Ciclo de Conversaciones «Venezuela (se) cuenta». Entrevista a Carola Chávez, diputada, escritora, militante.

A partir de estar en una experiencia por Venezuela desde noviembre del 2021, se generan estas conversaciones con venezolanxs residentes en Venezuela, con una perspectiva reflexiva (crítica, dialogante, solidaria, colectivista, comunitarista, antimperialista) que, desde diferentes ángulos, nos ayuden a pensar nuestras sociedades a partir de su experiencia.

En estos casi ya 3 meses y con los registros de entrevistas, conversaciones y apuntes, estuve armando un ensayo.
Cuando lo leí junto con varias de las personas con quienes conversé comprendí cuanto, la complejidad de la cuestión venezolana, me superaba. Aborté escrito.
Ante los “¿Cómo lo que es ahí?…. ¿Es cierto lo que dicen?… Contana… Contá pués… ” desde Paraguay, finalmente hoy entendí que lo mejor es que Venezuela se cuente.
Abro esta serie de conversaciones con Carola Chávez (Caracas, 1964) “una mujer que hace política desde su cocina”, chavista, diputada y jefa de bloque del estado de Nueva Esparta, escritora, vive en Isla Margarita, esposa y madre, autora de “¡Qué pena con ese señor!” (2011).

“SIEMPRE DIGO QUE CHÁVEZ NOS DEVOLVIÓ EL PAÍS”

Por Agustín Barúa Caffarena[2]

Abro esta serie de conversaciones con Carola Chávez (Caracas, 1964) quien se define como “una mujer que hace política desde su cocina”.

Chavista, militante del PSUV[3], diputada y jefa de bloque del estado de Nueva Esparta, escritora, vive en Isla Margarita, esposa y madre, autora de “¡Qué pena con ese señor!” (2011).

 

  1. Tengo una fantasía contigo. Tengo la impresión que vos combinás varias cuestiones que son el sentido crítico, la picardía, la valentía, herramientas fundamentales para crear otra política no solo para Venezuela sino para la época ¿Qué comentarios te merece?
  2. Ch. Yo creo que yo soy como muchos, como somos nosotros aquí en Venezuela: somos irreverentes, somos bochincheros. Estamos todo el tiempo buscándole el chiste a todo. Incluso en los momentos más tristes. Es una forma de sanarnos, el humor y la irreverencia nuestra.

Y en cuanto a la política, nada, yo aprendí a hacer política con Chávez. Yo era una mamá con su esposo, sus muchachitas, sus cosas y el colegio, y de repente descubrí a Chávez y encontré una pasión por una cosa que yo siempre pensé que era “inútil  y sucia”.

Chávez era un tipo crítico, irreverente, con esa picardía, ese humor, él era así porque somos así pues. Un tipo valiente. Yo creo que eso es todo. Es que es nuestra forma de ser ancestral. Uno lee la historia de Venezuela y ve como aquellos venezolanos desarrapados enfrentaban a aquel imperio que era el más poderoso de entonces con esta irreverencia.

  1. Para los lectores paraguayos: ¿Quién es Carola Chávez?

C Ch. Nada, yo soy esta señora que tenía sus niñas y que un día descubrió a Chávez. Yo no vivía aquí, yo vivía en España y un día volví de vacaciones y vi que mi país había cambiado tanto tanto tanto todo. Yo me fui en plena desesperanza, en la década de los 90, yo di mi país por desahuciado. Quizás teníamos que luchar pero yo como soy clase media que es más cómoda, nos fuimos. Cuando yo me fui estaban apagados, apaleados.

Encontré un país distinto, pero lo que más me impresionó del país fue el ánimo de la gente, la alegría de la gente: el pueblo estaba despierto. Todo el mundo hablaba, todo el mundo opinaba. Era un país fascinante, bonito, vos veías que estaba avanzando en todo. El que te explicaba todas las cosas era Chávez todo los domingos en “Aló presidente”[4]. La rutina era ese “tío que venía visitarnos todos los días en la televisión”.

Me dije “¿qué hago yo allá?”. Y me vine. Empecé a escribir contando la transformación interna mía, así empecé a escribir. Y me fui apasionado, tengo 16 años escribiendo.

El año pasado me llamó Nicolás [Maduro], el presidente, a quien quiero con todo mi corazón, mi política es de querencia. Me llamó para ser diputada, mi primera reacción es que no puedo yo soy “una señora que escribe”. Le pedí tiempo y apenas corté me dije: “este compañero que está poniendo el pecho” y le dije que sí.

Trato de meterle a la política la sencillez. Es que yo no soy rebuscada. Yo soy normal dentro del medio político que es tan complejo y tan difícil.

  1. ¿Podemos pensar a Chávez como un “factor protector de salud mental”?
  2. Ch. Claro, la autoestima nacional. Como te digo, en los años 90 habíamos sufrido ya tanto y vino el apretón del Fondo Monetario. Yo creo que no hay nada peor que la desesperanza. Es que no había nada. Si para la clase media no había nada, imagina esos cinturones de pobreza, aquellos cerros llenos de ranchitos.

Chávez nos devolvió la identidad. Eso que decimos, eso que parece retórica, esas palabras que por decirlas tanto se lavan. Somos hijos de libertadores, somos hijos de nuestros ancestros que cruzaron a caballo el continente para libertar. Siempre digo que Chávez nos devolvió el país. Para mí el gran descubrimiento con Chávez fue ese: tengo un país mío.

Creo que uno de los fundamentos de la salud mental es la autoestima: tú tienes la autoestima destruida ¡y estás dispuesto a cualquier abuso! Se fue hace 9 años pero queda eso. ¡Claro que nos devolvió la salud mental!

  1. Hay un relato que te quiero abrir, un relato muy terrible sobre Venezuela afuera: cuando iba a venir me dijeron “allá ametrallan gente” O ”¿sabés que te vas a Corea del Norte?”. ¿Qué te parece que es considerable y que no de esta avalancha de críticas?

C CH. Mira, yo estaba aquí cuando el golpe o rebelión del 4 de febrero[5]. Yo lo viví desde mi situación de clase media y yo no entendí nada y yo me desconecté de eso.

Chávez significó un golpe esperanza para todo el mundo, incluso en la clase media. Yo recordaba en estos días, yo era maestra primaria, en aquellos días todos los profesores incluso yo, habíamos recortado la foto de Chávez que salió en un periódico de la época que se llamaba el Diario de Caracas[6] que tenía la característica de tener en la portada una foto en colores, y todo el mundo recortó esa foto de Chávez y la pegó por todos lados incluyendo ese colegio de clase media, eso dice mucho. Nosotros éramos una clase despolitizada, dominada por eso mismo, y yo ni me enteré.

Entonces desde España yo viví el golpe de abril del 2002[7], mediáticamente, estaba oyendo el relato de como Chávez “masacraba a la gente en la calle”, de porque “se justificaba que sus generales estuvieron haciendo un golpe”, que “le llevaran preso”, que “si aparecía muerto mejor” ¡eso lo dijeron los periodistas de Antena 3 y de Telecinco!, yo lo escuché. Era una trampa mediática para quien no supiera porque si lo ves en televisión “es cierto”, ese es el chip que nos han metido.

A mí lo que me hizo reflexionar sobre el golpe fue la llamada de mi papá. Mi papa vivía acá, me llamó con la voz estrangulada “Carola están dando un golpe. Esto se parece a Chile. Yo me voy” pero no me dice para donde va y mi papá se va porque es de apellido Chávez y era chavista y vivía en una zona de la clase media y sentía que lo iban a matar. Busqué información sin poder comunicarme con él. Y cuando volvió Chávez, un silencio en los medios.

Entonces yo regresé al poco tiempo a Venezuela y empecé a ver la televisión. Yo veía a mis amigos con un odio, una desesperación, una angustia “me van a quitar mis hijos”. Y yo veía en los canales privados que decían que en la calle estaban pasando cosas horrendas, y tú salías a la calle y era otro relato: nada de lo que decía la televisión estaba pasando. Fuimos aprendiendo que los medios mienten. Claro, lo tienes que vivir: dicen que hay guerra y abres la puerta y no hay guerra. La gente de Paraguay ¿cómo corroboran que aquí no estamos ametrallando personas en plena calle? Cualquier periodista que quiere decir la verdad ese sistema lo destruye, lo atacan, es una cosa mafiosa.

Recientemente, ayer, tenía Rusia que invadir Ucrania. Todos los medios del mundo anunciaron que a las 2 de la mañana Rusia estaba invadiendo Ucrania porque [Joe] Biden lo dijo. Esta mañana tú prendes el televisor, no, que no invadieron porque “les dio miedo” ¡y la gente sigue viendo la televisión y sigue creyendo!

Tú mismo ¿cómo difundes masivamente esto que te estoy diciendo? Tu grabas de Caracas todo lo que estás viendo ¿qué capacidad tienes ante el aparato mediático mundial? Entonces es un tema, es un trabajo de compañeros pero terminamos escuchando nosotros mismos nada más.

  1. Una de las cosas que me pasó es esta tensión: por un lado Chávez es un inenterrable, no porque “haya que” enterrarlo sino porque falleció pero el capital simbólico que representa hace que tenga que ser presente; y por otro lado, los duelos tienen que cerrarse para pasar a otro momento ¿qué pensás de esa tensión?

C Ch. Yo creo que ese duelo, la pomada de ese duelo, ha sido Nicolás. La partida de Chávez… no decimos “muerte”, nos cuesta decir “la muerte de Chávez”. El otro día hablábamos que tenemos que decir la muerte, pero ni siquiera somos capaces de decir… duele tanto.

Pero cuando él murió, fue impresionante Agus: en Caracas hubo un grito, o sea, te lo digo y me salen las lágrimas [llora]… hubo un grito que se oyó… tengo un amigo que vivía aquí en el centro, la gente cuando lo anunciaron, fue un grito colectivo, se nos abrió el piso, la gente corría por las calles llorando, preguntando “¿es verdad?”, y de paso llovió, en un día azul cayó una llovizna y nosotros tenemos el cuento de que Chávez es lluvia. La última presentación de Chávez el 4 de octubre[8], fue un mitin grande y cayó un palo de agua… porque él decía que nació en una noche de lluvia.

Cuando pasó eso, quedó Nicolás enfrente y nosotros buscábamos de dónde agarrarnos ¡porque habíamos pedido a Chávez pues!, era el padre. Los niños aquí le decían “papá”. Entonces Nicolás empezó en los primeros discursos… era una angustia porque no encontrábamos -coño, era que la retórica de Chávez- y Nicolás se paraba, con su modestia y su valentía… hay que ser valiente para asumir y seguir después de Chávez, y él ha hecho frente a todas las cosas terribles: los ataques contra Venezuela han sido viles, impresionantes, inimaginables. Y Nicolás ha ido avanzando, cada vez siendo más Nicolás. Entonces Nicolás ha hecho que dejemos ir esa parte angustiosa de que “Chávez no está”.

Es tanto lo que hizo por tanta gente que es muy difícil no sentir ese vacío acá dentro. A mí se me murió mi papá un año antes que Chávez y yo te digo sin ninguna vergüenza: yo he llorado más a Chávez que a mi papá, porque mi papá es el papá de nosotros 3 pero es que el dolor de Chávez es un dolor colectivo, el país entero. Yo creo que lo vamos a superar. Yo lucho porque no perdamos su memoria.

  1. Lo mencionás mucho a Nicolás Maduro. Le decía a la gente “hablame bien de Nicolás” y me respondían “es inteligente, es leal, es estratégico y es valiente para los tiempos que vive”. Por otro lado hay un torrente de críticas, un poco por acá, mucho por afuera. ¿Cuál es tu análisis de Nicolás Maduro?

C Ch. Mira, es valiente. Leal, sí, porque era tan fácil para Nicolás voltearse, tan fácil, como Lenin Moreno[9]. Ven acá, si Nicolás se volteaba… en el 2013 o 2014, él tenía todo, que negociara el país con los gringos: a él le tocaba una tajadota me imagino, y podía ir pa Miami o podía ir pa París y podía viajar por el mundo y tomar champagne y todas las cosas que no puede hacer: Nicolás tiene una sentencia de muerte, lo han tratado de matar, no tiene una vida normal, su familia no tiene una vida normal. Entonces no puedes cuestionar la lealtad de Nicolás como muchos lo han hecho.

Pero de todas las virtudes de Nicolás hay una que a mí me conmueve: Nicolás tiene una humildad que es conmovedora, a mi Nicolás me transmite ternura y eso a lo mejor no es lo más importante pero es una cosa que yo valoro mucho. Un hombre que está ahí en el tope del poder, en medio de una batalla enorme, que puede envanecerse porque ha logrado muchas cosas.

Yo a veces le mando algún mensajito “mi presidente… mejor que decir esto, yo pienso que sería decirlo así”. “Es verdad Carola, gracias”, de responderte, él dice siempre “no dejen los mensajitos en visto, respóndanlos”. No ha perdido su esencia de ser humano normal, de amigo. Yo nunca he ido a una fiesta en su casa, ni he ido al bautizo de su nieto. Nicolás pregunta, consulta, eso es un rasgo de inteligencia porque una cosa es creer que lo sabes todo. Eso es parte de su humildad, una característica que cohesiona todas las demás.

  1. Hay varios niveles de cuestionamientos tanto al gobierno venezolano actual como al PSUV: hablan de una “neoliberalización del PSUV”, de esta categoría de la “boliburguesía” en tanto la gente que estaría usando el aparato burocrático estatal para beneficio personal, hablan de su “militarización” en tanto que el factor militar tendría cada vez más predominio. En el contexto del bloqueo estadounidense y residiendo en La Habana una vez le decía a un compañero cubano allá que la propaganda de la Revolución en la televisión me parecía fea, aburrida, estereotipada y que tenía un efecto contrario al buscado. Esta persona me respondió que “el ICRT, el Instituto Cubano de Radio y Televisión no depende del MINCULT [Ministerio de Cultura], depende del MINFAR [Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias], porque pa que tú te enteres estamos en guerra”. Reconociendo este contexto de guerra ¿Cuáles son los aprendizajes necesarios para esta Venezuela respecto a los 3 puntos que mencionaba?
  2. Ch. Cuando estaba Chávez la izquierda le acusaba de lo mismo. Como yo no venía de la izquierda, de la lucha, yo veía las cosas de otra manera, yo veía que las cosas que Chávez hacía daban resultado y la izquierda estaba -como decimos aquí- “perdonándole la vida”, “ok, te seguimos apoyando, pero”.

Nunca, jamás, la izquierda aceptó completamente a Chávez. Y la izquierda regional, no sé, diría la mundial, lo aceptó -a pesar de su brillo, a pesar de su todo- porque Fidel Castro dijo “este es mi hijo”, si Fidel Castro no hubiera existido o no hubiera visto a Chávez, la izquierda nunca lo hubiera apoyado. Y todavía le reprochan porque sacó un crucifijo cuando se salvó en el 2002… el crucifijo aquel era como si hubiera sacado una cosa… ¡qué se yo! un hombre que se aferró a su crucifijo cuando estaba al borde la muerte. Y cuando tenía cáncer, pelón así, llorando, se fue a rezar al Cristo de la Grita en Táchira y la izquierda criticándolo, que “¿cómo es posible? ¡esa cosa mágico religiosa!”, la vaina…

Es lo mismo: que somos “neoliberales”, que la “boliburguesía”… yo no te lo voy a negar que aquí hay gente… las revoluciones no se montan porque yo dije “Ay, llegó la Revolución, se acabó todo”. Es una cultura, es el sistema mundial capitalista, y el capitalismo encierra corrupción, abuso, mañas, trampas. Sí, tenemos personas que se acercan al gobierno para hacer negocios torcidos, tenemos funcionarios que se enriquecen: todo eso lo tenemos y no lo negamos porque sería estúpido negarlo, y lo combatimos. Ahora ¿cómo combates tu una lacra, un tumor de 200 años? Y en un país petrolero, un país que vive de la renta petrolera, es tan difícil imaginar un camino distinto al que crecimos.

Nosotros crecimos en la era de ADECO[10] y de COPEI[11], los adecos tienen un peso muy importante en la cultura popular y yo les digo a mis compañeros que todos tenemos que revisarnos porque “todos tenemos un adeco por dentro”.

No tenemos ni tiempo ni espacio para sentarnos en medio de esta guerra. Hacemos planes pero todo está sujeto a que venga un ataque, a que venga una sanción nueva, a que nos decomisen el barco con la gasolina. Entonces vamos aprendiendo en la medida que vamos haciendo. Desde que llego Chávez ha sido un ataque tras otro.

Ahorita es que la economía, después de unos años horribles, empieza a funcionar. ¿Cómo funciona la economía? Las tiendas empiezan a abrir, la gente empieza a comprar: capitalismo. ¿Qué hace el gobierno? Tratar de reorientar, que se distribuya. Esa es la diferencia que tenemos nosotros en esto que no es socialismo, es camino al socialismo en el peor contexto capitalista que es ser un país minero, un país que no ve nada, es un país que se recupera en un segundo si a nosotros nos dejan vender petróleo en un mes ¡guau! se recupera la bonanza.

  1. Cuando estudiaba en La Habana había un cartelón allá que decía “Nuestras ideas son invencibles”. Cuando estoy acá escucho retóricas como el lema “Leales siempre, traidores nunca”. Me pregunto ¿Cuál es la fragilidad imprescindible que todo proceso revolucionario necesita para mantenerse revolucionario?
    C. Ch. En medio de esta guerra, esta es una apreciación y una confesión personal, yo sentía de que demostrar fragilidad, dolor, era como darle el gusto al enemigo. Entonces hubo un momento en que más duros nos pegaban más duros nos poníamos. “No me importa, no me dolió“, y en ese “no me dolió” uno se sentía poderoso porque “no les estoy dando el gusto”.

Entonces con esta hiperfortaleza, forzada porque uno estaba sufriendo por dentro, no dejamos el espacio para la fragilidad y perdimos el contacto con quienes si les dolía como a nosotros pero que decían “auch, me está doliendo”. Ahí hubo una desconexión. Esa forma de resistir con tanta dureza nos hizo perder un poquito la sensibilidad hacia el débil, y no débil porque eres menos porque “no aguantaste” sino porque la vida te estaba golpeando duro y decías que te dolía.

Y eso es parte de lo que tenemos que reconstruir ahorita. Sobre todo ahora que están mejorando las cosas. El dolor se puede disimular, pero no se tapa, está ahí.

  1. Hay una expresión que yo no conocía que es “saltar la talanquera”. Tengo la sensación de que hay un sector de gente que no se siente escuchada, y hablo del sector chavista. Si la conversación pública por el campo chavista no es lo suficientemente inclusiva, es el fascismo el que va habitar el pensamiento y la acción de la gente. ¿Qué comentarios te merece?
  2. Ch. El presidente desde el año pasado está hablando de eso. Yo vengo de la estructura más callejerita que es el CLAP, los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, yo era jefa de mi calle.

Desde el año 2016 que arreció la guerra, aquí ha muerto gente porque no consiguió un medicamento porque no hay manera de conseguirlo. Hay un funcionariado, incluso alcaldes, concejales, desentendidos, que en vez de acercarse a la gente, coño, de abrazarlos, de decir “no tengo la medicina pero estoy”, hubo un distanciamiento, incluso al inicio un pretender negar las cosas “¡si hay medicina!”, tratar de tapar el problema. Y la otra fue no hacer nada escudándose que “hay un bloqueo”.

Soy de la idea, y el presidente también, de que a pesar que hay un bloqueo tú tienes que intentarlo, muchas veces. Sí, hay un sector de chavistas militantes que se sienten desoídos. Como te decía: las palabras se lavan de tanto usarlas, ese funcionario indolente te desgasta el discurso. Parte del reto nuestro es desburocratizar.

 

  1. Alguien en una conversación sobre las críticas a la Revolución bolivariana me devolvía “te pregunto: apostando a un proyecto nacional solidario y soberano ¿cómo lo hubieras hecho tú?”. Te paso esa pregunta a vos: ¿qué cosas que se hicieron no las hubieras hecho? ¿qué cosas que no se hicieron si las hubieras hecho?

C Ch. Claro, eso lo sé ahora, es muy fácil decir las cosas después que pasaron. Chávez fue un padre espléndido. Era tanto el deseo de llenarnos de todas las cosas que no tuvimos, aparte de todo el sentimiento de patria, en lo material.

Yo viendo hacia atrás no hubiera hecho el CADIVI[12] que era que se le entregaba divisas a precios controlados a los empresarios que sacaban ese dinero por miles de millones de dólares que se robaron en conchupancia con una estructura corrompida.

Yo no hubiera hecho ese subsidio al lujo: aquí se subsidiaron viajes al exterior, aquí veías de parejas de novios de 20, 22 años, dándose viajes por Europa de 45 días ¡ni cuando era la Venezuela saudí se veía! Llegamos a tener 5000 dólares por personas para viajar. Y la gente creyó que eso era el chavismo, que eso era la Revolución, y no lo otro: la solidaridad, los proyectos. Todos teníamos teléfonos últimos modelos, los zapatos más caros, todos, porque eso sí que fue democrático, todo el mundo.

Creo es una ilusión que hasta el día de hoy de perdura: la gratuidad de cosas que no tienen por qué ser gratuitas, por ejemplo, el teléfono es un servicio público, debe tener un subsidio para quien no lo pueda pagar pero yo no entiendo que una multinacional pague lo mismo que mi mamá que es una pensionada.  No supimos ver a tiempo el daño que esto producía.

Hay varias cosas que yo revisaría a riesgo de que me llamen “capitalista malvada”.

  1. Una de las cosas que me pareció más provocadoras e inspiradoras me la dijeron en Barquisimeto: “con Chávez no hubo revolución, con Maduro si y te voy a explicar porque. El contexto del auge económico que hubo en la época de Chávez no lo hay con maduro. Ahora tenemos que inventar, tenemos que ser solidarios, tenemos que hablar con el vecino con quien tengo diferencias ideológicas”. ¿Qué comentarios te merece?
    C. Ch. Sí, yo no sé si en ese extremo. Creo que Chávez fue el arquitecto, a Maduro le toca ser el albañil. Chávez es una síntesis del pensamiento liberador. Él tomó de todas las fuentes sin ningún pudor, abrevó de Lenin y de Perón sin problema, todo lo que sirve en ese contexto de pelea, y luego de abundancia.

Con Nicolás fue recurrir a las cosas que Chávez diagramó, y empujarlas, hacerlas. Nicolás tiene una habilidad para inventar cosas que cuando las inventa tú dices “se volvió loco”.

Hay una que no fue invento pero fue el primer momento que yo dije… con Chávez vos tenías una confianza ciega pero con Nicolás siempre era como una dudita.

Yo me acuerdo cuando Nicolás llamó -estábamos al borde de una guerra civil- en el 2016 creo, llamó a la [Asamblea Nacional] Constituyente y no entendía nada “¡Dios mío ¿Qué va a pasar?!”, no entendía. Cuando vi la reacción de la gente yendo a votar, la movilización, la oposición yendo a votar, eso fue un domingo: el sábado eran las calles incendiadas y el lunes la paz e ir a un supermercado.

Cuando no había comida, los empresarios la sacaban a Colombia porque ahí les pagaban más. Había todo un sistema para que no hubiera comida, Nicolás creó una cosa que se llama los CLAP. Nos dijo “organícense en las comunidades para llevarles la comida a las personas, vamos a hacer un sistema para cada mes llevarles una caja de comida a las personas, y tienen que producir en las comunidades para complementar”. Y salimos todos los chavistas como locos a montar. Resulta que fue la forma de organización comunitaria más efectiva en este país. Había una tarea clara y urgente. Y eso lo ideó Nicolás.

  1. Una persona me decía “nosotros no tenemos en Venezuela oposición seria. Aquí la oposición es chavista”. Yo pensaba unos criterios de seriedad: que sean al menos nacionalistas, mínimamente dialogantes, antimperialistas. ¿identificás gente?
  2. Ch. Si, después de la locura de [Juan] Guaidó. Lo de Guaidó fue un punto de quiebre que fue todo lo que nosotros decíamos que podía pasar y que estaban tramando, hecho realidad. La posibilidad de una invasión gringa era tan real que la gente se despedía a la noche. Yo arropaba a mis hijas y me iba a mi cama llorando, ellas no lo veían. No solamente yo, mis vecinas que eran opositoras estaban pasando lo mismo: yo tengo una amiga opositora que es neuróloga y fui a consultar por una lumbalgia que me dejo tumbaa y cuando me abre yo estaba torcida para la izquierda y ella para la derecha [ríe], y yo le dije cuando la veo torcida así “Evelyn!”, ella me vio y se echó a llorar. Su hija es la mejor amiga de mi hija. Ella es como decimos aquí escuálida, y yo chavista, y nos echamos a llorar como madres.

Hay un grupo de políticos viejos adecos, que frente a la amenaza ya abierta y clara de invasión saltaron la talanquera como decimos nosotros, no hacia el chavismo sino  hacia la patria, lo nuestro, y rompieron con el grupo de Guaidó que son los que manejan los medios y todo el poder. Y entraron a las elecciones, tienen 22 diputados, yo comparto con ellos en la comisión de diálogo y paz. Es bien sabroso sentarse con alguien con quien no coincidís en un 100 % pero sí en que al país hay que cuidarlo.

  1. Una metodología que se llama Proyecto Conversaciones Públicas fue creada por terapeutas sistémicos en Bostón (EUA) con el objetivo de favorecer la conversación sobre temas polarizados en el espacio público. Se habla mucho de polarización, no solo en Venezuela sino en muchos países de la región. ¿Qué va permitir que en Venezuela se pueda conversar en la diferencia?
  2. Ch. Yo creo que la misma realidad. Yo creo que el error del enemigo es empujarnos a unos límites, no solo la invasión sino los límites de la necesidad: estar en el abismo del hambre, estar en el abismo de la muerte por carencia de medicamentos.

Yo les decía a mis compañeros en la mesa de diálogo por la paz que esa mesa que poníamos en el parlamento el año pasado estaba funcionado en las calles. Yo soy de las chavistas chavistas y a mi neuróloga le gustaba Guaidó pero logramos hablar y logramos apoyarnos para que en la calle nuestra se bajara un poco ese nivel tensión, la tensión era que yo vivía allí, era la única chavista de mi calle [ríe].

A nivel institucional no sé cuánto se pueda hacer pero yo sé que en las calles, en la sociedad, veo un encuentro en la misma necesidad. Cuando no había comida me acuerdo que sembrábamos, las clases medias sembrando en sus patios: auyama, calabaza, plátanos. Intercambiábamos cosas y los vecinos que no me hablaban venían a ofrecerme cosas y yo a ellos. Los ataques tan crueles han hecho que nos sentemos… Algún día tendremos que sentarnos a profundizar, lo que pasa que estamos todos muy… yo como chavista tengo muchos recelos: nosotros hemos sido un gobierno clandestino, nosotros somos gobierno y hemos sido perseguidos, una cosa increíble. No podemos ir a un sitio público, a nuestros hijos les hacen bullying en el colegio, tengo una hija de 23 años que todavía va al psicólogo.

A mí la polarización no me parece negativa. Políticamente que quede clara la idea de cada uno. A mí lo que me preocupa es la despolitización. Despolitización de una sociedad es una sociedad a merced de lo que venga. Pero ese es otro tema.

  1. Cuando escuché aquí la expresión “papá Chávez” me escandalicé un poco y la gente me decía “no lo viviste a Chávez, no te lo podemos explicar. ¿Cómo pensar esta tensión entre, por un lado una figura que desde cierta lectura es autoritaria, mesiánica, caudillista, y por otro lado el saber que la tensión entre lo individual y lo colectivo no se resuelve? ¿Cómo lo ves vos?
  2. Ch. Mira, yo no sé cuándo le dicen que Chávez era un “caudillo” o hablaban del cesarismo… yo, como te digo, como no vengo de ninguna nada, yo aprendí de política en el chavismo, yo no veía ningún problema en tener un líder: si ser un caudillo, ser un líder fuerte, grande, enorme, que atraía a toda la gente hacia una lucha común, a mí me encantaba que fuera caudillo.

Si Chávez hubiera sido “autoritario”… nos hubiéramos ahorrado una cantidad de problemas [ríe]. Chávez no era autoritario, Chávez era un hombre generoso en extremo, perdonador. Yo hubiera sido autoritaria [ríe], yo si hubiera sido una dictadora.

Chávez fue un hombre defensor de la democracia, de la democracia real porque también tenemos nuestros conceptos de democracia. Si porque nos dicen “esta es la democracia” ¡¿y a quién le sirve esto?! Te ponen un corsé ahí ¿al servicio de quién? Era un tipo que tenía claras sus ideas, que nosotros lo entendíamos, y que permanecía en el tiempo porque era el que queríamos, si estuviera vivo seguiría siendo presidente.

Y “mesiánico”… había un amor, no era de Mesías. No lo entendía el que no estaba ahí. Si había un efecto, tú que eres psiquiatra a lo mejor lo entiendes mejor. La presencia de Chávez generaba en la multitud una energía, una cosa, no sé qué es. La primera vez que estuve con Chávez en un acto fue en una caravana que hicimos en medio de una multitud: miles de personas y un camioncito avanzando despacito. Cuando llegaba Chávez un rumor de gente “OOOOOOOOO” y tú veías la cara de la gente, y cuando Chávez te veía “AAAAA” y cuando pasó Chávez, llanto.  Y era así en toda Venezuela.

Yo lo que sentía, te lo juro, era un amor enorme. No sentía algo religioso, que él era “mi Dios”, que era “mi salvador”. Chávez era una persona que se hizo familia de uno.

  1. ¿Algo que querés agregar? Para Paraguay. Para afuera.
  2. Ch. Oye, yo lo que siempre digo a la gente de afuera es que no crean en nada de lo que dicen de nosotros. Hay diferentes fuentes para conseguir información. Y no sé, sobre todo a la gente de izquierda, a los progresistas que dicen que están luchando por las mismas causas que luchamos nosotros. Si tú eres progresista, si tú eres de izquierda ¿Cómo vas a creer en algo que diga CNN? Miraría siempre CNN con sospecha.

En Paraguay me imagino que sea lo mismo con los medios: se oculta al poder económico y borran o minimizan la verdad verdadera de la gente en las calles, sus luchas, sus reivindicaciones. Yo creo que esta es una lucha continental. Lo voy a decir desde aquí sin ningún pudor: lo voy a decir, nosotros desde aquí, con nuestra alegría, con nuestra jodedera, con nuestra vocación de paz, hemos evitado hasta ahora que el continente entero esté en llamas.

Si cae Venezuela, que vienen por nuestros recursos, luego irán por el agua, las guerras van a ser por el agua. Y el agua está allá abajo con ustedes. Eso.

 

[2] Médico psiquiatra. Antropólogo social. Psicoterapeuta placero. Investigador de la Universidad Nacional de Pilar. Paraguayo residiendo en Caracas (Venezuela).

[3] Partido Socialista Unido de Venezuela.

[4] Programa televisivo protagonizado por Hugo Chávez, transmitido los domingos. Se produjo de 1999 al 2012.

[5] En 1992 hubo un alzamiento armado liderado por el entonces Teniente Coronel Hugo Chávez Frías contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez. Es un hito fundante para el chavismo.

[6] Circuló desde 1979 hasta 1995.

[7] El 11 de abril de 2002 fue un intento de golpe de Estado que se dio en Venezuela contra el presidente Hgo Chávez. El mismo no prosperó.

[8] Se refiere al cierre de la campaña presidencial del 2012.

[9] Anterior presidente de Ecuador.

[10] Acción Democrática es un partido político venezolano fundado en 1941.

[11] Comité de Organización Política Electoral Independiente, fundado en 1946.

[12] Comisión Nacional de Administración de Divisas. Funcionó del 2003 al 2014.

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