Comer no es lo mismo que alimentarse III

Al comenzar a elaborar esta serie de artículos encontré un movimiento ciudadano que une al campo y la ciudad por medio de ferias de productores, ventas de productos orgánicos vía correo electrónico y entregas a domicilio. No son movimientos que nacen de la moda sino de la consciencia.

Por medio de estos movimientos me llego la información de la “Acción Ciudadana contra el hambre y por el derecho a la alimentación” Jakaru Porâ Haguâ que invito a debatir las alternativas al modelo de desarrollo agrícola vigente durante una Audiencia Ciudadana.

Como ya ha dicho Maxi Yegros en una entrevista sonora que le hiciera Ea “se ha desnaturalizado todo, incluso la alimentación”. En ese contexto comenzamos a indagar en la alimentación de los pueblos originarios del continente y vemos que el maíz  ha sido fundamental en todas las culturas. Y sin un ápice de consciencia Monsanto intenta exterminar los cientos de variedades naturales y autóctonas de este cereal con su semilla transgénica que se sostienen a base de agrotóxicos que matan todo.

 

Volver a las raíces

No es volver al pasado sino tratar de rescatar una forma de vida que nos ayude a mantener el equilibrio con la naturaleza y fomentar el vínculo entre el campo y la ciudad y sobre todo, a rescatar algo que la  industria  gastronómica ha ninguneado: la  historia culinaria del Continente antes del “colonizador”.

Bertoni, además de indagar y clasificar la rica botánica del territorio paraguayo cuenta que los pueblos Guaraní eran más o menos vegetarianos, y algunos lo eran en absoluto.

“No tenían los Guaraní tradición alguna de haber sido pueblo cazador. Sus antepasados vivían de hojas y yuyos, mandioca y batata. La alimentación base se daba a través de la mandioca, maíz, batata, frutas y miel. Entre las frutas la banana (pakova) la piña, el kumanda, aratiku, arasa, jakarati’a, pakuri, andai, kurapepê, mbokaja, entre otros”, detallan varias monografías citando a Bertoni.

Es que tanto la vaca como el caballo vinieron de la vieja Europa.

Entre tanto en el territorio que hoy se denomina América Central la chía era uno de los cuatro alimentos básicos de las civilizaciones aztecas y mayas, junto con el maíz, el amaranto y los porotos. Sus semillas se utilizaron para elaborar medicinas y eran la base de su alimentación y también de la de sus animales.

 

El uso y el cultivo de la chía en el valle de México, se remonta a unos 3.500 años A.c. En dialecto «nahuatl», la palabra «chiactic» significa aceitoso o grasoso y el nombre Chiapas, actual estado al sur de México, significa “agua de chía”.

Los aztecas usaban la chía en distintos preparados nutricionales y medicinales, así como también en la elaboración de ungüentos cosméticos. Era fuente de energía para travesías prolongadas y alimento para los guerreros, por eso es conocida como el alimento de las caminatas. Una comida típica «tzoalli» la preparaban con semillas de amaranto y chía tostadas, miel y harina de maíz.

La harina de chía tostada se utilizaba en la preparación de una popular bebida refrescante y nutritiva, costumbre que, con variantes, persiste hoy en Centroamérica y se denomina “Agua fresca de chía”. Su composición es agua, limón y chía.

La harina de chía podía ser almacenada mucho tiempo debido a los antioxidantes que posee, podía transportarse fácilmente en viajes largos y se utilizaba como moneda de pago para tributos y transacciones.

Así como hoy el agro negocio y la ganadería intensiva arrinconan a la agricultura ecológica la “colonización” reprimió a los nativos, eliminó sus tradiciones y destruyó la mayoría de la producción agrícola intensiva y el sistema de comercialización existente.

Muchos cultivos que mantuvieron una posición importante en las dietas de la América precolombina fueron eliminados por su estrecha asociación con la religión y tal vez por su incapacidad de adaptarse a las condiciones climáticas europeas, siendo reemplazados por otras especies foráneas de gran demanda.

La ciencia moderna ha llegado a la conclusión de que las dietas precolombinas eran superiores a las que actualmente se consumen en la misma región. La chía, que sobrevivió sólo en pequeñas parcelas en áreas montañosas escarpadas, es hoy en Paraguay junto con el sésamo y el algodón uno de los rubros de renta de pequeños productores.

Por su parte la quinua, “alimento de indios” según las crónicas de la invasión, en junio de 2012, en Roma el presidente Evo Morales inició una campaña mundial del cultivo milenario, alertando la importancia de “descolonizar la alimentación”, proponiendo a la “quinua” como producto  alternativo para contribuir a la soberanía alimentaria mundial.

Posteriormente el mes de octubre de 2012, la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la alimentación FAO, declara el “2013 como Año Internacional de la Quinua”, a petición del presidente Evo Morales consagrándose así un día histórico en la historia general de la descolonización de la alimentación que se inició en Bolivia, dice *Amalia Mamani Huallco.

Con los encuentros de mujeres rurales e indígenas que se están dando a nivel continental y local se pretende recuperar el saber antiguo para aplicarlo en la alimentación consciente y la despatriarcalización de la tenencia de la tierra.

 

Seguridad alimentaria

En la apertura de la audiencia  Acción Ciudadana por la Soberanía Alimentaria, Oscar López, director de Oxfam Paraguay, señalaba la necesidad de  cambiar el discurso de que sólo los grandes latifundios son los que producen.

Mientras que Cándido Brítez, integrante del comité de productores de San Roque González  – Paraguarí dijo que en su comunidad antes de formarse el comité las posibilidades que tenían los campesinos de la zona eran changas o emigrar.

“La tercera opción fue formar comités de producción y cambiar las prácticas para recuperar la tierra porque en esa zona el rendimiento del suelo era del cero por ciento: según las posibilidades económicas se ponía cal agrícola y siempre el abono verde como el lupino y el kumandá yvyra`i. Aprendimos a hacer rotación de cultivos”.  Don Cándido explicó que con agroecología mejoraron y recuperaron la fertilidad del suelo. “Ahora el ingreso económico aguanta más porque no necesitamos nada y sobre todo nos alimentamos sano,” dice satisfecho Don Brítez

Ordenamiento territorial

Dentro del programa de debate a las alternativas al modelo de desarrollo agrícola vigente la ingeniera agrónoma Soledad Martínez se refirió a la situación de la agricultura familiar campesina y la necesidad de un ordenamiento territorial. Que  por el momento no es nada alentadora ya que el 80 por ciento de la tierra cultivable está destinada al agro negocio. Sin embargo, el 20 por ciento restante es el que llega a la mesa de los hogares paraguayos con más de 3.000 kilos de alimento producido en chacras bajo el modelo de agricultura en pequeña escala y sin agroquímicos.

Sin ordenamiento territorial la expansión del agro negocio sobrepasaría el terreno cultivado destinado a la agricultura empresarial que exporta el 70 % de la soja y 74 por ciento del maíz para forraje animal (10 millones de cerdos en China se alimentan de la soja paraguaya) y agro combustible.

Con la actitud consciente de los ciudadanos que opten por consumir productos producidos por medio de la agricultura orgánica estaremos aportando nuestra opinión al mercado agroexportador.

 

Fuentes: Audiencia ciudadana – Sala Bicameral del Congreso Nacional

http://www.fao.org/docrep/t0395s/t0395s02.htm

http://alainet.org/active/61722&lang=es

* Amalia Mamani Huallco es aymara, Administradora de Empresas.

 

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