Con vía crucis homenajean a los fallecidos en la masacre de Curuguaty

A un año y medio de la masacre de Curuguaty, el pasado domingo familiares de los fallecidos y activistas sociales realizaron un vía crucis conmemorando lo sucedido el 15 de junio de 2012, cuando en un viciado operativo de desalojo efectivizado con una orden de allanamiento fallecieron once campesinos y seis policías en las tierras de Marina Cue, propiedad del Estado usurpada por la empresa Campos Morombí.

El vía crucis recorrió una distancia de unos 10 kilómetros visitando el domicilio de los fallecidos que pertenecían a la comunidad de Yvypytã. Foto: Charizard.

El sol y el calor eran capaces de doblegar todo, menos la voluntad del centenar de personas que peregrinaron unos 10 kilómetros llegando al domicilio familiar de los siete fallecidos que pertenecían a la comunidad de Yvypytã, más el de Vidal Vega, testigo clave del caso que fuera asesinado a balazos el 1 de diciembre de 2012. El crimen se habría cometido en represalia a su cooperación con el equipo de investigación paralela que demostró las graves inconsistencias de la versión fiscal-policial de lo ocurrido.

Así, el duro peregrinaje fue transcurriendo por los domicilios de Arnaldo Ruiz Díaz, Adolfo Castro, Fermín Paredes, Luis Paredes, Avelino Espínola, Luciano Ortega, Ricardo Frutos y, finalmente, el de Vidal Vega. A la memoria de cada uno se rezaba un padrenuestro y se homenajeaba a los mártires que, a pesar de haber partido, siguen inspirando con su ejemplo de lucha. También recordaron a De los Santos Agüero, Delfín Duarte, Francisco Ayala y Andrés Riveros, quienes pertenecían a comunidades aledañas como Brítez Cue y Yasy Cañy.

“Peme’ê oréve fuerza. Todos los días ajembo’e penderehe”, clamó entre lágrimas Martina Paredes, hermana de dos de los fallecidos.

El sentido del vía crucis fue caminar por donde estos caminaron en el pasado y recordar el verdadero vía crucis que sufrieron hace un año y seis meses cuando, bajo la excusa de proteger una reserva natural, que ahora es un mar de soja en expansión, fueron asesinadas 17 personas para montar la trampa del golpe de Estado del 22 de junio.

Ante el altar erigido en homenaje a los fallecidos los peregrinantes rezaron un padrenuestro y renovaron el compromiso de no olvidar la lucha de los caídos. Foto: Charizard.

Ya pasado el mediodía los peregrinantes fueron llegando a las últimas estaciones para dirigirse luego al acto central que tuvo lugar en las tierras donde ocurrió la masacre.

Allí intervinieron varios oradores y artistas, quienes cantaron y declamaron versos infundiendo aliento a la lucha popular.

Sergio Peña ofreció un repertorio con canciones como “Ñemitÿ” y “Tetaguã sapukái” y Milton Vázquez relató las vicisitudes que causa la pobreza con “Tuku karu”.

En tanto, Maru Galeano declamó un poema en guaraní que, según relató, le surgió la noche anterior producto de la rabia que despierta la injusticia y el atropello contra las personas humildes.

“Ojeka che ruguy/ Hesay che pire/ Che resa ipytûmba/ Che apytu’u nokirirîvei/ Che kangue yvytu oguereháva kuarahy/ Ohekávo tekove/ Che jurúgui okañy Ñe’ê iporãveva…”.

La soja y la escopeta, símbolo de la violencia ejercida contra los campesinos, arden al pie del altar.

Soja y escopeta

El acto a la vera de la ruta concluyó con la quema simbólica de una escopeta y unas ramas de soja como símbolos del ejercicio de la violencia y la muerte contra los campesinos que reclaman un pedazo de tierra para vivir y cultivar.

Luego de reponer fuerzas tras el vía crucis, empezó un nuevo peregrinaje, esta vez hacia el campamento donde se desató la masacre.

A través del tape po’i cercado por el sojal, los caminantes se enfilaron al último trayecto del día. Una patrullera seguía de lejos a los peregrinantes.

Sentados en un círculo, entre guitarreadas y la renovación del compromiso de no olvidar, fue cayendo la tarde entre los restos del campamento que fuera derrumbado como un intento de destruir la memoria y que todo lo ocurrido pase al lejano olvido. Por ello, la intención es erigir un museo en el lugar como recordatorio a los mártires de la lucha por la tierra.

En su habitual hablar sereno y pausado, don Mariano Castro, de la Comisión de Familiares de Víctimas de la Masacre de Curuguaty, manifestó su alegría por el fraterno encuentro a pesar de la tristeza de los hechos que nos convocaban.

Entre música y el compromiso de no olvidar la jornada concluyó en lo que fuera el campamento donde fueron masacrados los campesinos.

“Avy’aiterei la jajotopa. Péicha avei aha’arõ la unidad porque si no nos unimos no vamos a ganar. Si nos peleamos entre nosotros no vamos a conseguir nada”, expresó.

Entre los últimos acordes que resonaban en el atardecer de la mano de Hugo Flecha, empezamos a desandar el camino recorrido. Además de la justicia y la libertad de los campesinos presos, la restitución de las tierras de Marina Cue a favor de los campesinos es una de las principales reparaciones reclamadas.

Como bien enfatizara en reiteradas oportunidades don Castro, “ndaikatúi ojeñoty soja ñande familia ruvy ári”.

 

 

 

Esta es la «reserva» Campos Morombí, un desierto de soja.

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