Conocimiento y emancipación

Discurso del ensayista paraguayo Paulo López, al ganar el Concurso de Ensayos Rafael Barrett, organizado por la Secretaría Nacional de Cultura.

Paulo López durante su discurso

Uno de los factores que cimentan el status quo social es la subordinación del saber al poder. La corrección académica postula como una de sus premisas la necesidad de ser “neutral” y “objetivo”; de modo a apartarse de las tan denostadas posturas “ideologizadas”.
En realidad, nada hay más ideológico y funcional a la conservación de los sistemas de dominación que una elite intelectual simuladora. Por ello, por su carácter disruptivo, compartimos las palabras del compañero Paulo López, pronunciadas al tiempo de recibir el premio como ganador del Concurso de Ensayos Rafael Barrett, organizado por la Secretaría Nacional de Cultura.
Dijo Paulo López:
Al indio se le escriben ditirambos mientras le condenan a morir en la miseria, decía León Cadogan. Y yo aquí hablando de ellos y ellos, muriendo en las plazas y en sus humildes tapýi. Hago mío aquel cuestionamiento que se hace Barrett, y que me hago yo mismo: “¿Y yo qué soy? El caballero andante de los pobres… El apóstol bien abrigado, bien alimentado, en su cómoda vivienda; el rebelde que se permite el lujo de cantar las verdades a los jueces y que no consigue correr riesgo alguno; el feliz revolucionario que tiene amigos en la policía y mira desde la ventana al lamentable ejecutor del código, al esclavo con casco y machete y polainas”.

Los cañones del Estado siguen apuntando hacia los pobres. Es inadmisible que a casi 3 años de haber emprendido este proceso en el que muchos apostamos toda nuestra convicción y que apoyamos con entusiasmo, la fuerza represiva siga ensañándose contra los débiles, mientras se muestra generoso y servil ante los amos de la sociedad: “las asociaciones y federaciones del sector productivo”. Como si no fueran los obreros y campesinos quienes hacen germinar la tierra. Como se preguntaba ese escritor anarquista que se fundió en la conciencia y en la lucha de nuestro pueblo, el mismo a quien estamos homenajeando en esta ocasión. ¿Qué sería del capital sino lo oxigenan constantemente los brazos del trabajo? Pero para la prensa “independiente” ellos no son el sector productivo; son criminales en potencia, ignorantes, haraganes y borrachos.

Y en oposición a ese Estado generoso y servil ante las corporaciones, tenemos ese otro, intransigente en el cumplimiento de la ley cuando se trata de reprimir la protesta social y seguir desposeyendo a los que ya casi nada poseen, más que el hambre, la miseria y el dolor. El caso de la comunidad Makutinga, Itapúa, es el mejor ejemplo, donde la policía descargó el garrote y la pólvora contra los ancestrales dueños de esta tierra para meter la maquinaria y el veneno de la agroindustria. Total: indiontevoi ko hikuái. Y no estoy en contra de eso que dicen progreso, pero tampoco lo considero factible a cualquier precio, sin importar lo que cueste. Todas las épocas tienen su religión. Y ahora asistimos a una en que los sumos sacerdotes son los “señores empresarios”. Cuestionar lo ilimitado de su poder es la moderna herejía, es ser retrógrados, es estar en contra de la producción, del progreso, de la tecnología.. En contrapartida, matar pobres es muestra de civilidad y buenos modales.

Por eso no adhiero al espíritu meramente celebracionista del Bicentenario, la formación del estado-nación. Festejar nuestra propia derrota. La muerte definitiva de la más bella utopía guaraní, la que cantaron sus poetas, sus chamanes: la sociedad sin Estado. O como más radicalmente las definió Pierre Clastres: sociedades contra el Estado, el yvy marãe’ÿ, donde desaparece la más despreciable figura de la sociedad: la que ejerce el oficio de mandar.

Pero tampoco es un hecho menor haber desplazado a la más aberrante forma política jamás concebida, la monarquía, sus reyes y su dios del castigo y la penitencia. Más que nunca se aplica muy bien aquello de que los hombres crean a sus dioses a su imagen y semejanza. ¿Qué tipo de dios podían tener los colonizadores sino uno cruel y asesino como ellos mismos?

Y también es cierto aquello que decía Vargas Llosa en su discurso de recepción del Nobel respecto a que desde hace 200 años es nuestra responsabilidad y tampoco hemos hecho nada, más bien hemos reproducido y reforzado esa misma lógica.

Hasta ahora no me he referido en ningún momento a este ensayo ni al  concurso que nos convoca. Ya habrá tiempo para hablar de literatura. Ya habrán de leerlo. En sentido general se trata de una reconsideración epistemológica de las ciencias sociales latinoamericanas. El trabajo está inmerso en indagar aquello que Octavio Paz definía como estudiar a estas culturas bajo sus propias luces y particularidades diferenciales, asumiendo las limitaciones del corpus teórico de los racionalismos, materialismos y positivismos para comprender fenómenos totales. Impugnar el reduccionismo de las ideologías académicas de un supuesto núcleo desde el que se ha museificado al resto del mundo, desde el que se nos ha construido como objetos primitivos a los que hay que ayudar a entrar al proyecto supremo de la civilización occidental, a la Idea fundamental, centro hacia el cual deben converger los destinos de la humanidad toda. Como dijo no recuerdo quién ni apropósito de qué: no es que este traje le quede chico ni grande. No le queda para nada.

Nada más ajeno al espíritu de este ensayo que el concebir las culturas como compartimentos estancos o como elementos constantes y estáticos, ya que las culturas nunca han estado herméticamente aisladas, pero abriendo sí un campo más amplio y superador del estrechismo teórico construido desde el colonialismo cultural, incapaz de dar cuenta de la diversidad de las sociedades. La cuestión radica en replicar la historia oficial del poder, la de los héroes civilizatorios que vinieron a sacarnos de la barbarie. Mejor no nos hubieran hecho el favor. En algún momento, por cuenta propia, nos habríamos bajado de los árboles, ya sea a fuerza de caernos. Areíti jaikova’erã ko yvapeári. Pearã ñamombarete va’erã ñande reko, he’iháicha oporaíva.

Por supuesto, también es cierto aquello de que todos los pueblos son etnocéntricos. Tampoco se trata de privarse de cierta saludable autovaloración y asumir la importancia de nuestra acción histórica. Los mbyá se autodefinían como jeguakáva tenonde porãngue i: “los primeros elegidos que han portado el hermoso adorno de plumas”.  Los pãi tavyterã son los habitantes del pueblo del centro del mundo, los que velan por el equilibrio del universo en el Jasuka Venda, el lugar del principio germinal, la neblina eléctrica que hizo explosionar el cosmos.

Reivindico una forma de pensamiento cuyo vitalismo radica en que solo puede concebirse en contra del poder, cualquiera sean sus expresiones circunstanciales: Estado, patrón, profesor, doctor, juez, fiscal. Y me salgo del tema a propósito porque quiero dedicar esto a mis compañeros que diariamente se desangran triturados bajo la presión del sol, las planchas de concreto, humo, piedra y asfalto. Porque como bien lo dijo Barrett en su discurso sobre el derecho a la huelga ante aquellos trabajadores que se nutrían de su mensaje de resistencia: “Porque yo también soy obrero y no quiero ser otra cosa”.

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