«Como paraguayo, es absurdo no mirar el mundo desde las minorías»

Marcelo Martinessi, uno de los directores más representativos del cine nacional, habla en esta entrevista de cine y compromiso social, no ahorra alabanzas para la película «7 cajas», narra su fuerte paso por Tv Pública Paraguay. También explica su premiado cortometraje «Karai Norte», y anuncia la publicación de su proxima obra, «El Baldio».

 

Fuente: diariolarepublica.net

Martinessi es un realizador reconocido por sus obras premiadas en festivales internacionales. El más destacado es su cortometraje ficción “Karaí Norte” que colocó al Paraguay por primera vez en el festival de la Berlinale. El director Juan Carlos Campanela (“El secreto de sus ojos”) y el guionista y productor Guillermo Arriaga (“Amores perros”, “Babel”) le dieron el primer premio en el AXN Film Festival. Muchos lo relacionaron con una posición política ante el Golpe Parlamentario que depuso al gobierno de Fernando Lugo, siendo director de Tv Pública Paraguay. Lo acusaron de “Luguista”  por defender la Tv Pública del atropello a la libertad de expresión que cometieron allegados a Franco minutos después del Golpe. Con relación a este hecho,  Marcelo afirma: “si tuviese que volver atrás, haría exactamente lo mismo.”

Siguiendo su camino de cineasta, este año está preparando el estreno del corto “El Baldío”, basado en el cuento del Augusto Roa Bastos. “También estoy escribiendo una historia de ficción, pero respetando los tiempos del cine, sabiendo que el proceso de madurar el guión, encontrar apoyo y filmar va a ser largo”, comenta el director.

Una característica en la elección de las temáticas de las obras de  Martinessi es la relación con lo social, como son sus películas “Calle última”, basada en la situación de calle y explotación de niños y adolecentes; “Partida”, sobre las trabajadoras domésticas, o el proyecto “Meves”, sobre las atrocidades cometidas en los 35 años de dictadura stronista. Pero también sus trabajos se encuentran vinculados a la identidad, como  son los documentales “Paraguay inventado por Bartolomé Meliá” y  “Los paraguayos”. Sobre este vínculo del arte con lo social, Marcelo analiza:

Siendo paraguayo o paraguaya, es absurdo no permitirse mirar al mundo desde las minorías. Vivir en un país con tanta desigualdad y lo peor, en una sociedad tan indiferente, es una experiencia muy fuerte. Nuestros músicos y poetas, nuestros novelistas, pintores y algo de la escasa producción cinematográfica nacional, ya viene retratando estas desigualdades desde hace décadas. A veces desde una mirada compasiva o nostálgica, otras pocas desde una actitud más desafiante, tomando postura.

Me tocó la fortuna de estar involucrado en proyectos sociales desde siempre. Tal vez porque nunca quise hacer campañas políticas y las publicidades me salen bastante malas. Entonces me llamaban para campañas de derechos humanos, contra discriminaciones, relacionadas a cuestiones de género, de medio ambiente, de lucha contra la dictadura. Y eso te va (trans) formando de a poco. Las experiencias de ficción de ‘Partida’ (acerca de derechos de trabajadoras domésticas) y sobre todo Calle Última (guionada en conjunto con niños, niñas y adolescentes en situación de calle o explotación) me permitieron abandonar la narración en tercera persona y acompañar de cerca vivencias muy duras.

Escena de la película «Karai Norte». Fuente: radioam970.com

Por eso ahora, viendo con cierta distancia todo lo que pasó, me parece que ser parte del equipo de Tv Pública era como una consecuencia natural de todo ese proceso.  Quienes arrancamos en el proyecto vimos que ese era un lugar fundamental para dar espacio a minorías históricamente ausentes de los medios. Lastimosamente no pudimos concluir esa idea de entregar a la ciudadanía un canal con fuerte mirada social y que incorpore participación en la producción de contenidos.

Trabajar identidad es, sin embargo, casi como un camino paralelo. Estudiar y vivir fuera del país, en lugares con una fuerte historia e identidad que se reflejan en las artes, te hace necesariamente mirar tu país, buscar señales de pertenencia. Y yo siento que nuestra diversidad y lo que nos ha tocado vivir es muy rico, pero está poco elaborado aun. Entonces trato de que mis trabajos incorporen esa búsqueda, asumiendo las limitaciones personales de ser producto de un sistema educativo mediocre, de no hablar guaraní, entre otras pequeñas tragedias.

 “Karaí Norte” fue una experiencia que marcó un antes y un después en tu carrera. Háblanos de esto y de esa universalidad que genera esta obra contextualizada en una parte de nuestra historia paraguaya. 

Karai Norte ha sido para mi carrera profesional y para mi vida una experiencia esencial. Más allá de la buena aceptación del corto, aprendí mucho a lo largo de todo su proceso de construcción y del equipo de gente con el que me tocó trabajar.

‘Arribeño del Norte’ (cuento en el que se basa el corto) narra una historia que proviene de la tradición oral del Paraguay, que fue recogida por el autor Carlos Villagra Marsal, y transformada en literatura. Nosotros al adaptarla decidimos usar el guaraní, idioma original en el que el autor escuchó el relato, narrarla en blanco y negro, con equipos usados no más allá de los años 50, intentando imaginar lo que hubiese sido ese cuento hecho film en la época de su publicación.  La precisión y dulzura de los diálogos me conmovieron desde la primera lectura. Porque en Karai Norte es muy importante lo que no se ve, pero se intuye. Y tiene mucho de los saqueos y de la injusticia que impunemente siguen vigente hoy en Paraguay. Eso lo hace actual, universal, como también esa eterna espera al mesías salvador que está presente en casi todas las culturas.

Dejando de un lado el rotundo éxito de “7 cajas”, qué opinión te merece tanto el fenómeno que produce a nivel local como la proyección que está teniendo hacia afuera. Es decir, ¿crees que internacionalmente puede dar alguna sorpresa más? y por otro lado, ¿cuál es tu opinión sobre la película de Maneglia-Shembori?

“7 cajas” consigue meternos a un submundo y narrarnos vida y miserias de personajes cotidianos a los que les ocurre algo excepcional. Y lo hace de una manera entretenida, lúdica, nos mantiene todo el tiempo a la expectativa. Eso es fantástico! Y es un tipo de cine que hasta hoy no se había producido en Paraguay, al menos a esa escala.  También me sorprendió por el hallazgo de un actor que seguro tiene una feroz carrera por delante.

Conozco a Juanca y Tana desde que éramos jovencitos. Entonces me conmueve mucho ver que consigan hacer una película después de tantos años de esfuerzo. Sé que les costó muchísimo. Y consiguieron trabajar con un excelente equipo técnico y de producción, con un financiamiento razonable y lo más importante, con el desafío de llevar a las salas de cine a toda esa gente que les venía siguiendo desde hace años en las series de televisión. 7 cajas es un hito en ese sentido. Y no hace falta pedir más. Haber estado en Toronto y en San Sebastián ya es un logro demasiado importante para una película paraguaya.

Ojalá que esa fuerza sirva para que desde el Estado se puedan implementar políticas públicas en beneficio de la producción nacional, una ley, un instituto de cine, una forma de que esto continúe.

Escena de «El Baldio», la próxima película de Martinessi. Fuente: Marcelo Martinessi

Se te identificó con una imagen política dentro del proyecto Tv Pública Paraguay, siendo que tu proyección siempre fue artística. ¿Podés hablarnos del porqué se te identificó con esto?

Fui muy consciente de que las decisiones que tomamos en Tv Pública a partir del Golpe de Estado iban a tener consecuencias fuertes. Pero hay decisiones que son inexorables.  Y si tuviese que volver atrás, haría exactamente lo mismo.

Estábamos defendiendo la diversidad de voces ciudadanas. Digo estábamos porque nos acompañaba gente que había llevado adelante con nosotros ese sueño de una televisión pública de verdad: los luchadores contra la dictadura, campesinos, indígenas, jóvenes, artistas, intelectuales, mucha gente crítica.

El ataque sistemático a un proyecto de espíritu ciudadano vino de parte del gobierno de Franco, a horas de haber asumido. Es lógico que la gente salga a defenderse y que exprese su indignación en el Micrófono Abierto.

Esta reacción se leyó como una ‘toma’ del canal por parte de los movimientos de izquierda. Al menos eso decían las nuevas autoridades en los medios. Nada más lejano a la realidad. Allí había una resistencia pacífica. Los que vinieron con armas de fuego a querer desalojar fueron policías, también enviaron a efectivos armados vestidos de civil, cortaron la señal, entre otras muestras de autoritarismo.

Si hay alguna ‘etiqueta’ que me hayan puesto por eso, no me importa. Hice lo que creo que tenía que hacer. Aparte, me parece injusto juzgar todo un proceso de construcción de casi dos años en base a lo que pasó en esos días de quiebre democrático en Paraguay. Por Tv Pública habían pasado antes Galaverna, Oviedo, Sannemann, Alegre, Acha, Saguier y otros políticos de todos los partidos. Hablaron de lo que quisieron. Ese nunca fue un espacio en el que el gobierno de Lugo o el Ministro Dos Santos hayan impuesto las reglas. Había un bello ejercicio de autonomía.

 Se habla mucho del “auge del cine nacional” pero sin embargo no hay siquiera indicios de una ley de cine, ni una escuela, y se observa negligencias a la hora de apoyar proyectos de producción nacional o de capacitación por parte del estado.  ¿Cual es tu visión?

Hay que empezar, dar los primeros pasos. Algunos tienen la fuerza para hacerlo más desde la construcción política, otros desde la producción o desde la enseñanza. Lo importante es que se está abriendo un espacio. Independientemente a lo que pase con lo político, el innegable auge del cine nacional tiene que lograr que este ‘momento’ no sea sólo de éxitos individuales, sino el de un verdadero esfuerzo colectivo para consolidar definitivamente al cine en nuestro país. Y eso se hace con leyes, con un instituto, con presupuesto.  Y se hace involucrándonos todos y todas.

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