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Analisis y Opinión

¡Cháke van a ganar los colorados!

Los que alzaron a la presidencia a , incluidos algunos medios, han comenzado con el discurso de “Colorados o Democracia”, “Corruptos u Honestos”, para que se apoye la candidatura de . ¿Cuánto de cierto hay, amigo lector, en este discurso?

 

Fuente: ea.com.py

A medida que se acercan las elecciones generales del 2013, los partidos políticos, los grupos económicos y algunos grandes medios que apoyaron el golpe parlamentario insistirán en el discurso de “si no se vota a Alegre, volverán los colorados al poder”. El llamado que ayer lanzaron Blas Llano y Alegre puede ser entendido como el inicio de aquel discurso, que será sostenido y largo.

Me propongo en estas líneas discutir con el lector si este discurso es real o es una estratagema de una alianza electoral que quiere controlar los recursos del Estado, sin tener propuestas políticas ni económicas diferentes del Proyecto ANR para la ciudadanía. Hablo de una propuesta de cambio, una que, a través de la política, democratice, distribuya las riquezas de este país.

Desde que Stroessner cayó en 1989, el discurso de que un verdadero cambio en el país pasa por alejar del poder al Partido Colorado, legitimador de 35 años de dictadura, corrompido por tanto tiempo en el poder, desvinculado de las necesidades de la sociedad, tiene consenso. Todo esto, en mi opinión, es cierto, es irrefutable. Y supongo que los lectores que quieren un cambio para este país coincidirán conmigo.

En lo que yo tengo dudas, y creo que muchos lectores de bien compartirán esta duda, es si hoy, a casi 23 años de la caída de la dictadura, y luego de los sucesos del 22 de junio (el golpe parlamentario liderado por el PLRA que depuso a un gobierno electo democráticamente por la gente en el 2008), el PLRA y los partidos y sectores económicos que lo apoyan son diferentes, en la práctica, a los colorados. Y mis dudas son sinceras.

Esta situación me parte, como persona política que soy como cualquiera, en dos. Una parte de mí aborrece a los colorados por tanta mezquindad con este país. Me ahorro argumentos, el lector los conoce mejor que yo. Salvo uno: el probable candidato colorado es un hombre, empresario conocido, que viene de lo hondo de las entrañas del sistema stronista. Que un sistema corrupto haya castigado a uno de sus hijos, es ya mucho; y es lo que pasó con ese hombre: fue encarcelado 1 año por el delito de evasión de divisas por la “justicia” stronista.

La otra parte de mí cree que la dupla Efraín Alegre-Rafael Filizola es diferente a aquel empresario. Y, creo yo, son, moralmente, individualmente, diferentes de aquel empresario. Moralmente vienen de otro paisaje social y político, poco influidos por la cultura stronista.

En donde sí me tranco, amigo lector, es en la lectura de que no son las personas, individualmente, las que deciden en la política y en el Estado. Las que deciden son las estructuras con sus hábitos colectivos, sus políticas económicas y su opción o no por las clases dominantes o dominadas. Para intentar zanjar con mi lector la eventual diferencia de si existe o no una clase dominante, hago estas preguntas obvias: ¿Son más poderosos los gremios de la producción del agronegocio, como los sojeros y la Monsanto, que los pobladores de los bañados de Asunción organizados, o al revés? ¿Tienen más influencia en los gobiernos los gremios del agronegocio o los pobladores organizados de los bañados? Quiero creer, amigo lector, que coincidimos en ambas respuestas.

A partir de aquí mi memoria me señala, amigo lector, que el 22 de junio, en el Congreso Nacional y desde fuera de este recinto, Alegre, Filizzola, los ganaderos, los sojeros, Última Hora, ABC Color, Patria Querida, Unace, la cúpula –no el pueblo feligrés– de la Iglesia Católica, y los demás sectores empresariales, apoyaron abiertamente, con sus medios y sus votos, para que vos, yo y muchos nos preguntemos hoy, casi deprimidos, ¿y qué paso con mi voto del pasado 20 de abril de 2008? Me señalo a mí mismo que, por el miedo a perder sus privilegios, esta articulación de poder económico y político cortó un proceso de cambio que tanta esperanza me había generado.

Mi memoria me recuerda que, ahora, los liberales se pelean, entre ellos, por cargos dentro del gobierno; que una semana después de haber asumido la presidencia, Federico Franco abrió de par en par las puertas del campo y de la economía de este país a Río Tinto Alcán y Monsanto; que el nuevo gobierno de facto dejó de hablar del problema de las concentraciones de la tierra y de la propiedad de los medios de comunicación; que desmontó los pequeños programas sociales que pudo montar el gobierno anterior; que olvidó la discusión en torno a la necesidad de que los sectores ricos de este país –sobre todo los empresarios del agronegocio y los bancos– paguen mucho más impuestos que el insignificante monto que están pagando hoy; que han parado o se han retrasado muchas obras públicas desde el Poder Ejecutivo por la ineptitud de los nuevos administradores. En fin, recuerdo tantas cosas, lector.

Por todo esto, hoy, dudo de que la dupla Alegre-Filizzola y el PLRA sean una opción válida ante un proyecto, el colorado, a todas luces tenebroso. Y no sé si dejarme seducir por el discurso que los golpistas ya están desarrollando a través de sus grandes medios de comunicación.

 

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