Cháke Kuku Lelé

Hoy, recordé esto al escuchar hasta el hartazgo en cuantos medios de comunicación haya en nuestro país del “terrible peligro”, de la “conmoción”,  por la que atraviesa el país por culpa del EPP.

Foto referencial de Lea Schvartzman

De niño o niña, quién no habrá pasado por esta folclórica pero no menos “traumática”  experiencia. Nuestros padres, fundamentalmente la madre -quien es siempre la que más acompaña todo nuestro proceso de vida-, usaba una estrategia persuasiva, aparentemente inocente, pero siempre con resultados fantásticos: –Si no comés, si no dormís, si no te bañás, si no hacés tus deberes… te va a venir Kuku Lelé… Culminando con un dramático tono artístico, merecedora del Óscar a la mejor actriz, “¡Cháke Kuku lelé!”.

El cháke kuku lelé resultaba una exitosa pedagogía preventiva que no sé en qué libro de sicología figuraba; pero el kuku lelé, ese personaje fantasmagórico a quien nunca nadie vio, causaba pánico, corridas y muchos insomnios en nuestra niñez, cumpliendo perfectamente con su cometido. Tener miedo y dejarnos someter totalmente a los mandos de nuestros padres.

Hoy, recordé esto al escuchar hasta el hartazgo en cuantos medios de comunicación haya en nuestro país del “terrible peligro”, de la “conmoción”,  por la que atraviesa el país por culpa del EPP.

Es cierto, respecto al EPP de que existe algo existe, por las muertes que estamos dolorosamente presenciando. Pero quiénes, a título de qué, para qué, funcional a quién o quiénes y en qué dimensión o número realmente existe este grupo que  hasta ahora más favor le hace al status quo que a una supuesta revolución queda en la nebulosa duda.

Por eso el Chake suena más a Kuku Lelé que un poderoso grupo guerrillero terrorista que dejó en ridículo a toda la fuerza policial y fiscal que no logró  contener su fuerza y estrategia de poner en vilo a todo un país, y que en cualquier momento llegará con sus 25.000 o quién sabe si no son 50.000 milicianos a copar nuestras ciudades.

El Cháke el EPP fue tan fuerte en estos días que se reunieron los siempre bravos e iluminados parlamentarios y dispusieron que el presidente de la República disponga a su antojo de los militares, preparados profesionalmente para la guerra, para salir a combatir al EPP que está “causando pánico” en la población.

Así pues, a partir de ahora, las casas, baños, letrinas,  baúles, roperos, autos, motos, bolsos, bolsones, mochilas y hasta los más íntimos y pudorosos enseres de los hogares y personas del norte (y quien dice muy pronto del sur, este, oeste y centro) serán revisados minuciosamente por militares con cara efectivamente de kuku lelé, con metralleta y tanque apuntando y haciendo sentir culpable incluso al que ese día decidió no tomar la sopa.

Entonces, el miedo se apoderará de nosotros, nos paralizará y nos hará entrar en nuestras casas, cerrar puertas y ventanas, mirando pasar la vida por alguna rendija. Y el cháke kuku lelé o EPP nos impedirá de ahora en más hacer nuestros berrinches de niños maleducados protestando por el cultivo extensivo de soja que nos deja sin tierra y sin alimentos, pero gordos a los chanchos de china y a los nuestros por los dólares en sus bolsillos o bancos. Ya no más protestas antojadizas  contra  los agrotóxicos que nos están matando, pero que, eso sí, deja a las semillas sanas y salvas. Ya no más escenas de nuestro infantil llanto por la presencia, con alfombra roja, de Monsanto en nuestro país que finalmente dominará los alimentos del mundo con sus transgénicos.  No más zapateo impertinente por el río turbio del Río Tinto Alcan que pretende quitarnos no sólo nuestra energía sino hasta el oxigeno que respiramos.  Y así sucesivamente el cháke nos hará dormir una eterna siesta.

Porque está comprobado, el cháke, paraliza, aísla y hace dormir o vivir en la oscuridad del insomnio y el sálvense quien pueda.

Mientras, los que inventaron el cuento del kuku lelé festejarán el éxito obtenido y quedarán satisfechos y pletóricos de gloria y de ganancia por el orden establecido y el servicio a la patria; y, quién sabe, con una condecoración en el cuello de la  “Orden Nacional del Mérito”, en grado de “Collar Mariscal Francisco Solano López”. Aunque más no sea una autocondecoración por un simple y llano “Cháke Kuku lelé”.

 

 

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