Capitalismo extractivista y el riesgo de colapso social

Opinión.  La profundización del modelo extractivista en Paraguay «podría desembocar en un levantamiento popular».

Luego de la asunción de Horacio Cartes, en agosto pasado, en Paraguay se va configurando un capitalismo extractivista al estilo de sus dos grandes vecinos, Argentina y Brasil, con la diferencia que en el primero los agroexportadores pagan 27% de impuestos sobre sus exportaciones y en el segundo 45%. Pero en este país, que ostenta el nada despreciable status de cuarto mayor exportador de soja del mundo, los sojeros no pagan prácticamente nada.

Tanto en Argentina como Brasil, así como los países de capitalismo extractivista, el modelo ha logrado mantenerse gracias a los tributos de los agroexportadores. Contribuciones destinadas a programas sociales, que además de contención social sirven para nutrir al mercado interno y con él a sus burguesías nativas.

En Paraguay no existe burguesía y si existe es una burguesía fraudulenta que sigue acumulando riquezas por medio de dolosos negocios con el Estado, y que no tiene ningún interés en el mercado nacional ni en el país, excepto por sus fértiles tierras.

Cartes ya anunció que su ambicioso programa de alianza público-privada, generará una inversión de 30.000 millones de dólares en infraestructuras para el agronegocio. En esta alianza, que “concesionará” a las multinacionales propiedades estatales estratégicas, como los aeropuertos, aduanas, energía, agua y comunicación, no se contempla presupuesto alguno para la agricultura familiar campesina, como si este segmento poblacional no existiese. Conste que el campesinado representa casi el 40% de la población paraguaya según el último censo.

Como si fuera poco, el gobierno ya anunció recortes en sus planes sociales, y el congelamiento de los salarios para el 2014. El abandono de la población campesina, acosada por el avance sojero, y los abruptos recortes en programas sociales puede ser una fórmula muy arriesgada, en un país con la mitad de su población viviendo en la pobreza más absoluta.

Si se profundiza el modelo neoliberal extractivista, huérfano de políticas sociales, el Paraguay estaría transitando ineluctablemente hacía un colapso social de consecuencias impredecibles, que podría desembocar en un levantamiento popular en el campo, que ante el vacío de una dirigencia orgánica servirá probablemente sólo para cambiar de amo, tal como se viene repitiendo desde el marzo paraguayo, acontecimiento que costó la vida a ocho jóvenes, y sólo sirvió para cambiar un inepto presidente por uno corrupto.

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