Cartes ndi, mboriahu ho’úta úle

Opinión. «Un sistema tributario de por sí ya desigual que va a empeorar las situación de los pobres con la promulgación del Impuesto a la Renta Agropecuaria (IRAGRO). Los agropecuarios trasladarán este impuesto a los consumidores finales. O sea el pueblo».

Horacio Cartes. Foto: Fanpage de Facebook.

La expresión popular en guaraní “ja’úma hule” podría ser adaptado al castellano como “estamos perdidos” o “ya nos jodieron”. Aquí lo utilizó literalmente, pero en tiempo futuro aún: “vamos a comer hule”.

El título de este artículo me lo sugirió un comentario de Fátima, la mujer que esforzadamente gana su pan vendiendo pohâ ro’ysâ, telebingo y tereré sobre las calles Carlos Antonio López y Doctor Paiva, en el barrio Sajonia.

Kuehe ka’aru aporandû Fátima-pe: “Mba’épa ere nde Fátima ko Cartes rehe…¿Oikóta piko?. “Nooo…kóandi ja’úma úle”, he’i chéve.

¿Y cuáles son tus argumentos?, le pregunte en guaraní. “Chéngo ndaikuaa guasui política asunto…chéngo trabajadoramínte…¡Péro hepypángo ohóvo las cosa!…cadaveque aha mercado-pe ajogua haguâ che rembi’urâ, atopa hepyve la cosa…pe locote ha pe tomate-ko ja ndaikatuvéima jajoguâ… hepuetereíntemango”, me dice de corrido.

Le indago más y le pregunto: “Ha mba’érevépa la ja’úta úle ko típondi…aikuaa porâsénteko pereñamindu’úva hína…”

“Ha otra cosa katu la lo mitâ ojopyve…oiméne ojapo un me rupi oñepyru hague oguejy la venta…¡isoguépango ohóvo hína lo mitâ!”.

La percepción de Fátima es desde la vivencia, lo que se siente en carne propia ¿Hay algo más científico que eso? Y es lo que todos ya estamos sintiendo: cada vez hay menos plata corriendo por ahí, y los precios de la canasta familiar van subiendo.

Nuestro futuro con Cartes es previsible por las primeras medidas económicas que ya tomó, y por las experiencias de las llamadas políticas neo-liberales ya ensayadas en otros países de la región, como la Argentina de los 90 del presidente Carlos Saúl Menen. Unas políticas que reduce al mínimo la intervención del Estado en la economía, deja ser al mercado con sus gustos de acumulación, y transfiere poder a las empresas privadas, quedando el Estado como un despreocupado observador de la vida económica de su población.

Ciertoite pe he’íva Fátima. Cartes ho’ukáta ñandéve hule. Ha amombe’úta peemê mba’éichapa:

Un sistema tributario de por sí ya desigual que va a empeorar las situación de los pobres con la promulgación del Impuesto a la Renta Agropecuaria (IRAGRO), ley (5061) que establece una tasa del 10% y extendiendo la aplicación del Impuesto al Valor Agregado (IVA) a los productos agropecuarios en estado natural, con una tasa inicial del 5%, pero pudiendo el ejecutivo incrementarla hasta el 10% para los productos, bienes y servicios, incluyendo los productos que forman parte de la canasta familiar. Los agropecuarios trasladarán este impuesto a los consumidores finales. O sea el pueblo.

Un presupuesto del Estado -de por sí ya insuficiente para la solución de problemas sociales extremos como el hambre y la inversión en otros como la salud gratuita- que contendrá menos recursos aún para los pobres con la Ley de Responsabilidad Fiscal. Si hoy los encargados de los ministerios y entes lloran cada año por la falta de plata para cubrir las necesidades de salud, jubilación, educación, alimentación, vivienda y tierra de la gente, con aquella ley será peor: Cartes recortará el presupuesto de todo lo que él considere gasto, como buen empresario. Habrá menos movimiento de dinero, y crecerán la gente necesitada.

Si las empresas nacionales y trasnacionales ya están drenando la economía, concentrando verticalmente los recursos  nacionales en ese 10 % de la población, con mano de obra barata, pagando insignificantes impuestos, con casi nada de regulación y hasta con exenciones especiales, con la Ley Pública Privada se profundizará la concentración y la desigualdad: Cartes entregará muchos servicios que el Estado ejecuta -más mal que bien- a las empresas privadas. Los servicios –transporte, agua, luz, comunicación, alquileres- se encarecerán, porque las empresas, que naturalmente quieren ganancias sin límites, y la inflación de los precios en general nos castigarán.

Koáâ mba’ére ha’e che Fátima ojasertaha. Ha akói ohasa hasa vove ára jahecháta ha ñañandúta jahávo ñande ro’óre pevoto ñame’êvaekue karai Cartes-pe.

 

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