Cochabamba: planeta o muerte

Evo Morales entrega simbólicamente hoy el Acuerdo de los Pueblos, resultado de la Conferencia de Cochabamba. Allí se pide terminar con el capitalismo como modo de producción y obligar a los países industrializados a disminuir significativamente la emisión de gases de efecto invernadero. La idea es oponer esta pretensión al Entendimiento de Copenhague en la próxima cumbre del clima que realizará la ONU en Cancún en diciembre próximo.

Terminar con la explotación, con la matriz del capitalismo, es el llamado de esta Conferencia donde del 19 al 22 de abril, más de 15 mil delegados y delegadas de 142 naciones, insistieron en señalar que es hora de cambiar este modelo asesino. Desde los saberes esenciales de los pueblos originarios se recordó que la Pachamama, la tierra, es un ser vivo que puede proseguir sin nosotros. En cambio, nosotros nada podríamos hacer sin ella, como recordó el anfitrión, el presidente de Bolivia, Evo Morales Ayma. Revertir los reiterados fracasos de las Naciones Unidas en Río de Janeiro, Kyoto y Copenhague es el desafío que se asumió en Tiquipaya, Cochabamba, en jornadas que fueron ignoradas por la gran prensa mundial. Como el movimiento es creciente no lo podrán hacer en diciembre, en Cancún, México cuando el Acuerdo de los Pueblos de Cochabamba dispute sus términos con el Entendimiento de Copenhague.

Un acto revolucionario no se puede ocultar

La prensa internacional trabajó para ningunear Cochabamba, sus significados profundos. Se quedó con la anécdota de Evo Morales hablando de que quienes consumen pollos transgénicos pueden ver alterados sus ciclos hormonales y se olvidó del planteo central. Devolver a la tierra sus derechos que es la manera más directa y eficaz de terminar con el flagelo de esta era: Acabar con la explotación.

Este es el punto central de lo que se discutió allí en la hermosa Tiquipaya, la pequeña ciudad que albergó durante una semana al doble de su población.

“Ayúdenme a gritar ¡Pachamama o muerte!, ¡Planeta o muerte!”, comenzaba rezando Evo Morales, el presidente de Bolivia ante unas 6 mil personas reunidas en el estadio municipal de la localidad. Entre tanto activistas de todo el mundo, militantes, gente del pueblo, se seguían acreditando en el evento, concurriendo al lúcido llamado porque se hace evidente que la destrucción llegó a niveles nunca antes conocidos.

Evo, el líder de los cocaleros, el indígena aymara que fue recientemente reelecto como presidente lo explicó así: «Pero ¿cuáles son las bases? Yo diría sobre todo que la causa principal de la destrucción del planeta Tierra, es el capitalismo, y como pueblos que habitamos y respetamos esta madre Tierra, tenemos todo el derecho, la ética y la moral para decir que aquí el enemigo central de la madre Tierra es el capitalismo. El sistema capitalista busca la obtención de la máxima ganancia posible, promoviendo un crecimiento sin límites y un planeta finito. El capitalismo es la fuente de asimetrías y desequilibrio en el mundo».

Así comenzaba la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra (CMPCC) montada sobre una estructura que ganó desarrollo en el Foro Social Mundial (FSM), pero con el planteo superador de articular acciones para cambiar aquello que se diagnostica.

Allí la diferencia, que se notó en las 17 mesas de trabajo, donde los delegados, principalmente del movimiento político boliviano que llevó a Morales a la presidencia, se encargaban de reclamar “qué vamos a a hacer”, frente a la ya conocida posición en que derivan los planteos de las ONGs en este tipo de conferencias, generalmente descriptivos, declamativos, con falta de peso político.

El vicepresidente Alvaro García Linera lideró este trabajo en la mesa más conceptual que debatió bajo el título “Causas estructurales del cambio climático”. Dijo allí:  “No se puede llevar adelante las grandes luchas únicamente desde el ámbito de la sociedad civil, que es el fundamento, que es lo decisivo, que es lo primordial. Una tarea de los que aman la naturaleza, una tarea de los que quieren defender el planeta, sus recursos naturales, es plantearse la resistencia, la organización, la movilización y obligatoriamente la lucha por el poder”, sostuvo García.. «El poder no lo es todo y el Estado no lo es todo, pero el Estado y el poder pueden contribuir, en manos de los movimientos sociales, a defender al ser humano, a defender la vida y a defender la naturaleza. El horizonte de una toma del poder por los sectores comprometidos, progresistas, es una obligación del revolucionario”, señaló.

Se destacó en el encuentro, María Fernanda Espinoza, ministra de Patrimonio de Ecuador, recordando que la constitución de su país incorporó por primera vez en la historia de las cartas magnas en el mundo, los derechos de la madre tierra como ser vivo, como antiguo mandato de los Taitas y Mamas Yachaks de su pueblo.

Vale citarlos: “el petróleo, tan codiciado por su valor económico, es, nada más ni nada menos, que la sangre que da vida a la Pachamama (madre tierra) y a su naturaleza. Ahora se intenta sacar la sangre de su cuerpo y vivir en la muerte, no es lógico desangrar a la madre tierra y pedir que la naturaleza no reaccione”, explicaron en un volante que se repartía en la Conferencia.

Todos en la CMPCC señalaron al Capitalismo como culpable de la situación

y este elemento fue tomado con una ironía que objetó a quiénes planteaban el punto, principalmente Evo y el presidente de Venezuela, Hugo Chávez con la vieja táctica de criminalizar el emisor para deslegitimar el discurso.

Vale citar el párrafo de la Declaración:  «El sistema capitalista nos ha impuesto una lógica de competencia, progreso y crecimiento ilimitado. Este régimen de producción y consumo busca la ganancia sin límites separando al ser humano de la naturaleza, estableciendo una lógica de dominación sobre éste, convirtiendo todo en mercancía», apuntó recordando que el «número de hambrientos en el mundo ya sobrepasa la cifra de 1.020 millones de personas» sobre una población global de poco más de 6 mil millones de personas.

De hecho la CMPCC pidió a EEUU, el mayor contaminador del mundo ya que emite el 20% de los gases nocivos totales, que de una vez por todas firme el Protocolo de Kioto.  «Tiene una responsabilidad significativa ante todos los pueblos del mundo (..) debe ratificar el Protocolo de Kioto y comprometerse a respetar y dar cumplimiento a los objetivos de reducción de emisiones a escala de toda su economía», subrayó.

La cumbre rechazó los tratados de libre comercio y exigió al mundo industrializado el acceso al agua como derecho humano fundamental, imitando el ejemplo de la Constitución Boliviana, en el punto más alto de sus compromisos:

En resumen la Conferencia pidió:

-La constitución de un Tribunal de Justicia Climático mundial para demandar a los países y empresas que incumplan con sus metas de reducción de emisiones para el que el canciller de Bolivia, David Choquehuanca ofreció a Tiquipaya, Cochabamba como evntual sede.

-Entre tanto se crea este tribunal la Conferencia alentó a demandar a los que incumplan ante la Corte Internacional de Justicia de la Haya

– Se exige a los países ricos reducir sus gases de efecto invernadero en un 50% hasta 2020 y la creación de un fondo mundial con el 6% de sus presupuestos anuales para atenuar el cambio climático.

-Pide realizar un referendo mundial donde se preguntará a la población del mundo si está de acuerdo en eliminar el capitalismo como sistema de gobierno y si estaría de acuerdo en usar  los gastos militares y de seguridad en defensa de la madre tierra.

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