Clasismo, racismo y autoritarismo en el enrejado de la Plaza Uruguaya

El problema de fondo es la distribución de la tierra y la incapacidad para avanzar en la reforma agraria.

Mujer indígena violentada en la represión durante el desalojo indigena.

La decisión del intendente de Asunción Arnaldo Samaniego de enrejar la Plaza Uruguaya y la oposición a dicha medida por parte de un sector de la población puso en el tapete varios temas.

Cuando anunció tal decisión, Samaniego aseguró que tenía como meta colocar Wi Fi para que los visitantes accedan de forma gratuita al internet. “Se realizarán espectáculos artísticos”, dijo y afirmó que las plazas deben ser un espacio para que la “ciudadanía” disfrute.

Lo que pasa con la Plaza Uruguaya es la presencia constante de indígenas que acampan en ella para hacer visibles sus reclamaciones de tierra, “causando molestias a los vecinos y destrozando el sitio”, según el intendente.

Quienes se oponen al enrejado, lamentan que muchos ciudadanos que circulan por la plaza tengan actitudes discriminatorias hacia las poblaciones indígenas. “Nos indigna la forma en la que les acusan de ladrones y proxenetas, el hecho de que les responsabilicen de la ‘intranquilidad’ e ‘inseguridad’ de la plaza por el solo hecho de ser indígenas, pobres y libres”, manifiestan en un pronunciamiento público.

“Esa sociedad que se indigna al ver su plaza sucia por los indígenas es la misma que vota y legitima a los partidos y a la clase social responsable de esta miseria que aumenta. Es tiempo de que vean cuál es el resultado de este sistema económico que sostienen estos partidos y esta clase social que criminaliza las luchas y resistencias de los más pobres”, aseveran los opositores a las rejas.

Indígenas se ataron a los árboles en el desalojo.

Diferentes concepciones, una discusión central y muchas mentiras

Está en discusión la concepción de espacios públicos y su aprovechamiento, las libertades, la democracia, la participación de la población en decisiones que atañen al conjunto, la criminalización de luchas y luchadores sociales y varios otros temas

Sin embargo, la discusión central gira en torno a la presencia en la plaza de los indígenas, que llegan a Asunción para que se visibilice sus reclamaciones de tierra y vida digna. Nosotros, los asuncenos, les expulsamos de nuestra ciudad porque la afean. Esto mismo ya ocurrió hace poco más de un año, en la Plaza Italia, también en el centro capitalino.

El intendente Samaniego, pidió que la policía desaloje a los indígenas porque su presencia “trae inseguridad a la ciudadanía asuncena”. “Vamos a devolverle a su estado original y garantizar la seguridad de las personas que concluyan a la plaza», dijo al manifestarse a favor del desalojo de los indígenas Mby’a y Ava Guaraní que acampaban en la plaza.

Aclaró que el acceso a la plaza será para cualquier paraguayo, ya sea indígena o campesino, «pero no para que la ocupen».

Sin embargo, según el historiador Ignacio Telesca, “antes de la guerra grande, esa plaza era un cuartel; y antes de eso, hasta 1824, en esa plaza estaba la ranchería de los esclavos del convento de San Francisco; y antes que los franciscanos estuvieran ahí, ese pedazo de tierra pertenecía a los grupos indígenas ‘carios’, guaraníes. O sea, si respetamos el principio del ‘estado original’, los verdaderos dueños son los que fueron desalojados”, dijo Telesca.

Indígenas acampan en la plaza.

Posición clasista, racista y autoritaria

En la posición pública de Samaniego con respecto al desalojo de la plaza subyace claramente una postura clasista, racista y autoritaria.

Clasista porque no puede soportar la presencia de pobres que afeen Asunción. Y los indígenas, más que pobres, son miserables. El problema es que los sucesivos gobiernos de su partido, el Colorado, permitieron que se les robe sus tierras y queden en esa absoluta miseria en la que se debaten.

Y en los tres años del actual gobierno del presidente Fernando Lugo, no se movió un dedo para solucionar esa situación.

El racismo de Samaniego llega a tal punto que “ni bien abandonaron la plaza, cuadrillas de la Dirección de Aseo Urbano se metieron en el lugar para realizar las tareas de limpieza integral y una desinfección total  del lugar”. Esta afirmación la hace un comunicado oficial de la Municipalidad de Asunción.

Y es autoritario porque tampoco puede permitir que nadie –sean indígenas, campesinos, pobladores sin techo o trabajadores urbanos–, siga utilizando esa plaza como espacio de protesta. La protesta no está permitida o si se protesta, que se haga lejos, en donde no se vea.

También hay una gran dosis de estigmatización de los indígenas –son borrachos, drogadictos, sucios, violentos, peligrosos y lo peor, son indios–, ingrediente necesario para criminalizar la lucha de los pueblos originarios. En esto, la prensa empresarial tiene gran responsabilidad.

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