Criadazgo: un tema que se debe poner en duda y derivar en nuevas prácticas

En Paraguay existen 46 mil niños que son obligados a trabajar como criaditos y no tienen la libertad de poder decidir: yo me quiero ir y volver junto a mi familia.

Imagen: http://boliviateamo.blogspot.com

En Paraguay existen 46 mil niños que son obligados a trabajar como criaditos y no tienen la libertad de poder decidir: yo me quiero ir y volver junto a mi familia.

Un caso hipotético. Juan Pablo y Rosalba forman una joven pareja con dos hijos pequeños. Como ambos trabajan, necesitan ayuda con las tareas domésticas y el cuidado de los niños. Maria, la empelada de una prima de Rosalba, le dijo que tiene una hermana de 15 años que es de Concepción y que quiere trabajar, no estudia, pero le gustaría. La pareja conversó y vio que les sería de mucha ayuda, pero que más importante sería la ayuda que otorgarían a la chica pues le ofrecían una cama cómoda, techo, buena comida y estudio. Existe un dicho que versa: de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno.

Desmontar la cultura del criadazgo

Hace días Rubén Rodríguez, el famoso conductor y animador de televisión, confesaba al aire que tiene una criadita pero que vive muy bien y está contenta; su comentario era a raíz de la campaña que actualmente se difunde para terminar con esta práctica del criadazgo.

Mabel Benegas, de Global Infancia, la organización que impulsa la campaña Terminá con el Criadazgo, entiende que modificar la cultura que sostiene esta práctica como algo normal y socialmente aceptado, no es cosa de corto plazo. Por eso, en primera instancia apuntan a generar debate sobre el tema y que, en ese proceso, se entre a cuestionar esa creencia. Si al menos logran que la sociedad hable de esto y lo ponga en duda, puede generar nuevos comportamientos y prácticas.

“Creemos que dos son los pilares que sostienen esta práctica. Por un lado, la familia que envía a sus hijos a la capital a trabajar lo hace porque cree que tendrá un futuro mejor en educación, alimentación, vivienda pero desconocen los riesgos a que están expuestos. Por otro lado la creencia cultural de la familia que acoge de que hace una práctica de caridad o solidaria”. Según Mabel, de ambos lados se desconoce o no se atiende la situación de explotación, sin descanso y de desvinculación con la familia.

Siempre hay una situación de discriminación

No se puede negar que existen familias que acogen criaditas y las tratan bien, les limitan el horario de trabajo, les ayudan con el estudio, pero “siempre se da en una situación de discriminación. A lo mejor va a la escuela, pero no a la misma a la que van los hijos, sus ropas  son siempre de menor calidad, los festejos de cumpleaños no son iguales, no tienen libertad de estar con su familia cuando quieren, los padres no tienen tanta facilidad para visitarles, hay una añoranza del niño a la familia.

Además, el ilegal. Cuando una familia lleva a un menor a vivir a su casa, a menos que asuma esa responsabilidad bajo la figura legal de la guarda, por ejemplo, está cometiendo un delito. La ley es explícita, desde los 16 años se puede contratar en el caso de menores de edad y bajo condiciones muy claras: solo de 4 a 6 horas, no debe trabajar en horario nocturno, sí o sí debe ir a la escuela, la persona empleadora debe estar inscrita en el registro del adolescente trabajador y trabajadora de la Codeni…

Con el niño o la niña en situación de criadazgo se da una serie de situaciones que pasan desapercibidas y que porque comen o estudian, las personas que sostienen esta práctica creen que ya todo está resuelto. No tienen la libertad de poder decidir: yo me quiero ir y volver junto a mi familia.

 

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