¿Cuál es el problema con los crucificados?

La lucha de los trabajadores de la Línea 30 hoy nos  involucra a todos. (Opinión)

Hace más de 40 días, 10 choferes de la línea 30 (entre ellos una mujer) se encuentran crucificados y en huelga de hambre, en protesta por los despidos injustificados y el no reconocimiento de su sindicato. La lucha hasta ahora ha sido ardua y tormentosa, para ellos y para los que los rodean, inclusive para ciertos sectores de la sociedad que está siguiendo el caso de manera permanente.

A lo largo de todo este tiempo, los choferes han demostrado mucha firmeza en cuanto a sus reivindicaciones y la necesidad de lograr lo propuesto, sin conceder nada a la patronal, argumentando incluso que están dispuestos a dar sus vidas si no logran lo que piden.

Una pregunta que ronda por la cabeza de mucha gente es ¿qué puede llevar a una persona a tomar una medida tan extrema como la crucifixión, huelga de hambre e incluso la misma muerte en caso de no conseguir el objetivo?

Ciertos periodistas, defensores de derechos humanos y hasta militantes sociales, han llegado a decir en voz baja que es una medida “demasiado extrema” para con las reivindicaciones que tienen. Uno de los argumentos principales de esa tesis es que cuando empezaron la medida de fuerza estaban en “0” y a los 1 mes habían logrado que su sindicato sea reconocido, que 6 de ellos sean reincorporados y que 2 de ellos serían enviados a otra empresa. Sin embargo, ellos (los huelguistas) no dieron el brazo a torcer.

Es importante recalcar primeramente que la solidaridad no cuesta nada. Los trabajadores con la medida de fuerza no piden que nadie se crucifique con ellos ni que nadie ponga en riesgo su físico; solo solidaridad, lo que implica acompañarlos y difundir su situación. El caso ha tenido alguna repercusión mediática, lo que quiere decir que por lo menos aquellos más informados en el ambiente asunceno, están enterados de lo que ocurre. Sin embargo, la muletilla de muchos de los que deberían solidarizarse con ellos sigue siendo la misma: “su causa es justa, pero es demasiado extrema la medida”.

El psicoanálisis utiliza una categoría para definir este tipo de situaciones, llamada “negación”, en términos breves y “cristianos” (como se dice popularmente), implica negar un hecho que no se consigue asimilar de manera integral, al negar su existencia se activa el mecanismo de defensa que permite aislar lo que inquieta nuestra conciencia. Es algo que es utilizado a diario por cada uno de nosotros, pero en el caso de los trabajadores de la línea 30 se observa con mucha más fuerza. ¿Por qué?

Si bien podríamos decir que la medida extrema de dejar la vida por un puesto de trabajo es una medida demasiado “radical”, no es correcto quedarse solamente en la apariencia de un hecho. Es siempre importante desglosar su esencia, qué contiene en el fondo y qué mensaje transmite.

La medida de fuerza de los trabajadores puso de manifiesto algunos temas que eran sabidos, pero no tan notorios como ahora:

1) La voracidad de las patronales con respecto a los derechos laborales y los niveles de persecución a quienes se atreven a organizarse, pese a vivir como esclavos y ni qué decir la enorme desfachatez de los empresarios de transporte, que de manera descarada siguen pidiendo aumento del pasaje a la ciudadanía, mientras sus trabajadores viven en pésimas condiciones.

2) La visible incapacidad de las centrales sindicales, que pese a recibir jugosas sumas de dinero de cooperaciones internacionales, no han logrado acompañar de manera consecuente y constante la sindicalización y el respeto a los derechos laborales de muchos trabajadores paraguayos, que padecen similares o peores condiciones laborales que los de la Línea 30.

3) La clara política del Gobierno de Cartes en favor de los empresarios, ya que la Línea 30 pese a todo el conflicto sigue recibiendo subsidios por parte del Estado y el pueblo paraguayo, en otras palabras; los propios crucificados con sus impuestos están pagando subsidios a las patronales. Todo esto sin contar con la complacencia del Viceministerio del Trabajo para con los empresarios que en algunos casos ni siquiera asistieron a las reuniones tripartitas.

Decíamos que es importante rescatar la esencia de todo esto, lo que implica entender: que la situación de los trabajadores de la Línea 30 y lo que ellos nos están mostrando es el fiel reflejo de cómo vive la clase obrera en nuestro país, es una expresión gráfica y notoria del deterioro en la calidad de vida de los trabajadores, llegando a demostrarnos que incluso la muerte es un mal menor frente a la explotación animal de los patrones. Su lucha dejó de ser hace tiempo una mera lucha por las reivindicaciones propuestas inicialmente. Hoy nos  involucra a todos, demostrándonos que la lucha por la liberación nacional de nuestro pueblo es una cuestión urgente y, por sobre todo, requiere de sacrificios y mucha convicción.

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