Caso Curuguaty: El silencio de la Corte

La Corte Suprema de Justicia debe resolver finalmente la recusación de la Jueza Janine Ríos, presentada por la defensa técnica de 11 de los y las acusadas en la causa por la Masacre de Marina Cue.

Imagen de Jorge González – Base Is

La parcialidad manifiesta presentada por la jueza durante toda la audiencia preliminar a favor de la fiscalía acusadora y en contra de los clientes y clientas de los abogados Vicente Morales, Guillermo Ferreiro y Maria del Carmen Morales fue el motivo para recusarlas.

Parcialidad manifiesta que tendrá graves consecuencias en el transcurso de un posible juicio oral, puesto que la jueza ha permitido la introducción de pruebas no debidamente presentadas por la fiscalía, las que debieran haber sido rechazadas en su momento, por oficio, por la jueza.

La jueza Ríos, al contrario, avaló y se hizo parte de la introducción improcedente de cajas y cajas de pruebas, todas a destiempo y sin ningún cuidado con la cadena de seguridad de la custodia.

La Corte Suprema se está tomando un tiempo largo, en total y absoluto silencio, sin haber pedido más información a los recusantes, aunque si pidió su opinión al Fiscal Jalil Rachid, acusador en la causa y en entredicho por la forma poco profesional en que investigó y acusó en este proceso.

Sumergido el país en la preocupación por la horrible muerte de 5 personas en Tacuatí, estremecido por las inicitivas para resolver con «manu militari» los temas relacionados con esta nueva masacre, solicitando el ejecutivo leyes que faciliten la participación militar en la muerte de civiles, el silencio de la Corte causa preocupación entre quienes apuestan a algo parecido a la justicia.

Este silencio hoy, mientras voces que debieran ser mesuradas y responsables gritan a voz en cuello «mano dura», «mano militar», nos inquieta en tanto la presión mediática y política para que ellos, más que mano justa,tengan también y en todos los casos, mano dura, puede surtir efecto.

Temo que el silencio de la Corte sea una escucha activa a esos gritos que exigen desde las autoridades, la militarización del país.

El silencio de la Corte respecto a su labor de justicia en el caso Curuguaty permite que las voces que llaman a pasar por alto la justicia y en nombre de la «efectividad» actuar solo para el efectismo, con moral vengativa y censuradora, tengan primacía.

Temo que el actual silencio de la Corte Suprema en el caso Curuguaty sea el modo en que se construye injustica, impunidad y atropello, respaldando a la jueza Janine Ríos en su actuar parcialista, aprofesional y atropellador de los derechos de defensa de los presos y presas políticas de Marina Cue.

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