¿Define hoy el Partido Colorado el “nuevo rumbo”?

Foto: Manuel San Martín

Bernardino Caballero con uno de sus gabinetes de gobierno. Foto: Manuel San Martín

El Partido Colorado cumple en la fecha 127 años. Al igual que el Partido Liberal (actual Radical Auténtico) nació luego de la Guerra Grande. Tal vez el dato más significativo de su gobierno de post Guerra Grande sea la ley de 1883 por la cual se habilita la venta de las tierras públicas: once millones de hectáreas. Durante el gobierno de su fundador, el general Bernardino Caballero. Esta decisión definió el modelo de explotación latifundista de la tierra en Paraguay por cerca de cien años. Yerbales y obrajes. Sepultada por la ocupación brasilera la incipiente matriz industrial (la fundición de hierro de la Rosada, Ybycui), el pueblo se recrearía en trabajos esclavo en los yerbales, en los obrajes, en las cosechas de los países vecinos, principalmente Argentina. Fuera de los latifundios se recrearía en la vida campesina minifundiaria, sin rubros de renta para la agricultura familiar y sin procesamiento de materia prima. Sin Estado y sin capital.
Desde 1900 se imponen los gobiernos “liberales”. Las comillas las usamos porque en realidad todo ese período post guerra el único pensamiento permitido para la clase dirigente era el “liberal”. Aparte de los latifundios explotados por capital extranjero (La Industrial Paraguaya, Mate Laranjeira, Carlos Casado…) durante los gobiernos liberales se ensancha un grupo de familias ganaderas que se constituiría en la clase económica local más importante. Desde ese tiempo apellidos como Zavala, Llano, Saguier, Guanes, entre otros, se afirman como parte del universo del pequeño poder local.

Luego de la Guerra del Chaco, esta “oligarquía entra en crisis”, nos cuenta el sociólogo y ex ministro de Relaciones Exteriores, Jorge Lara Castro.
Un desborde social (aparece el desempleo urbano masivo, entre otros fenómenos) que ese grupo “oligárquico” ya no podría administrar hasta que finalmente explota la Guerra Civil de 1947. La Guerra Civil del 47 marca el retorno definitivo del Partido Colorado. “Un pacto profundo con el pueblo”, nos dice el periodista Arístides Ortiz, lo deja en el gobierno en soledad. Alrededor de 400 mil personas de filiación liberal serían desterradas. Pero no lograban una mínima estabilidad hasta que, en 1954, aparece en escena el general Alfredo Stroessner. Se articula en torno de su figura el Partido Colorado, expulsándose de su seno, en poco tiempo, a líderes importantes como Epifanio Méndez Fleitas. La primera purga es al interior del Partido. En más, el régimen iría a copar el Ejército y a desarticular cualquier corriente de contestación, en la ciudad y en el campo.

El Partido Colorado aparece como el gran gerente del Estado y el Ejército como la gran fábrica de “hombres”. Por mucho tiempo, la baja militar se constituye en el documento más importante de todo varón. El Ejército, entonces, modela el prototipo de varón, de obediencia y prepotencia, y el Partido Colorado modela el tipo de caudillo civil–operador ahora- que gobernará el Paraguay contemporáneo.

Higinio Morínigo, segundo desde la derecha, consolidó nuevamente en el poder al partido colorado tras la guerra civil de 1947.

Higinio Morínigo le devolvió el poder al partido colorado tras la guerra civil de 1947.

El régimen de Alfredo Stroessner vendría a resolver la “crisis oligárquica”, sostiene Lara Castro. Esto se produce al ampliar, de acuerdo con esa mirada, a través de los jefes del Partido Colorado y los jefes del Ejército, el latifundio. Con esto se ensancha la ganadería, pero también, desde fines de los 60, otras formas de explotación del territorio. Además de las haciendas para los generales y coroneles, jefes policiales y partidarios, durante el régimen de Alfredo Stroeesner se habilita el territorio para la reexportación: traer mercaderías de afuera (incluidas las drogas y las armas), dejar un puchito en el país y reenviar a mercados externos, principalmente Brasil. Este modelo genera capitales jamás antes vistos en el país. Define el sistema financiero, con altísimos intereses, pensado en la compra y la venta. El Partido Colorado y el Ejército -sin descartar la Iglesia-  se configuran como las grandes instituciones de control, promoción y dominación. Por estas características, analistas como Carlos Martini y Luis María Lezcano (fallecido) denominaban a la ANR un Partido Estado.

El partido se encarga principalmente de la movilidad económica a través del empleo público y los cargos. Nadie, no colorado, podría ocupar puestos “públicos”. Se institucionaliza el padrinazgo para todo: el estudio, el remedio, el féretro. Para todo lo que en una sociedad altamente rural, sin rubros de renta (salvo la década dorada del algodón) y procesamiento de materia prima, necesitara dinero. Los presidentes de seccionales aparecen como los jefes comunales, barriales y distritales.
Luego del gobierno de Alfredo Stroessner, ya en pleno apogeo del neoliberalismo, el Partido Colorado seguiría siendo el mejor gerente para los sectores económicos de este país. Se reacomoda a los nuevos vientos de libre mercado, privatización y trasnacionalización de la economía. Pero su esquema clientelar (basado en el antiguo padrinazgo) entra en crisis por la explosión demográfica, el destierro permanente del campo y la presión social por derechos. La estructura de favores empieza a colapsar por la demanda de salud, educación, infraestructura. Una reconfiguración completa de los entornos urbanos, de sujetos ya sin casa propia, ya sin tierra, y con complicado acceso a los estándares de la nueva modernidad. El viejo caudillaje entra crisis (hay muchas historias que contar). Una nueva mayoría –de antiguos vicios y reclamos insatisfechos- aparece en escena para discutir una historia de 61 años.

Stroessner y jefes militares. Foto: LIFE.

Stroessner y jefes militares. Foto: LIFE.

Perdido el control financiero de la cosa pública, de la mano de Juan Carlos Galaverna aparece en escena pública, un año después de asumir Fernando Lugo, el gran patrón. El “salvador” del Partido Colorado –como lo llaman y lo han llamado muchos- Horacio Cartes. Profundo conocedor del modelo reexportador, en toda su dimensión.

Se encuentra el partido con un país cuya economía el régimen stronista construyó, pero que se ensanchó durante todo este tiempo, con una explosión de capitales muy superior y una transnacionalización tremenda. Jamás hubo tanta acumulación económica y tanta desigualdad al mismo tiempo en nuestro país. La mayor ganancia se la llevan del país las transnacionales del agronegocio, las comunicaciones, el narcotráfico. La sensación de que estos grupos de poder ya manejan a su antojo el país, utilizando toda la institucionalidad, incluidos los partidos políticos mayoritarios, es tremenda. Sobre todo luego de la masacre de Curuguaty (un golpe sicario, corporativo y transnacional) que cerrará la tienda de la falsa democracia abierta en 1989.

Endeudamiento externo y avance discrecional del agro negocio se conjugan con una política de abrir emprendimientos y patrimonios públicos al capital “privado” a través de la Alianza Público Privado. Cuando en la región hay un retorno del neoliberalismo, en este paisito hay un recrudecimiento, de la mano de un gran patrón, representante de un grupo que “compró el Partido Colorado y el país”, al decir de algunas gentes.
En este cuadro, al interior del Partido Colorado hay un intento de supervivencia de la estructura clientelar. El gobierno de Cartes juega con tecnócratas de empresas buena parte de sus fichas. Es una tensión no resuelta, con pronóstico reservado.

 

Foto: UH

Grafitti realizado por cartistas.

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