Cuatro cadenas norteamericanas controlan el agro negocio

Cuatro cadenas norteamericanas controlan el agro negocio en Paraguay. Bajo este paraguas, el capital brasilero cumple la función de penetración territorial con la producción sojera. Es un negocio que movió 4.000 millones de dólares en el2013, según el Banco Central del Paraguay.

Desde  el ingreso de la semilla transgénica en el Paraguay, a fines del 99, aunque legalmente en el 2.000, la transnacionalización de la economía paraguaya avanzó sobremanera. Más de tres millones de hectáreas de la región Oriental se utilizan para la producción transgénica. Con el grueso del negocio se queda la Monsanto, la empresa que produce la semilla y también el veneno que hace que la semillita crezca solita sin nada alrededor que la perturbe. La sigue muy de cerca la mayor comercializadora, la también empresa norteamericana Cargill, que en negociación con el Grupo Zucolillo mandó construir su puerto granelero (Puerto Unión) en Zevallos Cue, cerquita de la toma de agua de la ESSAP. Cargill es la empresa más grande de los Estados Unidos entre las de capitales cerrados. Es decir, entre las empresas cuyas acciones no se venden en la bolsa de valores.

La marcha internacional contra la Monsanto del año pasado

En la tercera escala del negocio aparecen Bunge y ADM, acopiadoras y también comercializadoras. Entre todas ellas controlan la mayor parte del negocio: agroquímicos, puertos, transportes. Bajo el paraguas de esta trasnacionalización de nuestra economía agraria, el capital brasilero aparece en su rol de ocupación territorial. La mayor parte de la producción primaria y las herramientas: siembra, cosecha, tractores.

Esta situación ha motivado que el sociólogo Ramón Foguel dijera, en un seminario en el Ministerio de Defensa Nacional, cuando al frente de esta institución se encontraba el general retirado Luis Bareiro Spaini, “de qué soberanía podemos hablar si cadenas norteamericanas controlan la estructura agraria del país”.

Si bien no hemos podido acceder a datos muy precisos, el nivel de renta de la producción de la semilla transgénica estaría oscilando entre el 60% y 70%, niveles que no registran otros negocios agrícolas, situación que ha elevado sobremanera el precio de las tierras en las zonas de penetración.

Actualmente, los sojeros llegan a pagar hasta 30 millones la hectárea. La penetración sojera ha venido a desatar la depredación boscosa al punto que en la actualidad ya solo se cuenta, en la región Oriental, con un millón de hectáreas de bosques, la mitad de ellos se encuentra en las reservas. En 1940 el país contaba con once millones de hectáreas de bosques.

La soja en estado natural fue exportada en el 2013 por poco más de 2.600 millones de dólares, mientras que se exportaron cereales (maíz, trigo, arroz) por un valor de 728 millones de dólares según datos oficiales del Banco Central del Paraguay. Las importaciones de insumos y maquinarias para la producción de granos, en ese mismo año, rebasaron los 500 millones de dólares.

Este es el escenario en que se produce la disputa con las comunidades campesinas. Si bien las comunidades campesinas apenas manejan el seis por ciento del territorio agrícola, producen, según el ingeniero agrónomo Fredy Jara, 60% de lo que nuestra gente consume

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