Coartada perversa

Sobre las opiniones del ingeniero César Jure, quien afirma que la intensa producción de soja en Paraguay responde a “una actitud solidaria con la demanda mundial de alimentos”.

Entre el 50 y 60 por ciento de la próxima cosecha de soja, “que puede llegar a nueve millones de toneladas”, se negoció (vendió) anticipadamente, aprovechando los altos precios en julio y agosto, y “el productor podría alcanzar 420 dólares cada tonelada (500, dicen otras fuentes), 40 más que en la zafra anterior”, informó ufanamente Jure en un reciente seminario internacional de CAPECO. Imagen: Macrofinanzas.

César Jure, ingeniero agrónomo, con un máster en la conocida Universidad de Georgia, Estados Unidos, entrevistado días atrás por la TV Pública, con total naturalidad expuso uno de los argumentos más perversos que ventilan los grandes productores nacionales de granos, para justificar su expansionismo rural y la utilización descontrolada de agrotóxicos.

El empresario, con total desparpajo, declaró a los panelistas Alfredo Boccia y Milda Rivarola, que la intensa producción de soja en Paraguay, que puede llegar a nueve millones de toneladas este año, responde a “una actitud solidaria con la demanda mundial de alimentos”. Siniestra y vergonzosa coartada.

Primera constatación de ese confeso descaro es el alto grado de insensibilidad respecto a las apremiantes necesidades de sus propios compatriotas mostrada por  Jure, incapaz de disculparse ante la teleaudiencia cuando su colega y Presidente del Servicio Nacional de Calidad Vegetal y de Semillas (SENAVE), Miguel Lovera, le recordó que “la caridad comienza por casa”.

La precisión le resbaló, aunque hay un millón de paraguayos en situación de extrema pobreza, ante quienes la sensibilidad del piadoso gran empresariado jamás se manifiesta, ni siquiera en amortizar los gravámenes impositivos que deberían servir para financiar los programas sociales del Gobierno.

La declaración de Jure ante la TV Pública merece ser analizada con prolijidad, porque si las palabras de tan alto representante del gran capital interno y extranjerizante quedaran circunscriptas sólo a una opinión personal el tema quizás quedaría limitado a eso, pero en este caso hay una gran diferencia que justifica una respuesta.

El ingeniero Jure es referencia obligada de la Unión de Gremios de la Producción (UGP) y la Cámara Paraguaya de Exportadores de Cereales y Oleaginosas (CAPECO), con las cuales es fiel en sus argumentos, que son los mismos que forman parte del arsenal que utiliza el sector más retrógrado de la derecha política nacional, estrechamente vinculada con el accionar y los intereses de las transnacionales agroexportadoras de la mejor producción del país.

El estilo y el lenguaje suave, de abuelo bueno, que muestra Jure, es la sola diferencia que se puede constatar entre  él y otros voceros del gran empresariado local, que se caracterizan por exhibir soberbia, prepotencia y mala educación, fundamentalistas fanáticos, incapaces de dialogar civilizadamente y respetar diferencias en ideas y actitudes, formados en el más puro autoritarismo estronista, el que tanto les ayudó a amasar sus fortunas.

La solidaridad, que tanto le gusta pronunciar a Jure, pero cuya práctica ni siquiera llega aún a las familias de los peones rurales en nuestro país, y mucho menos a los labriegos expulsados de sus parcelas, es tema social obligado y uno de los sentimientos más hermosos en las relaciones humanas, pero mucho más importante que ella es la justicia social, dado que la gente de las alturas a menudo confunde con caridad, sin importarles que sea humillación y encierre vergüenza.

Entre el 50 y 60 por ciento de la próxima cosecha de soja, “que puede llegar a nueve millones de toneladas”, se negoció (vendió) anticipadamente, aprovechando los altos precios en julio y agosto, y “el productor podría alcanzar 420 dólares cada tonelada (500, dicen otras fuentes), 40 más que en la zafra anterior”, informó ufanamente Jure en un reciente seminario internacional de CAPECO.

Un simple cálculo permite concluir que ese grano arrojará, entonces, ingresos de miles de millones de dólares al pequeño grupo de productores que el estilo discursivo de Jure los hace aparecer como esforzados trabajadores de la tierra, omitiendo mencionar que son las transnacionales que componen el grueso de los beneficiados, sin que aporten ninguna contribución de importancia para el desarrollo social y el bienestar de los paraguayos, negándose, con la complicidad del Parlamento, a pagar impuestos por la agroexportación.

En la larga lista de coartadas perversas que utiliza la derecha ideológica de este país, encaramada en las comparsas UGP, APS, CAPECO, ARP, son varias las voces de rufianes que aportan al desquicio y la amoralidad, con el tupé de cabalgar sobre muchas reivindicaciones populares y las organizaciones y movimientos progresistas, con el objetivo de robarles su verdadero contenido para desnaturalizarlo y, de paso, aparentar solidaridad con el pueblo.

En la fauna de retrógrados, algunos se permiten culpar a la política por el empobrecimiento del país, negando aviesamente la politiquería que practican desde hace décadas, en aplicación de una estrategia siniestra que hace de la defensa de los pequeños y medianos y de “la gente que está necesitando comida” su discurso preferido, olvidando a la gran masa de excluidos por el modelo de producción que han impuesto, que es parte de la infame estructura de todo Estado capitalista.

Enemigos acérrimos del proceso de cambios iniciado hace cuatro años en el país, las cúpulas de los gremios empresariales se sirven agresivamente de su alianza con los patrones de la prensa comercial para mentir descaradamente, y decir, entre otras desaguisadas, que “a los que tienen una casa y un auto les quieren quitar y dar a los que no tienen”.

Otra infamia es desviar el verdadero motivo del reciente cambio de titular de Catastro, asumiendo la defensa de una institución y un funcionario que sólo han aportado ineficacia y complicidad con los usurpadores de millones de hectáreas desde que Bernardino Caballero, fundador del Partido Colorado, comenzó en 1882 a regalar por sumas irrisorias las tierras públicas, en un despojo criminal cuyos efectos pueden compararse con los de las Guerra de la Triple Alianza, terminada en genocidio en 1870, doce años antes.

En el mismo tono demagógico y lastimero, se manifiestan algunos editoriales de prensa, reclamando la realización de un Catastro Nacional y hasta una reforma agraria, culpando de su ausencia al Gobierno de Fernando Lugo, cuando la realidad es que hace décadas que son coautores de esas ausencias institucionales, y de cohabitación con los Jure y todos sus socios, “solidarios” con el hambre que hay en el mundo, al mismo momento que venden grandes cosechas y siembran enorme miseria entre sus compatriotas.

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