo. Resultados que no  están en los planes del nuevo gobierno, por tanto, lo que queda es la mano dura y la represión que como lo vimos en tiempos recientes combinará hábilmente asesinatos selectivos de dirigentes campesinos (aunque no deben descartarse otros blancos), operaciones de bandera falsa para desestabilizar y para las cuales la existencia del EPP es muy útil, hostigamiento judicial y campañas mediáticas destinadas a erosionar la adhesión de los grupos que se resistan. El caso de la resistencia hondureña debe ser analizado como un escenario probable de lo que se viene en esta fase.

Para las fuerzas democráticas, progresistas y de izquierda del Paraguay se confirma la continuidad y profundización de un proceso durísimo al que deberá responder con inteligencia y firmeza. La resistencia contra el golpe parlamentario se transforma ahora en resistencia contra un gobierno autoritario, que consiguió una validación por las urnas, pero que responde exclusivamente a intereses oligárquicos y corporativos y que es cómplice e ideólogo del golpe de junio de 2012.

Cualquier vana esperanza que alguno pudo hacerse sobre el contenido de este gobierno tiene su contestación en menos de una semana. Desde ahora la tarea es defender las conquistas democráticas y derrotar el proyecto autoritario y expoliador del gobierno Cartes.

 

 



[1] Célebre personaje literario del desaparecido escritor peruano Manuel Scorza que tenía el don de ubicuidad y la capacidad de desaparecer y reaparecer.

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