Carta ciudadana desde el Paraguay: Ecos del IV Foro Social de las Américas

Escribe: Chester Swann

Ha concluido el foro en un ambiente casi diría festivo, pese a las innumerables denuncias de violaciones a los derechos ciudadanos de campesinos, indígenas y mujeres en casi todo el continente. También se han reportado violaciones a la soberanía territorial, a la soberanía alimentaria y ambiental, por parte ―ya no de los gobiernos―, sino de transnacionales feudalizadoras agrícolas y en algunos casos, mineras de extracción a cielo abierto.

Entre la bronca y la esperanza, se ha hecho hincapié en la resistencia y la participación ciudadana como las únicas instancias capaces de revertir esas violaciones.

Es obvio que, al decir del inmortal “Martín Fierro”: la ley es como el cuchillo, no hiere al que la empuña… sino al otro.  Loa Ltifundistas ―no conformes con armar bandas de pistoleros y paramilitares para sacarse de encima a protestones molestos―, se valen de argucias y chicanas pseudolegales para criminalizar las luchas reivindicativas de las glebas campesinas y suburbanas desposeídas.

Fiscales y policías y en muchos casos militares, son utilizados para la represión, allanamientos, torturas y violentos desalojos de los pobres, en los asentamientos populares.

De la mayoría de los paneles y talleres informativos ha surgido la premisa de una unión de todos los pueblos latinoamericanos situados al sur del Río Bravo ―en la olvidada Sub-América, al decir de Eduardo Galeano― como condición para mantener nuestras soberanías unidas en un superestado capaz de cohesionar ideales, intereses comunes y recursos estratégicos compartidos.

No me referiré al discurso de Lugo ―que intenta blanquear su desgastada imagen con palabras ajenas a sus actos―, sino a las brillantes piezas oratorias de Magui Balbuena, Evo y Pepe, quienes se xpresaron con un rotundo ¡NO! Al entreguismo de nuestras patrias a la vortacidad de los fenicios neoliberales.  A la impostergable necesidad de una mayor comunión con la Madre Tierra y un retorno a la naturaleza, a quien los imperios púnicos ven sólo como mercancía, con todos sus habitantes, flora y fauna.

Y las luchas por nuestra liberación y unión continental continuarán… hasta la victoria ¡Siempre!

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