Chupar la podredumbre en Paraguay

Paraguay celebró elecciones el pasado domingo. Ganó el Partido Colorado por amplio margen, un resultado que los cronistas paraguayos anunciaban desde hacía varios meses.

Horacio Cartes. Foto: www.cromos.com.co

Desde que salí de México en diciembre de 2011, la vida ha sido muchas cosas. En Honduras, por ejemplo, apenas trascendía a la supervivencia, una huida constante hacia el día siguiente. Una amiga sostiene que el tercer mundo -Honduras, por extensión- huele a carne y aceite. La vida huele a carne y aceite. En Venezuela trataba de confrontación, enfrentamiento y polaridad; en Colombia de esperanza y construcción, en Ecuador de orgullo… Hace poco, en Paraguay, pensé varias veces que allí la vida nacía de la derrota.

Paraguay celebró elecciones el pasado domingo. Ganó el Partido Colorado por amplio margen, un resultado que los cronistas paraguayos anunciaban desde hacía varios meses.

Pese al escaso número de votantes el día de la elección, apenas el 55% del censo, Paraguay es el país latinoamericano con mayor número de afiliados a partidos políticos en términos relativos -son siete millones de habitantes y casi tres tienen el carné del Partido Colorado o del Liberal. Milda Rivarola, politóloga, historiadora, ingeniera agrónoma y sabia del Paraguay explica el desfase: «Durante la dictadura, vos… Te pedían documentos y vos presentabas tu carta de afiliación, ese era el documento. Conseguías trabajo, no te molestaba la policía en la ruta, era una masonería inmensa… Al mismo tiempo es una población de escasísima labor política. El Estado es el papá».

La dictadura a la que se refiere Rivarola es la de Alfredo Stroessner, que dominó el país entre 1954 y 1989. Militar de carrera, Stroessner se afilió al Partido Colorado en la década de 1940 y alcanzó el poder tras comandar un golpe de Estado contra un presidente de su propio partido. Luego los mismos colorados le apoyaron. La vida se ajustaba al paternalismo de estado, la población asimilaba una modalidad perversa de trueque como principio y fin de su existencia y así ha seguido hasta hoy.

Rivarola dice que el candidato colorado y nuevo presidente, Horacio Cartes, ha comprado «todo, todo», desde su candidatura a la misma elección. Francisco Peregil hablaba de esto mismo en El País hace unos días; decía que en Paraguay los votos se compraban a unos 12-15 dólares.

Uno de los pocos ideólogos de los colorados, Bernardino Cano Radil, reconocía hace un mes y medio durante una entrevista en Asunción que Cartes había empezado por comprar la candidatura… No pareció alterarse cuando lo dijo. Empresario y gestor deportivo de éxito, Cartes apenas se había interesado por la política hasta hacía un par de años. Entonces se afilió al Partido Colorado y presentó su candidatura. Ganó, claro. «Dos necesidades se sumaron», decía Cano Radil, «él quiso y el partido necesitaba un financista, así de sencillo, o sea, el partido encontró una persona que aceitase su maquinaria. En 2009 se afilió Cartes y estos dijeron, bueno, este va a financiar la campaña

– Es casi como comprar la candidatura.

– Yo te digo que es así mismo.

Los colorados han vuelto al poder tras el paréntesis del exobispo Fernando Lugo, que accedió a la presidencia en 2008 y fue destituido por el Parlamento en 2012. Dejando al margen las maneras turbias de su cese -recomiendo leer para el caso el trabajo de la periodista Natalia Viana, del diario digital brasileño Agência Pública-, la salida de Lugo supuso una derrota de las esperanzas de miles de paraguayos; no por Lugo, sino por el navajazo al orden constitucional. Una derrota más, un mazazo que alimentaba el eterno quejido de un país maltratado.

Durante mi estancia allá, cosa en total de mes y medio, charlé con cantidad de periodistas y demás profesionales atentos a la historia y la actualidad. Todos hablaron de la derrota, en abstracto o con ejemplos concretos -como el de Lugo- y ni uno olvidó mencionar la guerra de la triple alianza, la derrota suprema. Algunos sacaron un mapa para mostrarme el Paraguay de años anteriores a la guerra -1864 a 1870-, un país enorme, próspero, de vocación occidental. Luego llegaron las armas, la derrota frente a Uruguay, Brasil y Argentina y sobre todo la pérdida de vidas humanas. Algunos estudios aseguran que el 90% de varones paraguayos perecieron en aquella contienda y que el país ya nunca se recuperó.

El escritor español de adopción paraguaya Rafael Barrett recogía en su obra, El Dolor Paraguayo, el testimonio de un capitán del Estado Mayor treinta años después de la guerra. El viejo, así le llamó Barrett, contaba que los soldados vestían de andrajos, que usaban el cuero de las correas y las mochilas «para dar sustancia al puchero». Un día, dice, «tuvimos la suerte de encontrar un buey cansado, huesos y pellejo; había que sacar 700 raciones». El viejo guardó una para un compañero a quien un balazo había dejado ciego y sordo; una irregularidad. El mariscal le descubrió y ordenó su arresto. Días después, el viejo supo por un compañero que le iban a fusilar y escapó sin decir nada a los demás arrestados por temor a que le descubrieran. A la semana, poco más o menos, llegó a Brasil y encontró la humanidad que le negó el mariscal. Sobrevivió. Cuando habló con él, Barrett se interesó:

– Y ¿cómo no avisó usted a sus compañeros, la noche de la fuga?

– ¡Ah! Señor… No hubiera dicho una palaba ni a mi propia madre.

Un silencio.

– ¡En el campo había mujeres muertas, con hijos encima que chupaban de aquella podredumbre!… ¡Y el mariscal!

– ¿El mariscal?

El viejo calló para siempre; aunque sobreviviese, había perdido.

El Partido Colorado vuelve al poder; la misma formación que nació a la sombra de la derrota en la guerra de la triple alianza, la que instrumentalizó esa derrota y gobernó el Paraguay durante gran parte del siglo siguiente, la que manejó los hilos durante la dictadura e hizo desaparecer a miles de ciudadanos, la que maniobró para que echasen a Lugo de mala manera, la que compra votos a 15 dólares -aunque los demás también lo hacen-… El domingo ganó la derrota en Paraguay.

Fuente: http://www.huffingtonpost.es

URL: http://www.huffingtonpost.es/pablo-ferri/chupar-la-podredumbre-en-_b_3129415.html

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