Cisma en la Iglesia de Roma

Posiciones enfrentadas sobre el celibato y el matrimonio gay abren la posibilidad del surgimiento de una Iglesia Latinoamericana.

  • La intención de democratizar la Iglesia le han significado expulsiones a curas latinoamericanos que se rebelan a Roma siguiendo con sus oficios. Se perfila la creación de una nueva institución.

¿Una nueva división en la Iglesia Católica?

Por Mariano Saravia, desde Córdoba, Argentina.

Como el de Martín Lutero, el de Juan Calvino o el de Juan Knox, un nuevo cisma podría sacudir a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Y por causas parecidas a las de la Edad Media, porque el objetivo de democratizar la Iglesia desde adentro, siguió siendo imposible y Córdoba sigue sorprendiéndonos y sorprendiendo al mundo.

El cura Guillermo “Quito” Mariani sigue dando misa en el club Atalaya, sin permiso del arzobispo, el cura Nicolás Alessio sigue administrando los sacramentos a domicilio habiendo sido expulsado de la Iglesia y hace unos días se presentó el libro Cinco curas, confesiones silenciadas, Editorial Raíz de dos, que promete hacer bastante ruido. Pero más allá de estos síntomas, el grupo Angelelli que agrupa a unos 80 curas díscolos, expulsados o autoexcluidos de la Iglesia, ya habla de una nueva Iglesia, la Iglesia Latinoamericana.

Pero no es una forma de referirse a una renovación de la Iglesia Católica Apostólica Romana. Al darse cuenta de que eso es imposible, ya hablan de una nueva institución, que siga el camino de Jesús pero orientada a la realidad de nuestros pueblos. “Así como hay una Iglesia Anglicana, una Iglesia Armenia y muchos otros ejemplos de iglesias nacionales, estamos planteando la necesidad de una Iglesia Latinoamericana que recoja lo mejor de lo que nos han dejado tantos curas y laicos de las distintas corrientes que en nuestro continente han seguido el ejemplo de Jesús”, dice a Veintitrés Adrián Vitali, uno de “curas casados” impulsores de esta nueva corriente que, entre sus puntos centrales, abolirá el celibato como exigencia para los curas.

Todo empezó con el reto público del arzobispo Carlos Ñáñez al cura Quito Mariani, por la edición de su libro Sin tapujos, en el que cuenta sus experiencias más mundanas como hombre y sacerdote. Luego la jerarquía expulsó el año pasado a Nicolás Alessio, por haber apoyado públicamente la ley de matrimonio igualitario. Este año, el arzobispado intervino literalmente la parroquia Nuestra Señora del Valle, conocida como La Cripta, en el Cerro de Las Rosas, donde el párroco Víctor Acha mantenía la línea pastoral de Quito Mariani, volcada a las enseñanzas del Concilio Vaticano II e, incluso, a la Teología de la Liberación. Una línea de 40 años, que no sólo sostenían los sacerdotes sino también las hermanas de San Casimiro y, sobre todo, la propia comunidad, que resistió la llegada del nuevo párroco Pedro Torres con abrazos simbólicos, jornadas culturales e intentos de diálogo con el arzobispo. Pero todo fue en vano, en la Iglesia no hay democracia, sino decisiones de una jerarquía que ni siquiera se deben explicar. Sólo obedecer.

En ese momento, cuando vieron que era imposible dialogar con Ñáñez, decidieron hacer público el conflicto y emitieron un documento de la Asamblea parroquial en el que se decía: “Decidimos rechazar la imposición del obispo porque nos ha costado un largo proceso personal y comunitario acrisolar un sentido de la vida y un sentido de nuestra fe; porque eso ni lo renunciamos, ni lo negociamos, ni lo cambiamos, porque sería renunciar a lo que somos, pensamos y sentimos; porque no queremos renunciar  a nuestro espacio en la Iglesia de la que somos parte, en la que hemos crecido o descubierto este modo de vivir la fe; no queremos entregar este espacio porque nos pertenece y no queremos dejárselo a quienes intentan otra cosa”.

No renunciaron a su espacio en la Iglesia, se lo quitaron. Los fueron empujando cada vez más afuera, afuera de la iglesia como construcción de ladrillos (la Cripta) y afuera de la Iglesia como institución.

Entonces, encontraron un lugar disponible: el Club Atalaya, en Barrio Argüello Lourdes. Allí empezaron a juntarse los curas casados y no casados del grupo Angelelli. Y allí también empezaron a celebrar misa el pueblo con “su” cura, el Quito Mariani. Misas sin el permiso del arzobispo, misas díscolas, todos los domingos. Pero no misas clandestinas, porque se hacen a plena luz del sol, y cualquier enviado del Arzobispado puede tomarse el N4 de la empresa Coniferal y llegarse al Club Atalaya para ver con sus propios ojos qué está pasando.

La Iglesia Latinoamericana.

El Grupo de Sacerdotes Angelelli de Córdoba apoyan la ley de matrimonio homosexual.

“Este gesto es para el oficialismo de la Iglesia un acto cismático que no lo hacen publico por temor a que se comiencen a multiplicar estas rebeliones religiosas. Porque no pueden evitar que los curas casados y los curas que están sin parroquias sigan celebrando los sacramentos que son tan validos como los curas que están en las parroquias.  No pueden evitar que después de tres años los curas casados y el grupo Angelelli se siga juntando y pensando la Iglesia desde el Evangelio y desde el lugar de los pobres. Porque no pudieron disolvernos por más que nos dejaran sin lugar. También saben que el padre Nicolás Alessio sigue realizando casamientos y bautismos por pedido de la gente. Se ha transformado en un cura delibery de Dios”, explica Vitali.

El otro hecho revolucionario es ese, justamente, que Alessio sigue bautizando, dando la eucaristía, la extremaunción, y hasta casando a parejas del mismo sexo. Y más allá de que canónicamente estos curas están en condiciones de discutirle a cualquiera la validez de esos sacramentos, está claro que políticamente están significando una fractura. Esa pareja del mismo sexo que fue casada por Alessio, probablemente nunca pise un templo de la Iglesia de Roma. Probablemente tengan más interés por ir a la misa del Club Atalaya que a la de la Catedral de la Plaza San Martín. Por eso, de hecho ya está caminando desde Córdoba la Iglesia Latinoamericana. Hoy por hoy, una familia puede vivir toda su vida de cristiano con este grupo que no para de crecer, con sus curas, sus monjas, sus laicos, sus sacramentos, su enseñanza y su lucha. Tiene todo lo que necesita una Iglesia, aunque todavía le falte un templo quizás.

Los 12 sacerdotes del Grupo Angelleti desafiaron a la Iglesia Católica diciendo que Jesús jamás condenó ni mencionó la homosexualidad.

El próximo domingo, 31 de julio, se producirá un hecho importante, sin precedentes, porque a las 11 de la mañana este grupo celebrará una misa en memoria del martirio de Monseñor Enrique Angelelli, en el Club Atalaya, como no podía ser de otra manera. La jerarquía episcopal siempre encubrió lo que ahora está claro fue un asesinato más de la dictadura cívico-militar.

La Iglesia Latinoamericana sale de “la clandestinidad” y se muestra al mundo desde Córdoba. Quizá algún día sea recordada la fecha del 31 de julio como una fecha fundacional, y ligada a la memoria de Angelelli. De hecho, esta Iglesia Latinoamericana tiene una diferencia sustancial con la Iglesia de Roma, y es la máxima de Angelelli que aconsejaba vivir el cristianismo “con una oreja en el Evangelio y la otra en el pueblo”.

“La misa la vamos a celebrar los curas en actividad y los curas casados,  creemos que será una digna memoria del Pelao. Invitamos a todas las comunidades cristianas y después de la misa, compartiremos un almuerzo comunitario con choris y empanadas”, se entusiasma Vitali.

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