Con culo no alcanza

Uruguay ganó la Copa con autoridad, con un 3 a 0 sobre la selección de Paraguay.

Justo Villar fue elegido mejor arquero del torneo. Foto: EFE

En los momentos  que escribo se están entregando los premios de la Copa América Argentina 2011. Se terminó el fútbol, con el resultado de que el mejor equipo ha sido sin sombra de dudas el uruguayo. Con individualidades sobresalientes, equilibrio, dinámica y solidaridad, la táctica del técnico Tabárez selló la verdad de que en estos momentos son la mejor selección de Sudamérica.

Ganó la final frente a un Paraguay no solo disminuido físicamente y con serias deficiencias en toda la amplitud de la cancha, sino con aroma a ciclo cerrado. Un buen ciclo, pero que respira el mismo aire que un matrimonio acabado; ésos en lo que es mejor separarse y guardar buenos recuerdos que seguir juntos hasta la tragedia.

La obligación de Paraguay de jugar solo defensivamente hasta llegar a los penales se debe quizá a la mezcla de falta de confianza y virtudes de los rivales, pero tengo la sospecha de que se debe más al agotamiento de un sistema táctico que Martino no supo o no quiso reinventar. Convengamos que tampoco le sobraban recursos en cuanto a calidad y variedad de jugadores, pero percibo un silencio obsecuente en cuanto a la peor convocatoria que recuerdo de este cuerpo técnico. Ausencias y presencias con las que personalmente no concuerdo no son argumento suficiente, pero creo que sí lo es el hecho de que en los partidos se notó tremendamente la ausencia de recambio. Y eso sin hablar de que nuestros delanteros entraban lesionados al campo de juego. Imperdonable hasta en partidos amateur.

Javier Viveros me dice que el fútbol no juega a los dados, que la casualidad y la suerte se acaban más temprano que tarde. No estoy seguro de lo tajante de su afirmación, pero algo de eso hay, la manera de llegar a la final no carece de méritos, pero evidentemente no alcanzan a la hora de enfrentar rivales con fútbol consolidado.

Sólo queda felicitar al pueblo uruguayo y esperar las decisiones de la dirigencia paraguaya de frente a la eliminatorias que empiezan en breve. Tenemos una relación con el cuerpo técnico o el sistema táctico o con el mismo proyecto de Martino que huele más a divorcio que a reconciliación, sin importar las posiciones alcanzadas estos últimos dos torneos.

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