De tiranos que roban novias que son objetos de otros

«¿Qué tenés con Alfredo Stroessner, te sacó la novia o qué?» contestó el actual presidente de Paraguay, Horacio Cartes, cuando fue increpado por proponer como representante ante la ONU a “Goli” Stroessner, nieto del Dictador Alfredo Stroessner quien encabezó una dictadura de 35 años en Paraguay.

Goli Stroessner. Fuente de Imagen:

Ellos, los tres ellos que mencioné, pertenecen/pertenecieron al Partido Colorado, el cual además de esos 35 años de dictadura, estuvo 30 años más en el poder, 19 de los cuales pertenecen al así llamado “período democrático de Paraguay”.

Rápidamente y con un millón de justificaciones, nos indignamos todos. No sólo el presidente electo democráticamente (y por amplia mayoría) negaba la dictadura, sus mecanismos de desaparición, tortura, exilio, persecución, muerte y miedo; sino que, además, reafirmaba su voluntad de (además de negar lo anteriormente detallado) dar un declarado apoyo al nieto del dictador, nieto que reivindica a su abuelo públicamente, nieto que está acusado por diversos crímenes relacionados con el período dictatorial.

Lo atroz de la referencia cínica que hace Horacio Cartes sobre el stronato (con la fachada de “chiste” que busca encubrir su más oscura pertenencia ideológica) nos dejó sorprendidos.

La primera pregunta que HC realiza sirve para poner en duda lo que, a esta altura, debería ser un consenso: todos tendríamos que tener algo en contra de Alfredo Stroessner (incluyéndolo a él). Lo retardatario y conservador de su pertenencia “ideológica” fue una de las cosas que primero remarcamos. Su apañamiento a criminales de la dictadura. Su soltura para hablar del dictador como si hubiera sido sólo un señor “seductor” que robaba novias. Su disminución de la relevancia de las violaciones a los DDHH que perpetró Stroessner y su equipo de fieles seguidores.

Sin embargo hay algo que no se remarcó, que parece que en el estupor de lo acaecido se nos fue del análisis… vamos a tratar de buscarlo y traerlo de vuelta.

Cartes defiende a Goli Stroessner, de esta manera niega la perversa dictadura y respalda a quienes la sostuvieron (o sus sucesores), sin embargo no hace esto con una frase concreta y sólida, lo hace con un chiste. Con un chiste machista. Con un chiste de alto tinte patriarcal que pretende demostrar que el único problema que cualquier paraguayo puede tener con el pasado reciente de una dictadura que sigue calando hondo en la política y en los imaginarios sociales del país es que el tirano le “haya robado la novia a alguien”.

Novia que parece, sería de la propiedad de otro novio. Novia que no habría elegido con quien estar. Novia-Objeto poseída por un amo, robada por otro que luego la posee.

Detrás del «¿Qué tenés con Alfredo Stroessner, te sacó la novia o qué?«, siguió un “Te quitó la novia parece, te habrá sacado alguna novia” con un tono jocoso, como si fuera un chiste entre machos alfa que entiende que lo peor que hay es que te roben algo tan tuyo y tan poseído como una novia, una mujer.

Sí, claro, la primera respuesta que dimos fue lógicamente “NO, Cartes, no me robó la novia, me mató a un hermano, me desapareció a una prima, me exilió a mi padre, dejó sin trabajo a mis amigos, enviudó a mi tía, me destrozó la infancia y destruyó mi país”.

Sin embargo, detrás de esta respuesta se escondió el alto contenido patriarcal de esa frase. Entiendo, a veces cuando nos encontramos frente a discursos de una “rancia derecha patriarcal”, solemos responder a la defensiva a la primera parte de la fórmula, dejando la segunda para más adelante, o para nunca más.

Cartes podría haber dicho “¿Qué tenés con Alfredo Stroessner? ¿Te debe plata?” y esa hubiera sido otra forma de defender al tirano y de negar la dictadura. Una forma que probablemente hubiera tenido otro consenso y hubiera interpelado a otra sección de la sociedad.

 “¿Te robó la novia?” y todos los presupuestos que con esta frase llegaron, interpelan, claro, y nos horrorizan. Aunque este horror debería tener dos frentes (juntos, porque escindirlos, ya vimos en la historia reciente, no trae ningún beneficio): horror ante la negación de crímenes, dictadores, dictaduras, muertes y responsabilidades, por una parte, y horror ante machismo, machistas, naturalización y deshumanización femenina, por otra.

Cartes (al igual que muchos de sus votantes y de los miembros de su gobierno) vive en su mundo de derechas conservadoras, tiranos perdonados, crímenes negados, dictadores defendidos y heterosexuales posesivos.

La “gente” (ese colectivo que insistimos en usar los que nos dedicamos a escribir sobre “la gente”) mientras tanto, excluida de ese mundo, se dirime entre sus deseos de ser parte, sus deseos de no serlo y sus deseos de sobrevivirlo.

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