Con la ley en la mano, en saco y corbata

Rafael Filizzola, el hombre que institucionalizó el modelo represivo.

Filizzola ayudó a la modernización de las fuerzas policiales, pero el accionar no cambió mucho, defender los intereses de la oligarquía y brindarle seguridad fueron la prioridad. Foto: ElSalvador.com

A través de los grandes medios, la ciudadanía se entera de que el gobierno encabezado por Fernando Lugo estaba realizando muy buena gestión en Obras Públicas y en Seguridad interna. También de que varias rutas se estaban asfaltando y que el país, había sido que, se estaba convirtiendo en un país de cristal con una seguridad tipo Bruselas. Algo de la apocalíptica reacción sobre los desplazamientos de Efraín Alegre y de Rafael Filizzola no cuadra con la descripción incendiaria de los grandes medios y el sector económico ligado a la agroexportación, principalmente, de estos tres años sobre la gestión del gobierno de Fernando Lugo.

Es importante, sin embargo, abrir el escenario para comprender esta reacción mediática.

Tanto Filizzola como Alegre son una dupla perfecta para un fuerte sector económico vinculado a la agro exportación y las construcciones, principalmente, que hoy han crecido sobremanera.

Veamos por caso. Comencemos con Filizzola y en una segunda entrega abordaremos la gestión de Efraín Alegre.

El hombre de leyes

Filizzola, hombre de leyes, de muy buena formación política de centro, y no metido en esas corruptelas de vecindario ni cuartel, contestó una parte de la corrupción policial prohibiendo las guardias privadas hasta que una virulenta reacción en todos los mandos, con asaltos, brazos caídos, relajó la decisión. Luego hubo varias formas de jerarquización de la Policía que apuntaron a lavar la imagen de la perversa función que el régimen stronista le estableciera a la policía, fuerte y ostentoso con el débil, sumiso y cómplice con el poderoso. Filizzola, en ese marco, ayudó a la modernización de las fuerzas policiales, equipándolas con armamentos y flota de vehículos nuevos, entre otras medidas. También durante este tiempo hubo una confrontación más efectiva a las fuerzas del narcotráfico, hasta captura a uno de los hombres “más buscados”, Ximenes Pavao.

El marco de acción

Mas Rafael Filizzola ordenó una Policía en el marco de una política de Estado que defiende, sobre todo, la propiedad latifundista y la expansión del territorio agroexportador, principalmente la soja, frente a la agresión de los “invasores de tierra”.

Este eje central de la política del gobierno de Fernando Lugo ya se vislumbró con crudeza durante la represión sañosa de los campesinos que aquel 21 de noviembre del 2008 exigieron la renuncia del fiscal general. En esa oportunidad, en que se golpeó a mujeres en el suelo, ancianos indefensos, y se llenó de balines de goma el cuerpo de centenares de manifestantes, Filizzola respaldó la acción y también lo hizo Fernando Lugo diciendo que la “ley era para todos igual”.

Muy pronto, se ubicó, en consonancia con el reclamo fundamental de los grupos de poder económico, como central la lucha contra el Ejército del Pueblo Paraguayo. Se produjeron allanamientos violentos y torturas de familias campesinas, vinculadas la mayoría con la Organización Campesina del Norte, y se procesó a mucha gente como apoyo logístico basándose en pruebas inexistentes o indicadores poco serios como supuestas llamadas telefónicas de gente acusada de pertenecer a ese grupo delictivo. El caso de Sindulfo Agüero, de su familia y otras, es paradigmático. Es bueno echarle una mirada sobre estos asuntos cubiertos por un silencio mediático que peligra ubicar las luchas campesinas como marginales, ligadas a guerrillas, al terrorismo, para arrebatarles la conflictividad profunda en un tiempo en que buena parte de la dirigencia social se encuentra comprometida con el gobierno de Fernando Lugo.

La misión central del Ministerio de Filizzola fue la captura y desarticulación del EPP, excusa perfecta del aparato represivo para criminalizar y redimir a las organizaciones sociales y campesinas. En la foto, censurada en los medios, se observa a la fiscal Sandra Quiñonez intimando y tratando como a criminales a unos niños junto a su padre en un allanamiento en la Colonia Sidepar, Caaguazú. Foto: SPP

El Estado de excepción.

En esta disputa por recaudar el apoyo de los agro exportadores y otros encumbrados, el Gobierno instaló un Estado de Excepción en el 2009, cobija que se utilizara para meter miedo en la gente de la región Norte, aunque la cobertura mediática haya percibido más bien un aire de seguridad. En la lucha contra los vinculados con el EPP, el Gobierno impuso precio a la cabeza de la gente acusada como en el legendario farwest de las películas de Hollywood.

En términos generales, Rafael Filizzola se aplicó al libreto del grupo económico que utiliza a la fiscalía como punta de lanza en contra de las familias campesinas que resisten el avance del modelo agroexportador. Este modelo promete exterminar un extenso mundo rural hasta convertirlo en páramo de soja o pasto para vacas.

La derecha obró en todo este tiempo para concentrar el esfuerzo de vincular las luchas campesinas y otras luchas profundas con la insurgencia, intentando un consenso mínimo -que lo consiguió en la gran prensa- para embretar al gobierno a ser básicamente un gestor voluntarioso en contra de los “objetivos peligrosos” para el orden y la seguridad.

En contrapartida, no hubo una sola intervención aparatosa contra el incumpliemiento de las leyes medioambientales (causa de muertes, deformaciones y enfermedades agudas en el campo) ni contra el maíz transgénico prohibido ni contra los que robaron nuestras tierras.

Y no fue un policía stronista el que lideró este proceso de institucionalización de las fuerzas de seguridad para remozar el esquema represivo bajo este concepto. No. Lo hizo un hombre encorbatado, de familia bien, con aire socialdemócrata que ha fundado un partido llamado Partido Democrático Progresista.

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