Campesino denuncia que sojal destruye sus cultivos y afecta la salud de sus hijos

Fumigaciones se realizan sin barrera de protección, por lo que el veneno afecta a los cultivos tradicionales que no están modificados genéticamente para ser resistentes al matatodo.

Simeón Acosta y Francisca Vázquez, junto con uno de sus hijos, relataron los daños que sufren sus cultivos y animales por la fumigación de un sojal cercano.

El labriego Simeón Acosta, residente en la colonia Santa Bárbara, departamento de San Pedro, denunció que a raíz de la fumigación de un sojal perteneciente a un menonita sus cultivos son destruidos, ya que el veneno utilizado en el cultivo transgénico llega hasta su chacra.

Los cultivos de soja se extienden cubriendo parte de un camino vecinal y además no cuentan con las barreras vivas que establece la ley. Sus cultivos de sésamo son los más cercanos al sojal y, según pudimos constatar, las plantas se están secando presuntamente por la exposición a los agrotóxicos. A raíz de ello ya dio por la perdida la cosecha, por lo que ya ni siquiera va a corpir su chacra.

Además de ello, sus cultivos de mandioca y rama “icha’î” por los venenos que se utilizan en el sojal, expresó.

Por su parte, Francisca Vázquez, esposa del agricultor, contó que sus hijos padecen vómitos y otros malestares cada vez que se efectúan las fumigaciones. “Ojefumiga jave ko sa’yju mimbi opyta la che memby kuéra, oprovocá ha ndaikatúi jaha ni la kokuepe”, dijo. También relató que los tractores fumigan a gran velocidad y con las alas en alto, por lo que el veneno llega hasta su vivienda, a pesar de estar resguardada por un pequeño matorral que la separa del sojal.

A raíz de la exposición a los agroquímicos de su plantación de sésamo, entre otros rubros, Simeón Acosta y su familia sufrieron grandes daños.

“Tractor ohupi al aire la fumigador ha orociá a toda velocidad. No le importan los vecinos”, se quejó al tiempo de lamentar que ya sufrió la pérdida de varias gallinas y cerdos que caen enfermos por el efecto del matatodo.

Al ser consultado sobre si denunciaron el hecho ante las autoridades, Acosta señaló que presentaron la denuncia y que tuvieron que trasladarse hasta Santa Rosa en cuatro o cinco ocasiones sin que la causa avanzara. A raíz de la burocracia, los labriegos terminan desistiendo de las denuncias ante la imposibilidad de solventar los pasajes y otros gastos de traslado.

Ante esta situación, el agricultor dijo que el único remedio que les queda es organizarse para enfrentar esta situación, que afecta a unas 500 familias que conforman la colonia.

La vivienda se encuentra a unos 40 km del casco urbano de Santa Rosa y deben atravesar un camino de tierra cuyo tránsito se vuelve muy dificultoso con las lluvias, aunque el desplazamiento será facilitado con la construcción de la ruta que une Santa Rosa y Capitán Bado.

La mayoría de los propietarios de campos de soja incumplen las normas ambientales y sus cultivos incluso se extienden sobre los caminos.

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