Colonia Barbero: el trueno entre la tierra roja

 

Planta de tabaco de Horacio Cartes en la Colonia Barbero.

Planta de tabaco de Horacio Cartes en la Colonia Barbero.

“Ápe okyrõ japytáma”, advierte Ramón y acelera la moto mientras caen las primeras gotas y decaen las últimas luces de la tarde. El presidente-expresidiario sonríe desde el cartel. “Trabajo campesino para un nuevo rumbo”, se mofa. Tras ensayar las instantáneas más iluminadas posibles en un atardecer nublado, abordamos nuevamente la motocicleta y la fuerte lluvia nos obliga a parar en un comedor.

Mientras esperamos el bife koygua, como en un pacto implícito evitamos cualquier mención a nuestro tema. Hablamos de la lluvia y de lo “divertido” que sería el trayecto de varios kilómetros de camino de tierra roja hasta su casa. “Igústota kóa hína”, ironiza. Ya aleccionado por anteriores experiencias con la policía, tomo la precaución de guasapear las imágenes.

A medio camino entre la broma y la sana paranoia que podría asaltar a alguien varado en la lluvia en un territorio acosado por el estado de sitio, envío las fotos y escribo al editor una especie de testamento ante cualquier eventualidad.

“Por si me agarran los sicarios. Plantaciones de tabaco de Cartes en tierras de la Colonia Barbero, donadas al Estado paraguayo por el Gobierno de Italia”, escribo como epígrafe. “Ndera sóre”, dicen del otro lado como reprobando mi pésimo sentido del humor. Al divisar la patrullera que pasaba lentamente frente a nosotros, no pude evitar una burlona risa por lo bajo. Los uniformados sostienen miradas inquisitivas detrás de los cristales. “Ohopámako lekaja”, digo en mis adentros con la seguridad que da el haber enviado el material.

De acuerdo a los testimonios, en la tabacalera rige un sistema análogo al de los mensú. Relatan que fueron llevadas unas 40 familias para trabajar al servicio de la compañía a cambio de pésimas remuneraciones y la promesa de que les serían adjudicados lotes titulados en la colonia Corpus Christi. A todo esto se suma las precarias condiciones de salud por la exposición a las sustancias tóxicas utilizadas en el procesamiento del tabaco.

Otras tempestades

Proyecto de explotación forestal del Banco Continental.

Proyecto de explotación forestal del Banco Continental.

El amanecer soleado nos daba un guiño cómplice para continuar la travesía. Mientras el mate circula en rápidas rondas, Ramón me enseña los planos donde señala qué partes de las tierras están ocupadas por las estancias La Blanca, propiedad de un tal Barón de Maltzen pero administrada por Silfrido Baumgarten; Vista Alegre, de Federico Robinson; estancia Isla Yobay, de la familia Coscia, La Paraguaya SA, de Nicasio Acosta e Hijos, y Laguna Yobai, enumeran los pobladores.

Explica que de las 17.343 hectáreas, solo unas 6.000 están ocupadas por las 1.500 familias campesinas (unas 9.000 personas), que empezaron a asentarse en el lugar hace 50 años en busca de un pedazo de tierra donde vivir y cultivar.

“Chéve che gusta la añoty la mandi’o, pero ndaha’éi avende haguã. Mba’e, a 300 el kilonte ojepaga”, cuenta Ramón. Apuramos el cocido con tortilla y mandioca sin sospechar que nos aguardaba una tormenta peor de la que nos sorprendió la noche anterior: los pasillos de la municipalidad, el Poder Judicial y la Fiscalía. Carpetas que vienen y van, mensuras amañadas para blanquear a los empresarios que ocupan ilegalmente las tierras, documentos falsos. En fin, lo de siempre.

La causa fue llevada a San Pedro del Ycuamadyyú con el fin de aislar el expediente, pero la producción y uso de documentos falsos se cometieron en Asunción, alegan los abogados de los campesinos.

Terminado el martirio burocrático de la jornada, el sol iniciaba su trayecto cuesta abajo. Aceleramos la marcha en dirección a la colonia. Esta vez me guía Martín. Tomamos el camino de tierra y luego de recorrer unos 10 kilómetros empieza a señalarme las distintas empresas que están explotando ilegalmente las tierras de Barbero. Se van sucediendo un fondo fiduciario del Banco Continental, eucaliptales, la estancia Isla Yobay, entre otros grandes establecimientos ganaderos. Además, alegando una supuesta superposición de títulos, la estancia La Blanca ha chicaneado la inscripción de 2.488 hectáreas a nombre del Indert. Sin embargo, dicha estancia se encuentra en Mbokajaty, a más de 10 kilómetros de Barbero.

El regreso

Isla Yobay es uno de los grandes establemientos empresarios que ocupan las tierras de Barbero.

Isla Yobay es uno de los grandes establecimientos empresarios que ocupan las tierras de Barbero.

Tras terminar el recorrido llegamos a la casa de Martín. Su compañera, doña Rosa, nos recibe afectuosamente. Mientras nos acomodamos, Martín cuenta que los dos rubros principales de Barbero son el cedrón paraguái y el cedrón kapi’i, que se paga a 5.000 y 2.500 el kilo respectivamente. Sin embargo, se lamenta de que él no pueda dedicarse al rubro por estar cerca de tierras mecanizadas, donde los agrotóxicos son aplicados de manera intensiva. La cooperativa San Pedro del Ycuamandyyú. no compra de los campesinos que viven cerca de campos fumigados, pues el producto es exportado como insumo medicinal, refiere. Un enorme campo de maíz zafriña, rubro utilizado en invierno en los campos de soja,  se extiende frente a nosotros. Dos tractores cosechan sin cesar ya entrada la noche bajo la luz de potentes reflectores.

Doña Rosa nos ofrece un guiso mandi’o con chicharõ acompañado de jugo de pomelo. Repleta de generosidad, me obsequia además huevos caseros y frutas. Tras el ameno intercambio, nos despedimos. Regresamos con Martín a lo de Ramón. El padre de este comenta que simpatiza con el azul, pero repudia a los Vera Bejarano. “Pe ituakuérape, Cándido, che ha’e voi de frente. Nde ko peteî gente inútil”, evoca entre risas. Cabe recordar en este sentido que el exintendente de San Pedro y actual diputado liberal Pastor Vera Bejarano estuvo implicado en el intento de remate de las tierras que promovió Luis Ortigoza, titular del Indert durante una parte de la presidencia de Federico Franco.

Avanza la noche y nos dirigimos al cruce Aguaray Seco. Tomo el expreso de medianoche. Quedan más de 300 km de camino. Vueltas y vueltas sin poder dormir, rezongo. El colectivo se detiene tal vez en algún peaje. No obstante, al correr las cortinas y mirar tras las ventanillas me encuentro con el sombrío paisaje de la fría madrugada en la avenida Eusebio Ayala. Luego recuerdo que soñé con truenos que rugían entre la tierra roja.

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