Corto “Ni una sola palabra de Amor” encontró a sus protagonistas reales

El corto que rápidamente se convirtió en viral en internet, basado en llamadas grabadas en un casete de contestador, encontró a sus protagonistas en la vida real.

María Teresa (izquierda) y Andrea Carballo (derecha) quien la intepreta en el corto «Ni una sola palabra de amor». Fuente de Imagen: Diario Clarín

La historia comienza con un casete encontrado en un mercado de pulgas por Santiago Barrios, el audio del casete luego fue editado y subido a Internet por Mariano Germán Flores.  Matías Kirschenbaum difundió el enlace de la grabación y luego Javier Rodríguez propuso hacer un cortometraje. Para protagonizar a la voz femenina en el contestador fue elegida la actriz argentina Andrea Carballo.

El corto, basado en el casete encontrado, muestra a una mujer, María Teresa, casi desesperada por hacer contacto con su pareja, Enrique, quién no le contesta los mensajes dejados en el contestador.

El corto recorrió festivales internacionales y ganó premios en España, Italia, Bélgica, Alemania, México, Brasil y Colombia. Hasta el día de hoy el corto ya tiene más de 680.000 reproducciones en youtube.

Días atrás, la periodista María Noel Scanarotti del diario Clarín de Argentina dio con la pareja real de la historia en las afueras de Mar de Plata y realizó una entrevista con María Teresa.

En la entrevista la protagonista real del “drama” refiere que el casete era de 1998, cuando Enrique, su pareja se había ido a vivir al departamento de un amigo y se había comprado un contestador. Recuerda que en aquella época él había tomado un empleo de chófer de ambulancias que lo tenía trabajando de 6 de la mañana a 11 de la noche, que la tenía medio “abandonada” y que nunca fue de hablar mucho, incluso hasta el día de hoy, donde ella siempre es la más locuaz.

Parte de la entrevista concedida por la verdadera protagonista de la historia y difundida por el diario argentino Clarín dice cuánto sigue:

¿Cómo se enteró del video?

Lo vi en la tele y no le di bolilla porque no le presto mucha atención a YouTube y no pierdo tiempo en eso. Además, no me llamaría la atención un video así. Al principio lo noté como una persona que llama por teléfono e insiste para comunicarse con el otro. En realidad fue eso, una serie de llamados míos durante el día

¿Cuándo se dio cuenta de que eran sus voces?

Al principio no le reconocí la voz, sí dije ‘Qué casualidad, un Enrique y una María Teresa’. Después de verlo dos o tres veces en varios canales de televisión me pareció que era mi voz y llamo a Enri, y le digo ‘Che, me parece que somos nosotros’. Como veía la cara de la chica, no me daba cuenta que era yo, hasta que me llamó mi hermano en ese ínterin y confirmé que éramos nosotros.

¿Y qué sintieron cuando reconocieron sus voces?

Qué raro es esto de ser famosa y conocida. Uno es famoso pero desconocido, y en esta historia salió a la luz una intimidad que da lugar a la imaginación de la gente. Con esto, me empezaron a llamar todos los amigos y familiares que nos habían reconocido. Ahí nos empezamos a sentir extraños y yo a dar mínimas respuestas. No podía contar toda la historia porque es larga.

¿Algo que nos pueda contar?

Es la historia de un matrimonio de 30 años y los 10 llamados fueron un punto, un episodio. Detrás de eso hay una historia que supera a la ficción pero que es interesante de analizar para ver cómo se sigue después de un distanciamiento así. Uno piensa que era un drama amoroso pero había otras connotaciones, problemas financieros… Todavía es más interesante para las mujeres porque debemos ser muchas las que estamos en esas situaciones. Yo le había dado un raje violento pero necesitaba que volviera. Yo siempre digo que si viene Campanella y me pregunta sobre la historia, hacemos una película ya.

 ¿Qué les pareció el video?

Me encantó y nos reímos mucho con Enrique. Vimos que el corto tenía premios, que el director lo hizo muy bien y el rol de la chica también está muy bien logrado. Ella no es parecida a mí en la personalidad porque yo tengo una bastante más fuerte de la que se ve. Pero está muy bien ella, lo logró.

Cuando Enrique finalmente responde, usted cambia el tono de voz y eso se ve reflejado en el video con un cambio de actitud.

En ese momento estaba ansiosa porque había urgencias para resolver y había tomado la decisión de echarlo; pero no era lo quería. Son esas ambivalencias que también tenemos las mujeres, por eso el cambio del tono de voz cuando me atiende. No lo cambié porque era una boluda, al revés, porque uno sabe cómo hacer para que no se ahuyente. Si yo seguía con el mismo tono, él no iba a venir. La receta es saber cuándo cambiar el nivel de voz del reclamo; siempre intentás lograr un propósito. A lo mejor esa reacción es por mi profesión.

¿A qué se dedicó?

Fui empresaria y docente. Siempre trabajé por objetivos. A lo mejor es también una deformación profesional. Uno trabaja por objetivos y actúa por objetivos. Y siempre me pregunté qué quería conseguir. Bueno, ahora está la otra parte, yo también tenía angustia al no recibir comunicación.

 ¿Por qué cree que el video tuvo éxito y repercusión?

A mi me dio la impresión de lo que más llamaba la atención es que estaba bien hecho. Pero después me empezaron a decir que era por las cosas que yo decía y el tono de voz que tengo. Es cierto, uno es docente, estudió coaching, y tiene una voz con tonalidades que pueden llamar la atención. Además de la personalidad que hace que uno llame atención por lo que uno dice.

Y las mujeres se identificaron con muchas de las cosas que usted dice

Yo creo que hay un misterio en que las mujeres nos vemos identificadas con esto de reclamar la atención, la comunicación, o la presencia.  Hay un momento en el que yo digo siempre la ausencia, siempre la ausencia, la ausencia de mi vida. Y es verdad que tenía angustia porque no tenía comunicación de parte de él. La comunicación de él sigue siendo la misma. Cuando puede, habla, cuando no, no habla. Y la mayoría de las veces, no habla (risas). Eso lo debemos pasar muchas mujeres, muchas chicas se debieron ver identificadas.

Fuente: Diario Clarín

Corto: «Ni una sola palabra de Amor»

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