Cabezas y Couso: casos lejanos y similitudes de la memoria

Un 25 de enero, hace 14 años,  mataron vilmente a José Luis Cabezas, aquel fotógrafo argentino que atrajo la mirada turbia de los mafiosos. Fue así porque dirigió hacia ellos el visor de su ojo profesional. Se trata de uno de esos crímenes en que los asesinos creen actuar con impunidad.

Por: Paco Audije Publicado en Periodistas en Español

Piensan también que la ira de los colegas y amigos de la víctima, quizá persista temporalmente; pero se imaginan que el tiempo y el cansancio generarán el olvido. Y si no es suficiente, cuentan con el efecto añadido que provocarán sus mentiras, sus nuevas amenazas, sus burlas del dolor ajeno. Piensan que las complicidades del sistema, cuando ellos lo requieran, servirán para cerrar las puertas a la justicia.

Pero aunque ni el tiempo, ni el lugar, ni las circunstancias, se parezcan, el caso Cabezas nos recuerda al de José Couso, que hacía también su trabajo de reportero, cuando el fuego de un tanque estadounidense terminó con su vida. Los desalmados que mataron a José Luis Cabezas estaban seguros de sí mismos; en el caso del español, la mecánica de un ejército todopoderoso, el estadounidense, produjo una cadena de órdenes y el disparo fatal. En ambas ocasiones, se trataba de silenciar el testimonio gráfico de la cara fea de la realidad: la corrupción y la guerra.

José Luis Cabezas reportero asesinado hace 14 años un día como hoy. Fuente: http://www.contactosp.com.ar/

Tanto en el caso Cabezas como en el caso Couso, quienes terminaron con sus vidas no contaban con la testarudez de sus próximos. Una demanda de justicia que no se arredra por el paso del tiempo.

La familia de José Couso sigue batallando desde 2003.  Su hermano Javier, junto a nuestros colegas Olga Rodríguez y Carlos Hernández, testigos de la muerte de José Couso, denunciaban hace pocos días la pusilanimidad, cuando no la connivencia, de las autoridades españolas con las de Estados Unidos. El gobierno español afirma que no puede poner en práctica medidas de seguridad suficientes para proteger en Bagdad a la comisión judicial que quiere organizar el juez Pedraz para seguir investigando. A través de las filtraciones de Wikileaks, sabemos que los Estados Unidos presionaron a altos funcionarios españoles para bloquear las órdenes de detención de los tres militares implicados en el ataque contra el Hotel Palestina.

Los colegas, amigos y familiares de José Luis Cabezas también siguen pidiendo justicia; porque aunque hubo juicio y sentencias claras, algunos de los implicados obtuvieron después informes favorables, beneficios penitenciarios que aliviaron o reconvirtieron sus condenas de prisión en arresto domiciliario o en excarcelaciones incomprensibles. Por ejemplo, uno de los policías condenados a “cadena perpetua” por acabar con la vida de Cabezas parece estar trabajando libre en una empresa de seguridad.

Y en Argentina aún persisten las dudas sobre el suicidio de Alfredo Yabrán, quien decidió y ordenó asesinar a Cabezas sólo porque éste logró hacerle una fotografía. Yabrán había conseguido esconder su rostro hasta entonces. José Couso también se convirtió en objetivo y murió  porque grabó imágenes de una guerra que el poder militar de Washington quería invisible.

Por eso, cuando  el miércoles 25 de enero nuestros amigos argentinos se movilicen –de nuevo- para recordar a José Luis Cabezas, estarán demostrando que la voluntad y la memoria son la mejor baza democrática contra la invisibilidad, contra lo impune. Couso y Cabezas son dos buenos ejemplos.

A veces, la demanda de justicia termina destripando el envoltorio de la mentira. Sucede entonces que la memoria se abre camino y todos vemos la cara de los asesinos. Se quiebra así el rostro de la impunidad.

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