Crece la tensión en el campo

¿Paraguay camino a la explosión social?

Una mujer víctima de la represión policíal en Luz Bella, el sábado pasado. Los campesinos protestaban contra el desmonte de los sojeros. Foto: Luz Bella Comunicaciones.

Enero, que suele ser un mes tranquilo, estuvo signado por movilizaciones, enfrentamientos y violentas represiones en el campo y la ciudad. En la capital las manifestaciones populares se suceden contra el aumento del 20% del pasaje del transporte público, y en las zonas rurales los campesinos se enfrentan a los sojeros, por la forma indiscriminada que fumigan sus campos, que además de los cultivos alcanzan sus casas, intoxicando a familias enteras.  Durante la presente zafra ya se utilizaron 25 millones de litros de glifosato, herbicida que además de eliminar hierbas ya mató a varios campesinos en lo que va de la década.  Pareciera ser que los sojeros están más interesados en eliminar campesinos que hierbas.

En los últimos días, miembros de la Federación Nacional Campesina (FNC),  armados de palos y machetes formaron barreras humanas para impedir que se siga fumigando, y otro grupo secuestró y tumbó un camión que transportaba toneladas del grano. Es la primera vez que se producen enfrentamientos tan directos entre las multinacionales y los campesinos, lo que está desembocando en una grave polarización en el campo.

La solícita fiscala Lilian Ruiz, siempre obediente a los sojeros,  ya imputó a 40 dirigentes por su oposición a las fumigaciones. Los sojeros violan las leyes ambientales, pero los imputados son sus víctimas.

La fiscala Ruiz, con quien la inteligencia no ha sido muy generosa, fundamenta su acusación diciendo que los campesinos utilizan “métodos cubanos y venezolanos” en su lucha social. Mientras, los sojeros siguen envenenando el campo, y los campesinos son procesados por no dejarse fumigar.

La tensión va creciendo, y el último fin de semana fue asesinado un productor campesino por desconocidos en San Pedro, foco del mayor conflicto territorial. Nadie descarta que el crimen forme parte de la escalada de violencia instalada en la zona como consecuencia del agudo enfrentamiento entre sojeros y campesinos.

Debido al aumento de las exportaciones el 2% de la población ya festeja un crecimiento record del 13% anunciado para este año, uno de los más altos del mundo. Pero en el otro polo los augurios no son halagadores. La miseria que ya alcanza al 25% de la población se ira ensanchando precisamente por la profundización de ese modelo agroexportador que enriquece solo a unos pocos.

La indignación empieza a recorrer las campiñas, y el conflicto es sin retorno. El país transita un callejón sin salida, los sojeros precisan más tierras para aumentar su producción, y los campesinos para seguir alimentando a sus hijos. La lucha territorial llegó al colapso. Parece ser que una explosión social está a las puertas, y el festejo de sojero no será tanto.

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