“Ciudadano Kane” en la mansión de William Randolph Hearst

La obra maestra de Orson Welles se proyectó en el castillo de su archienemigo.

El castillo Hearst de San Simeón. Imagen: Reed Saxon/AP.

Por Pablo Scarpellini.

Nunca es fácil ser protagonista en territorio hostil, pero a este genio del cine le salió bien la jugada. Ciudadano Kane y Orson Welles brillaron durante la noche del viernes 9 de marzo en el castillo Hearst de San Simeón en la pantalla inmensa de su teatro, propiedad del magnate de los medios William Randolph Hearst, que siempre detestó su película.

Durante años, Hearst se quejó del injusto perfil que Welles presentó de él a través de la figura ficticia de Charles Foster Kane y su castillo Xanadú. Pero 71 años después, su bisnieto Steve accedió a que la película se proyectase en el castillo como parte del festival de cine de San Luis Obispo, en la costa central californiana.

De esta forma, recobró vida la majestuosa cinematografía de Greg Tolland y las inolvidables actuaciones de Joseph Cotten y Everett Sloane, asistentes de Kane en su afán de conquistar el mundo con su periodismo sensacionalista.

En una noche fría frente a la playa privada de Hearst, con un majestuoso Pacífico en calma, se palpó la emoción y el morbo de tener a Welles en casa por primera vez, con sus cambios de humor constantes y su sonrisa cautivadora.

«Creo que es un maravilloso gesto por parte de la familia Hearst y una señal de que la batalla entre ellos es mucho menos importante que la película en sí, que, por cierto, no fue una cinta autobiográfica sino una historia ficticia«, matizó Ben Mankiewicz, nieto del guionista de la cinta, Herman Mankiewicz, hermano a su vez del prestigioso director de Eva al desnudo, Joseph L. Mankiewicz.

«Me parece una locura que todavía haya un sentido de enfrentamiento entre Hearst, Wells y mi familia 71 años después», apuntó el crítico de cine y presentador de televisión, quien ve cierto paralelismo en tiempos modernos con Mark Zuckerberg y La red social sobre la historia de Facebook. «Claro que Zuckerberg no tenía ni la mitad de poder que tenía William Randolph Hearst en su momento. Lo curioso es que a largo plazo no le ayudó en nada».

Hearst, dueño de 28 periódicos en 1941 (entre ellos el San Francisco Examiner y el New York Journal) y 20 emisoras de radio, usó todas sus influencias para atacar a los estudios RKO, los responsables de la cinta, y obligarles a retirar la película del mercado. Llegó a ofrecer 805.000 dólares de la época, una pequeña fortuna, a cambio de la destrucción de cada copia existente, pero ni con su poderoso talonario logró frenar la enorme publicidad que generó la propuesta del maestro Welles.

El director salió beneficiado por la polémica, aunque no de forma inmediata. «Es curioso que con la presión de Hearst, la cinta pasó desapercibida por los críticos en la década de los 50, pero después no paró de salir en todas las listas como la mejor de todos los tiempos».

El viernes por la noche, se firmó un tratado simbólico de paz entre dos históricos del cine y los medios.

Fuente: El mundo.

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